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viernes, 19 de septiembre de 2014

BILLIE: con el amor no se juega, con todo lo demás sí...

Mogro, 18 de septiembre de 2.014

She was more like a Beauty Queen from a movie scene.
She said I am the one who will dance on the floor in the round.
She told me her name was Billie Jean as she caused a scene.
Then every head turned with eyes that dreammed of being the one who will dance on the floor in the round.
People always told me: "be careful of what you do and don't go around breaking young girls' heart".
And mother always told me: "be careful of who you love and be careful of what you do because the lies become the truth".
Bille Jean is not my lover. 
She's just a girl who claims that I am the one...
("Billie Jean", Micheal Jackson)

Me declaro fan incondicional de la obra de la francesa Anna Gavalda. "Billie" es su última novela publicada...


Franck y Billie pertenecían a ecosistemas diferentes: no procedían del mismo ambiente y no estaban programados para ser un día amigos pero lo cierto es que la sensibilidad de él les había sacado a ambos del estercolero en que vivían. Le obsesiona la belleza: durante toda su vida no ha hecho otra cosa que buscarla , servirla e inventarla...
Ambos compartían una Buena Estrella perdida en la inmensidad el universo: una estrella pequeñita, minúscula, que estaba un poco apartada del resto del rebaño, solitaria y desconfiada, pero que brillaba con todas sus fuerzas y resplandecía en medio de la noche, una bonita lamparita que se había encendido el día que se conocieron y que les acompañaba desde entonces...

Fueron al mismo colegio pero no se dirigieron la palabra hasta los catorce años. Se reconocieron a primera vista aunque durante años se evitaron porque ambos intuían que también el otro las estaba pasando canutas en la vida y no podían exponerse a sufrir más. Eran los apestados del colegio: ella porque su familia sobrevivía en un estercolero industrial y él porque no le atraían las chicas.
Vivían en un pueblo de Francia en el que la gente bebe demasiado, fuma demasiado, cree demasiado en la lotería y se venga demasiado de su miseria maltratando a su familia y a sus animales. Él fue quien la rescató de todo aquello. Él y la obsesión por el teatro de su profesora de literatura...

Perdican y Camille eran dos jóvenes a quienes su tutor había recluido en un internado y un convento respectivamente. Llevaban diez años sin verse pero habían crecido bajo el mismo techo y se adoraban como hermanos y, seguramente, un poco más...
Él era un chico guapo que no sabía si lo que le apetecía era follar o casarse. Ella una chica seria, con las ideas muy claras, al menos al principio...; una chica de dieciocho años que no sabía nada de la vida y que se parecía a una de esas velas que se encienden en las iglesias: simple, blanca y pura, pero con fuego en su interior.
Se querían. Lo tenían todo para ser felices pero a punto estuvieron de mandarlo todo al garete por capricho, por egoísmo, por el placer de hacer el chorra o no sé muy bien porqué. ¡¡¡CON EL AMOR NO SE JUEGA: SE AMA O NO SE AMA!!!

Probaron a intercambiar sus papeles porque, ser chico o chica, no cuenta cuando de lo que estamos hablando es de sentimientos: ella se moría por ser amada y él sufría más de lo que era capaz de mostrar.

Las vacaciones de verano les separaron un poco; el nuevo curso les separó del todo...
Se reencontraron cuatro años después: ella lloró durante horas mientras él se relajaba cada vez más y encontraba una primera razón válida para no morir.
Tuvieron recaídas y desencuentros pero lo cierto es que habían recuperado la rienda de sus vidas: ¡estaban salvados!
Él comenzó a estudiar lo que siempre le gustó y ella tuvo diversos trabajos. Se mudaron al centro de París y cambiaron de casa cinco veces en dos años, ganando metros cuadrados y perdiendo unas cuantas cucarachas por el camino.
Se enamoraron, cada uno por su cuenta. Se lo contaron, se motivaron, se consolaron... y terminaron por aprenderse París. Aprendieron a levantar la cabeza juntos.

Habían pasado tres años más...
Franck se había convertido en diseñador de joyas y Billie en florista: sus ramos eran los más bonitos, los más tiernos, los más sencillos y los más baratos de París.
Hacía diez años que no jugaban con el amor, pero la suya era la mayor de historia de amor posible: se reían, se carcajeaban y se contaban sus vidas... ¡Les gustaba estar juntos!
Se querían el uno al otro más que a nadie en el mundo y a ambos les apetecía que fuese el otro la primera persona a la que llamasen si un día les pasase algo: "¡¡¡casémonos...!!!".

Tú Franck, yo Billie.
Yo venir contigo, tú no pedir más.
La, la, la...
La, la, li...