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jueves, 5 de diciembre de 2019

TODOS DEBERÍAMOS SER FEMINSTAS: siempre incomoda cambiar el estado de las cosas

Santander, 4 de diciembre de 2.019


Hace un par de años, Maki Soto y Carlos Hidalgo dieron algunos conciertos en los que, con el fin de defender la igualdad de derechos de hombres y mujeres, compartieron con el público una serie de temas firmados, todos ellos, por mujeres: Patti Smith, Alanis Morissette, Tracy Chapman, María Rozalén…
Tuve ocasión de verlos en directo en la Sala Bretón de El Astillero y, al acabar su actuación, Maki compartió con todos nosotros algunas palabras de Chimamanda Ngozi Adichie. Entonces no sabía quién era esta mujer negra, procedente de Nigeria, que le gritaba al mundo: “¡todos deberíamos ser feministas!”, pero desde entonces he podido ver y escuchar, a través de internet, algunas de sus interesantísimas charlas, y reflexionar un poco sobre ellas…



En uno de estos monólogos, describe una violación que tuvo lugar en la Universidad de Nigeria. La reacción de muchos de los compañeros de la joven agredida no difiere demasiado de la provocada por los vergonzosos sucesos acaecidos en Pamplona hace un par de años durante las fiestas de San Fermín. En ambos casos, un grupo de chicos violó a una joven y la respuesta de mucha gente fue preguntarse qué estaba haciendo ella sola en una habitación con cuatro hombretones. Al margen de la crueldad e inhumanidad de esta reacción, Ngozi destaca que no solo estamos programados para pensar que las mujeres son inherentemente culpables, sino que, además, esperamos tan poco de los hombres que, la posibilidad de se comporten como seres salvajes, sin ningún tipo de autocontrol, nos parece aceptable.

Cuenta que la primera vez que le llamaron feminista, tenía catorce años y que entonces no sabía muy bien qué significaba aquello de ‘ser feminista’…

La palabra ‘feminista’ está llena de connotaciones negativas que ella combate con ironía definiéndose como “una feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma, y no para los hombres”.

El ensayo “Todos deberíamos ser feministas” (2.015) es una versión revisada de la charla que Chimamanda Ngozi Adichie dio en diciembre de 2.012 en TEDexEuston, un simposio anual centrado en África…


A menudo cometo la equivocación de pensar que algo que a mí me resulta obvio es igual de obvio para todo el mundo…
Las cosas son distintas y más difíciles para las mujeres que para los hombres; lo eran antes y lo siguen siendo ahora. ¡Esto es así!

Hombres y mujeres somos distintos: poseemos hormonas distintas, órganos sexuales distintos y capacidades biológicas distintas. Los hombres tienen más testosterona y, por lo general, más fuerza física que las mujeres. Esto podía tener su relevancia hace mil años, cuando los seres humanos vivían en un mundo en el que el atributo más importante para la supervivencia era precisamente la fuerza física, pero se supone que hemos evolucionado y en la actualidad priman la inteligencia, la creatividad y la innovación. ¡No tiene sentido que los hombres sigan gobernando el mundo!

Cuando hacemos algo una y otra vez, cuando presenciamos la misma realidad una y otra vez, acaba pareciendo que esto es lo ‘normal’, aunque no lo sea. Si solo los chicos llegan a ser delegados de clase, llegaremos a pensar, aunque sea de manera inconsciente, que solo los chicos pueden ser delegados. Si solo vemos a hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos ‘natural’ que solo haya hombres presidiendo empresas…

Cada vez que me pasan por alto, aunque la mayor parte de las veces sea sin mala intención, me siento invisible y me enfado: ¡me da rabia! Sin embargo, muchas de nosotras hemos sido educadas para gustar a los demás y eso hace que nos cueste manifestar nuestro desacuerdo en voz demasiado alta.

Si queremos que las cosas cambien, tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma, pero también a nuestros hijos. Desde muy pequeños, enseñamos a los niños a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad. Cuanto más duro se siente obligado a ser un hombre, más debilitado queda su ego; y a esos frágiles egos masculinos es a los que les estamos diciendo a las niñas que deben someterse. Les decimos: “puedes tener ambición, pero no demasiada; puedes tener éxito, pero no demasiado, porque entonces estarás amenazando a los hombres”. Un hombre que pueda sentirse intimidado por mí es, exactamente, la clase de hombre que no me interesa.

