sábado, 1 de octubre de 2011

LEÓN: sabroso cocktail de maletas, tapas, vidrieras y frescos

Léon, 24-25 de septiembre de 2.011

Mi prima ha empezado ha trabajar en el servicio de cardiología del Hospital General Princesa Sofía de León; ayudarla con la mudanza nos brinda la oportunidad de visitar una ciudad milenaria cuyos origenes se remontan al asentamiento de la Legio VII Gemina del ejército romano en el año 74.

Un fin de semana que apro-vechamos para cruzar las mura-llas construidas en los siglos III y IV sobre las fortificaciones de la Legio VII y adentrarnos en el Barrio Húmedo, el más típico de la ciudad, paseando por sus estrechas calles y disfrutando de rincones como la Plaza Mayor o la empedrada Plaza del Grano sin dejar pasar la oportunidad de saborear el famoso “tapeo” de León.

Entre “corto” y “corto” (o entre “tapa” y “tapa”) contemplamos dos joyas de la ciudad: la Catedral de Santa María de Regla y la Basílica de San Isidoro.
La Catedral de León se comenzó a construir a principios del siglo XIII y es el máximo exponente de la arquitectura gótica de estilo clásico francés en nuestro país.

La rapidez con la que se llevó a cabo la construcción de la estructura fundamental de la catedral, finalizada a comienzos del siglo XIV, hace que se perciba en ella una gran unidad de estilo arquitectóncio, siendo quizás la torre sur de la fachada principil, concluida en el siglo XV, el único elemento ligeramente discordante.

La arquitectura gótica, en contraposición con la arquitectura románica, pone un especial énfasis en la ligereza estructural y en la iluminación del interior de sus edificios.

Impresiona ver la sucesión de arbotantes que sustentan la estructura del templo pero lo que realmente causa admiración es la contemplación de la colección de vidrieras que permiten que el interior de la “pulchra leonina” se inunde de luz, sin duda uno de los mayores tesoros del templo.

Es realmente impresionante pasear por las naves laterales de la iglesia a primera hora de la mañana, cuando el sol se despereza y sus rayos comienzan a acariciar las vidrieras del templo convirtiendo su interior en un mágico caleidoscopio de color.
Archivo:Vidrieras en la cabecera y crucero sur, catedral de León.jpg

Las vidrieras más altas (claristorio) representan escenas bíblicas, del Antiguo Testamento las del lado norte, vidrieras menos iluminadas y de tonos fríos, y del Nuevo Testamento las del lado Sur, más luminosas y cálidas.
Los ventanales medios (triforio) representan escudos nobilarios y eclesiásticos mientras que los inferiores representan motivos vegetales ligados a la tierra.
Una maravilla…
Ubicada junto a la mu-ralla de la Legio VII Gemina La Real Cole-giata Basílica de San Isidoro comenzó a construirse a mediados del siglo X, reinando Sancho I, para albergar las reliquias de San Pelayo, un niño cristiano martirizado en Córdoba cuya fama se extendió rápidamente por toda la cristiandad.

En el año 988 los musulmanes encabezados por Almanzor llegaron a León; arrasaron la ciudad y destruyeron el templo de San Pelayo, si bien previamente los restos del niño mártir habían sido trasladados a Oviedo.

El rey Alfonso V inició la modesta reconstrucción de un templo que experimentaría su resurgir definitivo con la llegada al trono de su hija Sancha y su esposo Fernando I.
Los nuevos reyes tiraron el pobre edificio levantado por su predecesor y levantaron junto a su palacio una pequeña iglesia de estilo románico de uso privado, con un espacio destinado a Panteón Real al que se accedía desde su interior por una puerta que, aunque condenada, existe aún en la actualidad, y con el fin de engrandecer el prestigio de su iglesia impulsaron el traslado de los restos de San Isidoro desde Sevilla y de San Vicente de Ávila desde Arlanza.
El 21 de diciembre de 1.063 se consagró la nueva iglesia bajo la advocación de San Isidoro.

