jueves, 12 de noviembre de 2015

LA RUTA DE LOS CAÑASTERIOS (V) - SAN MILLÁN DE LA COGOLLA: ¡marfiles y letras!

San Millán de la Cogolla, 8 de agosto de 2.015


Amanece lloviendo pero eso no trastoca nuestros planes: desayunamos y nos vamos a visitar el Monasterio de San Millán de la Cogolla, situado en un pequeño municipio de La Rioja enclavado al pie de la Sierra de la Demanda, muy cerca del Camino de Santiago, y considerado 'cuna de la lengua castellana' pues fue donde se escribieron las Glosas Emilianenses -breves anotaciones manuscritas a un códice en latín realizadas en latín, romance riojano precastellano y euskera-, y firmó sus versos el primer poeta castellano de nombre conocido: Gonzalo de Berceo.


Está formado por dos edificios: el primitivo Monasterio de San Millán de Suso y el Monasterio de San Millán de Yuso, conocido como 'el Escorial de la Rioja'. Debido a su relevancia histórica y cultural, en 1.997 la UNESCO catalogó el conjunto como Patrimonio de la Humanidad.

San Millán fue un anacoreta, discípulo de San Felices, que en el siglo VI fundó en estos montes una comunidad mixta de eremitas que posteriormente, durante la Edad Media, dio lugar a uno de los focos culturales más importantes del sur de Europa.

Por la tarde, después de comer, nos montamos en un microbus que se cuela entre la exhuberante vegetación de la ladera de una colina próxima al Monasterio de San Millán de Yuso en la que se esconden los dos niveles de cuevas habitadas por el santo y sus fieles anacoretas. El maestro murió en el año 574, con ciento un años de edad, y sus dicípulos lo enterraron en la gruta en la que hasta entonces había vivido. Alrededor del sepulcro surgió un cenobio visigodo que posteriormente, hasta el siglo XII, sufrió varias ampliaciones y modificaciones.


Accedemos al monasterio por una galería en la que se conservan los sarcófagos de los siete legendarios Infantes de Lara.
El interior resulta ser una decpcionante amalgama de elementos arquitectónicos propios del arte visigodo, mozárabe y románico restaurados sin demasiado acierto.


Destacan los tres santuaros excavados en la roca. En uno de ellos se conserva el cenotafio románico de alabastro en el que se conservaron los restos del santo hasta que fueron trasladados al monasterio de abajo.


Antes de comer habíamos visitado el Monasterio de Yuso, construido durante los siglos XVI y XVII sobre los restos de un edificio románico que García Sánchez III, rey de Pamplona, mandó construir durante la segunda mitad del siglo XI.
En 1.052 había sido consagrado el Monasterio de Santa María la Real de Nájera y el rey pretendía enriquecerlo con los cuerpos de varios santos de la comarca. El 29 de mayo de 1.053 los bueyes que tiraban del carro en el que eran transportados los restos de San Millán -conservados hasta entonces en el Monasterio de Suso-, se negaron a moverse. El hecho fue considerado un milagro y el rey ordenó construir un nuevo monasterio para albergar el cuerpo del santo en el mismo lugar en el que los animales se habían quedado parados, pero en 1.504 el edificio fue completamente derruido y reconstruido en estilo herreriano.



1.-Puerta principal de la iglesia
2.-Entrada al monasterio: portada barroca
3.-Zaguán
4.-Salón de los Reyes
5.-Claustro
6.-Sacristía
7.-Iglesia
8.-Refectorio clásico
11.-Hostería

Accedemos al interior del monasterio por una puerta barroca del siglo XVII diseñada por Pablo de Basave y coronada por un relieve de San Millán a caballo obra de Diego de Lizarraga.


Nos detenemos en el Salón de los Reyes, de cuyas paredes cuelgan algunas reproducciones de las Glosas Emilianenses y varias lápidas conmemorativas del origen del castellano y del euskera, y atravesamos un claustro de estilo renacentista, con bóvedas góticas y con una galería superior cerrada de estilo clasicista. 

