domingo, 26 de agosto de 2012

PEDRO GUERRA & L.E.AUTE: más sombras que luces

Santander, 11 de agosto de 2.011

Nueva oferta cultural, en esta ocasión de carácter musical, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

La fachada sur del Palacio de la Magdalena lució sus mejores luces para arropar un pequeño escenario situado en un paraje de singular belleza, con nuestra bahía al fondo y una luna casi llena entre las nubes.


Al filo de las diez de la noche ha subido al escenario Pedro Guerra, cantautor canario al que ya tuve ocasión de escuchar en directo en 1.997, en el Pabellón La Habana Vieja de Torrelavega, cuando después de haber abandonado sus islas Canarias para recorrer multitud de pequeños locales madrileños y componer temas para artistas como Ana Belén, Paloma San Basilio, Cómplices o Joaquín Sabina, se había hecho un hueco dentro del panorama musical que le había permitido grabar el que era ya su segundo disco en solitario, “Tan cerca de mí”.


Durante algo más de una hora, acompañado únicamente por su guitarra, nos ha deleitado con un completo recorrido por toda su discografía: una colección de canciones delicadas y sencillas presentadas de forma cariñosa e inteligente.
Un bonito recital que ha dado paso a Luis Eduardo Aute.

Éste ha llegado acompañado de una banda compuesta por el teclista Igor Tukalo, el guitarrista Antonio Carmona y la corista Cristina Narea y que sin duda han sido lo mejor de su concierto.

A Aute ya le había escuchado en directo en dos ocasiones: en el teatro Casyc poco después de que  se publicase el disco homenaje “Mira que eres canalla, Aute” (2.000) en el que varios artistas versionan los temas más conocidos del cantautor y en la Plaza de Toros lidiando un impresionante mano a mano con el cubano Silvio Rodriguez, lo que era su gira “Dos en concierto”.
La experiencia en ambos casos mereció mucho la pena; hoy no tanto.


Durante más de dos horas su voz profunda, grave y desafinada nos ha brindado un tedioso e interminable recorrido por los temas de sus dos últimos discos aderezado con constantes referencias políticas y religiosas muy poco fundamentadas aunque, eso sí, muy efectistas.

Sólo al filo de las dos de la mañana, después de haberse despedido por segunda vez y cuando gran parte del público se retiraba ya sin corear su nombre ni reclamar su regreso al escenario, se ha decidido a ofrecer un breve recorrido por sus temas más conocidos.
Para entonces era tarde, estábamos cansados y aburridos y lo único que queríamos era irnos para casa.
Tanta espera ni siquiera mereció la pena.
Tremenda decepción…

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