Tras la muerte de Sancha, su hija Urraca impulsó la ampliación y las reformas de la iglesia de sus padres, respetando en la medida de lo posible la construcción original y transformándola en el edificio que podemos contemplar en la actualidad enriqueciéndola con numerosos presentes y donaciones.

Entre los siglos XV y XVI la iglesia románica sufrió importantes reformas y transformaciones: se derribó la capilla mayor construyéndose la actual, de estilo gótico,  se demolió el palacio real, situado sobre el Panteón Real, construyéndose en su lugar una biblioteca, y se levantó un claustro de estilo gótico.

La visita a la iglesia y la contemplación de sus bóvedas de cañón merece la pena aunque las muchas reformas y ampliaciones a las que ha sido sometido el edificio le convierten en un amalgama de estilos que le restan personalidad.
Imprescindible resulta, sin embargo, la visita a los museos y, por encima de todo, al Panteón de los Reyes.

En los museos de la Colegiata podemos admirar algunas de las donaciones y ofrendas hechas a la colegiata en la época de mayor esplendor de ésta como el Arca de los Marfiles, caja de madera de principios del siglo XI decorada con 24 placas de marfil donada por los reyes Fernando y Sancha, o el cáliz donado por doña Urraca, pieza de orfebrería de la segunda mitad del siglo XI elaborada a partir de dos copas de ónice de origen greco-romano recubiertas de oro finamente trabajado.

En la biblióteca podemos admirar enormes cantorales, una biblia mozárabe del siglo X o tres tomos de una biblia románica del siglo XII y al descender al claustro contemplamos en lo alto de la torre de la iglesia el gallo-veleta de origen persa fabricado a finales del siglo VI y uno de los símbolos de la ciudad.

Llegamos al Panteón de los Reyes y asombrados admiramos la denominada “capilla sixtina del románico”.

El rey Alfonso V tras el pasó de Almanzor por la ciudad reconstruyó el templó y le dotó de un cementerio real en la zona más occidental, un atrio descubierto donde depósito los cuerpos de sus padres.
Fernando I y Sancha reconstruyeron este panteón y fueron enterrados en él.
Se trata de un espacio cuadrado, abovedado, de poca altura, dividido en seis tramos merced a dos robustas columnas con hermosos capiteles.

Bóvedas, arcos y paredes están decorados con pinturas del siglo XII de gran belleza. Se trata de siluetas de color negro sobre fondo blanco pintadas en colores ocres, rojos, amarillos y grises que representan escenas del Nuevo Testamento: la Anunciación, la Natividad, el anuncio de los Ángeles a los pastores, la huída a Egipto, la matanza de los inocentes, la Última Cena, el prendimiento de Jesús en el huerto de los Olivos y el Apocalipsis.

La visita, guiada, concluye demasiado pronto.
Nos hacemos los remolones confundiéndonos entre los turistas del grupo que viene detrás del nuestro, el último de la jornada.
Con la lección aprendida admiramos las pinturas sin hacer mucho caso a la nueva guía pero ésta nos sorprende invitando a su grupo a cantar algo mientras ella busca acomodo entre tumbas reales.
Se trata de un coro de visita en León. Se distribuyen adecuadamente y al ritmo que marca su directora interpretan un “Ave María” que nos pone los pelos de punta.
Una experiencia irrepetible.
Aplaudimos y abandonamos un espacio único.


Si Marta me invita volveré a León; si no también, pero en ese caso será sólo turismo y entonces no será lo mismo…

2 comentarios:

  1. Quedas invitado cuando quieras...Hay muchas cosillas que ver en León (ciudad y provincia) y espero poder verlas contigo!!!
    Un besazo

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  2. Pues ya sabes, vete preparando un lista y organizando algo...
    Yo tengo pendiente la visita a las Médulas pero para eso igual es conveniente esperar a que llegue la primavera.
    (FCP)

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