Accedemos al interior de la iglesia. Es la parte más antigua del monasterio: comenzó a construirse en 1.504 y se terminó treinta y seis años después. Se trata de  un edificio propio de un gótico decadente formado por tres naves de bóvedas estrelladas coronadas con un vistoso cimborrio. En él se distinguen dos espacios litúrgicos: uno destinadp a los monjes y otro, situado detrás del trascoro, para los feligreses.
Llaman la atención las pinturas del retablo mayor, realizadas durante la segunda mitad del siglo XVII por fray Juan Rizi a quien fran Ambrosio Gómez, abad del monasterio, encargó un trabajo que reivindicara para San Millán el patronazgo de España merced a sus milagrosas ayudas durante la Reconquista.
Se trata de ocho óleos entre los que destacan la Anunciación de la parte superior y sobre todo el cuadro central en el que se muestra al santo sobre un caballo blanco blandiendo una espada llameante durante la batalla de Hacinas (939) contra los moros.

Cuenta la leyenda que en el año 939 Almanzor quiso resarcirse de una derrota anterior con el conde Fernán González para lo cual reunió un poderoso ejército apoyado por innumerables contingentes de musulmanes procedentes de otras tierras. El conde castellano pidió ayuda divina y antes de la batalla, durante la noche, soñó con Santiago y San Millán, quienes prometieron ayudarle durante el combate.


Junto a la iglesia se encuentra la sacristía, primitiva sala capitular del monasterio. Data del siglo XVI aunque los coloridos frescos que decoran la bóveda de cañón del techo proceden del siglo XVIII. Veinticuatro óleos sobre cobre de estilo barroco situados sobre la cajonería de nogal y cuatro grandes lienzos del siglo XVII completan la decoración de una sala presidida por un retablo barroco con una exceletente talla de Nuestra Señora Reina de los Ángeles de principios del siglo XVIII.



Subimos a las galerías superiores del claustro, decoradas con veinticuatro cuadros de José Vexes que representan escenas de la vida y milagros de San Millán recogidos en la biografía escrita en latín por San Braulio, arzobispo de Zaragoza, y traducida por Gonzalo de Berceo.
En las dependencias adyacentes visitamos una importante colección de cantorales del siglo XVII y la sala de los marfiles donde se conservan dos hermosísimas urnas en las que se conservan los restos de San Millán y San Felices.

Durante la segunda mitad del siglo XI, don Blas, abad del Monasterio de Yuso, mandó realizar un lujoso arca relicario para venerar los restos de San Millán. Se trata de una caja de madera forrada interiormente con una finísima telas musulmana y revestida con ornatos de oro, piedras preciosas y veintidos placas de marfil que representaban diversos episodios recogidos en la biografía del santo. Durante la Guerra de la Independencia los soldados franceses saquearon el arca arrancando el oro y las piedras preciosas. En la actualiad se puede observar la madera y el forro de la pieza original y un hermoso relicario de plata realizado en 1.944 en el que se han colocado los marfiles conservados, sustituyendo los extraviados por reproducciones labradas en el metal.


Apenas se conserva ninguna de las piezas incluidas en los laterales de la arqueta.
En uno de ello se incluye un Cristo en Majestad flanqueado por los reyes Sancho IV y Placencia. Encima aparecen dos pequeñas piezas que representan al abad Don Blas y del escriba Don Munio, encargado del diseño de los marfiles originales.
En el otro se recogen varias escenas relacionadas con la muerte de San Millán.


En el panel frontal de la arqueta se recogen las siguientes escenas:
-San Millán con sus discípulos: el santo aparece con ropa sacerdotal en compañía de tres discipulos que también llegarán a ser santos (San Anselmo, San Geroncio y San Sofronio).
-Expulsión de un demonio: muestra al santo expulsando a un demonio de la casa del senador Honorio. El diablo se desliza volando entre las arquerías de una de las torres de la casa mientras lanza piedras al santo.
-Robo de un caballo: muestra en dos registros superpuestos el robo del caballo de San Millán por los ladrones Sempronio y Toribio y como éstos pierden la vista, que recuperan al devolvérlo a su dueño.
-Intento de asesinato: relata en dos escenas un episodio en el que dos endemoniados intentan matar a San Millán quemando con antorchas su cama pero terminan por enzarzarse entre ellos ante la actitud divertida del santo.
-Entierro del santo: un ángel avisa a San Millán de su muerte y debajo su cuerpo embalsamado es introducido en un sepulcro de piedra.




