Mostrando entradas con la etiqueta Dimitri Shostakovich. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dimitri Shostakovich. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de noviembre de 2013

CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE BRITTEN - IAGOBA FANLO (violonchelo) E IVÁN MARTÍN (piano) : un encuentro memorable

Santander, 25 de noviembre de 2.013


Benjamin Britten (1.913 - 1.976) fue un músico inglés: director de orquesta, virtuoso pianista y uno de los mejores compositores del siglo XX.


La Fundación Botín ha querido conmemorar el primer centenario de su nacimiento programando en su ciclo de 'Concierto de Otoño' un recital que pretende rememorar uno de los encuentros más fructíferos de la historia de la música, tanto a nivel creativo como interpretativo, y al que hace referencia el programa de mano firmado por Luciano González Sarmiento:

"1.960, el elíptico teatro Royal Albert Hall del barrio londinense de Kensington fue anfitrión y testigo de uno de los encuentros más fructíferos para la creación musical de la historia: el que protagonizaron el compositor británico Benjamin Brettenyel violoncellista ruso Mstislav Rostropovich. Ambos se conocieron de la mano del compositor Dimitri Shostakovich, presente también en la sala para escuchar su primer concierto de cello y orquesta interpretado por Rostropovich. La cálida interpretación del cellista ruso suscitó en Benjamin Britten la más encendida de las respuestas y de la corriente de admiración mutua entre compositor y cellista surgiría una relación de amistad de gran repercusión para la música universal. Rostropovich pidió a Britten que le escribiera una obra cellística, a lo que el compositor accedió con una "Sonata en Do mayor, opus 65" que fue estrenada por ambos al año siguiente en el Festival de Aldeburgh de Inglaterra.

Mstislav Rostropovich embraces Benjamin Britten

Así se inicia una estrecha colaboración entre ambos cuyos frutos germinaron en el campo de la interpretación y en el estímulo creativo que Britten recibió de Rostropovich.
A renglón seguido de la mencionada Sonata, Britten compuso para Rostropovich una "Sinfonía para violoncello y orquesta, opus 68" (1.963) y tres suites para violoncello solo ("op. 72" de 1.964, "op. 80" de 1.967 y "op.87" de 1.972). Así pues, cinco fueron las obras que el compositor británico dedicó al cellista ruso: un documento de la más alta exigencia compositiva e interpretativa que es reflejo de una relación de amistad poco común y exponente del más alto valor compositivo.


Pero la relación entre ambos no solo se reflejó en el impulso creador de Britten, estimulado por el virtuosismo de Rostropovich, sino que se verificó en numerosos recitales realizados en dúo del más alto prestigio y en numerosas grabacines discográficas que nos legaron como documento musicológico de primer orden y como referencia para el placer de su escucha."

Iagoba Fanlo (violoncello) e Iván Martín (piano) han recuperado parte de uno de estos documentos interpretando la "Sonata Arpeggione en La menor para cello y piano, D. 821" (1.824) de Franz Schubert -una pieza compuesta para promocionar el uso del arpeggione, un instrumento musical híbrido entre guitarra y violoncello cuyo efímero desarrollo no empañó la belleza de la composición que consta de tres movimientos entre los que destaca el delicioso "adagio" intermedio- y otras tres piezas poco habituales de Frank Bridge maestro de Benjamin Britten.


El plato fuerte del recital ha sido la "Sonata en Do mayor op. 65" de Britten, compleja, emotiva y personal, compuesta por cinco movimientos de mucho contraste y fruto de un encuentro memorable.

jueves, 7 de junio de 2012

JÓVENES INTÉRPRETES - LIDIA ALONSO (violonchelo) Y EMILIO GONZÁLEZ (piano): pasión por la música

Santander, 4 de junio de 2.012

El verano está a la vuelta de la esquina.
Llega el mes de junio: sale el sol y los colegios cierran por las tardes. Tal vez por eso hoy en Somo las calles tienen un color diferente, menos gris.

La Fundación Botín clausura su ciclo de conciertos 'Jóvenes Intérpretes', y lo hace proponiéndonos un recital de violonchelo protagonizado por Lidia Alonso Pérez, espigada artista santanderina, pasional y expresiva, que interpreta piezas de su admirado Benjamin Britten y de Jesús de Monasterio  y Dimitri Shostakovich, contando para éstas últimas con la colaboración del pianista Emilio González Sanz.

Las Notas al Programa preparadas por la Fundación invitan a disfrutar del concierto:

El programa que hoy escucharemos se basa en dos grandes obras de la composición para violonchelo del siglo XX, de Britten y Shostakovich, compositores que admiraban mutuamente sus respectivos lenguajes característicos y que primaron la propia expresión y la conexión psicológica con el oyente sobre el reclamo de la pertenencia a las vanguardias de la época.