Es fácil argumentar que las mujeres -algunas-, tenemos la libertad necesaria para rebelarnos contra nuestro destino -renunciar a nuestro desarrollo profesional para casarnos con un buen hombre, cuidarlo y tener hijos-, pero la realidad es mucho más difícil y compleja. Somos seres sociales e, inevitablemente, de un modo u otro, todos interiorizamos ideas y comportamientos que son fruto de nuestra vida en sociedad.
Hombres y mujeres somos diferentes, pero la socialización exagera esas diferencias y pone en marcha un proceso que se alimenta de sí mismo. Enseñamos a nuestras chicas a renunciar a todo tipo de cosas y a sentir vergüenza; les hacemos creer que, por el hecho de haber nacido mujeres, ya son culpables de algo y se convierten expertas en el dudoso arte del fingimiento.
Las expectativas de género prescriben como tenemos que ser y nos dificultan ser cómo somos realmente. ¿Qué pasaría si, a la hora de criar a nuestras hijas e hijos, nos centraramos más en sus capacidades e intereses que en su género?
Hoy en día, gracias a cambios políticos y legislativos, las mujeres tenemos más oportunidades que hace algunos años, pero nuestra actitud y nuestra mentalidad siguen pesando demasiado.

No es fácil tener conversaciones sobre ‘género’. Tanto hombres como mujeres se ponen nerviosos al hablar de este asunto y, a veces, hasta se irritan, porque siempre incomoda pensar en cambiar el estado de las cosas.
Las mujeres han sido excluidas durante siglos. Sus derechos son los Derechos Humanos, pero la violación de estos es, muchas veces, un problema de género, un problema específico que el feminismo combate. Entre todos, hombres y mujeres, lo tenemos que solucionar: ¡las cosas pueden mejorar!

martes, 18 de abril de 2017

CARMA: ¡todos deberíamos ser ferministas!

El Astillero, 6 de abril de 2.017


El pasado 8 de marzo, coincidiendo con la celebración del Día de la Mujer, los chicos de CarMa subieron al escenario del Centro Cívico Ramón Pelayo de Solares para compartir con el público una excquisita selección de temas firmados por mujeres.
No pude estar con ellos pero hoy, en la Sala Bretón, han repetido repertorio y esta vez he querido sumarme a su causa porque, como dice Maki, todos los días es el día de todos y, por ende, de las mujeres...


Somos diferetes, como lo somos todos. Somos diferentes: sí, pero no lo somos tanto... Tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. No creo en cupos, ni en discriminaciones positivas, aunque lamentablemente demasiadas veces este tenga que ser el primer paso. Solo la educación puede conducirnos hacia una igualdad real: necesitamos niños y niñas diferentes, pero para ello debemos convertirnos en padres y madres diferentes. En nuestras manos está conseguirlo... People have the power!!!!


Ain't got no home, ain't got no shoes.
Ain't got no money, aint't got no class.
Ain't got no skirts, ain't got no sweater.
Ain't got no perfume, ain't got no beer.
Ain't got no man...
Ain't got no mother, ain't got no culture.
Ain't got no friends, ain't got no schooling.
Ain't got no love, ain't got no name.
Ain't got no ticket, aint't got no token.
Ain't got no God...

Well, what have I got?
Why am I alive anyway?
Yeah, what have I got?
Nobod can take away...

I got my hair, I got my head.
I got my brain, I got my ears.
I got my eyes, I got my nose.
I got my mouth, I got my smile.
I got my tongue, I got my chin.
I got my neck, I got my boobs.
I got my heart, I got my soul.
I got my back, I got my sex.
I got my arms, I got my hands.
I got my fingers, I got my legs.
I got my feet, I got my toes.
I got my liver, I got my blood...

I've got life, I've got my freedom.
I've got my life and I'm gonna keep it.
I've got my life and nobody's gonna take it away.

(Nina Simone, "Ain't got no, I got life")

Entre los temas de Patti Smith, Tracy Chapman, Alanis Morissette, Regina Spektor, Rachel Yamagata, Nina Simone o María Rozalén se han deslizado algunos versos de Gloria Fuertes, una mujer -infravalorada por serlo-, apasionada, lesbiana y feminista.


Los pájaros anidan en mis brazos,
en mis hombros, detrás de mis rodillas;
entre los senos tengo codornices...
Los pájaros se creen que soy un árbol,
una fuent se creen que soy los cisnes.
Bajan y beben todos cuando hablo.
Las ovejas me pisan cuando pasan,
y comen en mis dedos los gorriones;
se creen que soy tierra las hormigas,
y los hombres se creen que no soy nada.

Unas palabras de Chimamanda Ngozi Adichie, una feminista feliz, africana, que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma, le han servido a Maki para poner el broche final a una jornada especial...
"¡Todos deberíamos ser feministas!"