Las escenas recogidas en la parte posterior son:
-San Millán da de comer a los huéspedes: el santo da de comer a sus invitados con las provisiones que le envia Honorio.
-Leovigildo vence a los cántabros: en el registro superior aparece San Millán anunciando a los cántabros su ruina si no cesan sus revueltas. En el inferior aparece Leovigildo montando a caballo durante la ejecución de Abundancio, justo antes de la destrucción de Cantabria.
-Multiplicación del vino: dos registros en los que se muestra como por dos veces el santo logra satisfacer las necesidades de grandes multitudes.



En la vertiente principal de la tapa se incluyen seis estrechas tablas que relatan los siguientes momentos de la vida del santo:
-el sueño para ir a visitar a San Felices en Bilibio y cómo éste le recibe.
-la curación de un diácono poseido por un demonio.
-El milagro de dos ciegos que recobraron la vista al venerar las reliquias de San Millán.
-La curación de una mujer paralítica llamada Bárbara, procedente de Amaya.
-La lucha cuerpo a cuerpo de San Millán con el diablo.
-La curación de la criada ciega de Sicoro.


Los marfiles incluidos en la arqueta que contiene los restos de San Felices, maestro de San Millán, son posteriores (de finales del siglo XI o principios del XII) y de diferente autor.


En 1.052 el rey García Sánchez III intentó trasladar el cuerpo de San Felices al Monasterio de Santa María la Real de Nájera. Una comitiva encabezada por el obispo de Álava acudió a los Riscos de Bilibio, donde el santo estaba enterrado, pero al abrir su sepulcro estalló una fuerta tormenta. Entendieron que el cielo se oponía al traslado y éste fue cancelado.
Poco después de la conquista de Toledo el abad don Blas pidió permiso al rey Alfonso VI de Castilla para trasladar las reliquias de San Felices al Monasterio de Yuso y éste se lo concedió:
"Paréceme padre Abad negocio muy grave y dificultoso inquietar ni mover el cuerpo de un Santo, pero porque no parezca que soy contrario a tan justos deseos id con la bendición de Dios y si os place trasladad el cuerpo de San Felices como lo deseáis y si en esto sucediese algún mal suceso o infortunio no se me cargue a mi la culpa que desde aquí me desligo a esta traslación."
En 1.090 los restos del santo fueron trasladados y en la actualidad de conservan en una arqueta de plata del siglo XV decorada con varias placas de marfil que aluden a episodios de la vida de Cristo recogidos en los evangelios:
-Última Cena: rodeado por el resto de los apóstoles, Cristo da el bocado a Judás remarcando su próxima traición.


-Entrada de Cristo en Jerusalén: en la tapa aparece Jesús a caballo entrando en Jerusalén acompañado por dos apóstoles (uno de ellos es San Pedro) y bendiciendo a sus vecinos con una de las manos.


-La curación del ciego: en el registro superior Jesús unta los ojos del ciego con su saliva y en la inferior éste recupera la vista.


-Resurrección del hijo de la viuda de Naín: en la franja superior, bajo dos arcos desiguales, aparece una cama vacía con mortaja y una persona a la que Cristo bendice; en la franja inferior, bajo una arquitectura similar a la de la franja superior, dos mujeres y un hombre contemplan la incorporación de un niño en la cama.


Una vez completada la visita al monasterio de abajo, comemos en un restaurante próximo al monumento, tomamos un cafetín en la Hostería y rematamos la jornada por la tarde subiendo al monasterio de arriba.
Después volvemos al coche y algo decepcionados regresamos a Santander: todo lo bueno se acaba...

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