Interesado por el folklore y gran conocedor de las formas y técnicas tradicionales, Benjamin Britten (1.913-1.976) basó su lenguaje en el eclecticismo, en hacer suyo aquello que admiraba en otras músicas. Su cualidad melódica tonal y el magistral manejo de los timbres con fines psicológicos le convirtieron en estandarte internacional de la música inglesa, junto a Ralph Vaughan Williams.
Muy pragmático, Britten compuso casi siempre bajo encargo o para intérpretes determinados (fue especialmente relevante su colaboración con el tenor Peter Pears, para quien dio a luz gran cantidad de obras vocales).
La "Suite Op. 72" no es excepción a esta regla: Britten había conocido al cellista Mstislav Rostropovich en 1.960, en el estreno londinense del "Concierto nº 1 para cello" de Shostakovich, y ya entonces le había prometido una obra; promesa que se plasmó en la "Soneta para violonchelo y piano", estrenada por ambos en 1.961 y que supuso el comienzo de una íntima amistad y de todo un catálogo de obras, constituido además por la "Cello Symphony" y las tres "Suites" para cello solo. La "Suite Op. 72" fue la primera que Britten compuso: se la ofreció como regalo de Navidad a Rostropovich en 1.964, y el dedicatario la estrenó en el Festival de Aldenburgh en junio del año siguiente.
Inspirado en el precedente de Bach, pero también en otras suites para cello solo del siglo XX, como las de Max Reger o Ernst Bloch, Britten exploró hábilmente las capacidades técnicas y expresivas del instrumento, encontrando los medios para transmitir una profunda afectividad. Esta primera Suite está estructurada en seis movimientos, como en Bach, aunque aquí son piezas de carácter más que danzas y están enmarcados por el recurrente Canto en dobles cuerdas, que actúa al modo de un 'ritornello'.
El primer movimiento exhibe un contrapunto similar al que Bach emplea en sus fugas para violín solo; el "Lamento", sin medida, melódico y expresivo, se debate entre las tonalidades de Mi y Mi bemol y sólo se decanta por una de ellas en el acorde final; la "Serenata" requiere del intérprete una gran paleta de 'pizzicatos' expresivos, mientras que en la "Marcia" podemos oír un desfile militar que se acerca y se aleja, entre armónicos que recuerdan a una trompeta y tambores evocados por los efectos 'col legno'. En el "Bordone" se desarrollan pasajes de virtuosismo en torno a la cuerda re que, a modo de bordón, suena sin cesar. El "Moto Perpetuo" bulle de energía volátil, contrapuesta a recuerdos del "Canto", que termina abrúptamente con un semitono fortísimo.

A un mundo muy diferente pertenece el músico cántabro más ilustre del siglo XIX, Jeús de Monasterio (1.836-1.903). El violinista de Potes, niño prodigio formado en las escuelas de las catedrales de Palencia y Valladolid, y en los conservatorios de Madrid y de Bruselas, desarrolló durante toda su vida una labor intensa y polifacética de dinamizador cultural, dentro y fuera del escenario. Creador de la Sociedad de Cuartetos de Madrid, director de las orquestas del Teatro Real y la Sociedad de Conciertos, y fundador de la sección de Música den la Real Academia de Bellas Artes, introdujo en España gran parte de la producción sinfónica alemana y de la obra de autores como Richard Wagner, hasta entonces desconocido en nuestro país. Contribuyó a la creación de una escuela española de violín hasta entonces inexistente, a través de su magisterio en el Conservatorio de Madrid (que también dirigió). Dejó además un pequeño legado como compositor, centrado en obras volcales y para cuerda, en el que encontramos una pequeña colección de piezas para violín y piano.
En ella se incluye la "Melodía para violonchelo y piano", compuesta instistintamente para violín pero dedicada a Víctor Mirecki, violenchelista franco-polaco asentado en Madrid y compañero de Monasterio tanto en la Sociedad de Cuartetos como en el Conservatorio. Fue Mirecki quien la estrenó en 1.875 bajo el título de "Romanza para violonchelo".

En verano de 1.934 Dimitri Shostakovich (1.906-1.975) atravesaba un periodo emocionalmente muy intenso, al haberse enamorado de una estudiante del festival de Leningrado y separado de su esposa Nina (con quien volvería a casarse un año más tarde). Además, en el festival se había estrenado su ópera "Lady Macbeth del distrito de Mtensk", que le valdría dos años después la denuncia del Partido Comunista y sería prohibida en la Unión Soviética durante casi treinta años, marcando el comienzo de una dualidad cada vez más acusada entre las declaraciones verbales oficiales de Shostakovich como músico emblemático del régimen soviético y aquello que su creación musical refleja, aún restringida por las imposiciones formales, influida por la Gran Purga soviética en que muchos de sus amigos y familiares fueron encarcelados, enviados a campos de concentración o ejecutados.
Pero volvamos a agosto de 1.934, fecha de composición de la "Sonata Op. 40": si Rostropovich no es el dedicatario de la obra -como lo sería del resto de trabajos para violonchelo de Shostakovich- es porque contaba entonces tan sólo siete años. Fue Viktor Kubatsky quien recibió y estrenó la pieza en Moscú, con Shostakovich al piano. Siendo una obra aún temprana, la "Sonata" muestra ya los rasgos inconfundibles del compositor: tonal pero muy cromática, se debate entre larga líneas melódicas y una obsesión percusiva. El lirismo del primer movimiento, a veces atravesado por 'ostinatos' incisivos que hacia el final se convierten en un oscuro goteo del piano, contrasta con el ritmo agresivo del 'scherzo', al que las sonoridades de los armónicos y el recurso pianístico de octavas abiertas dan un carácter mágico. En el 'Largo' el violonchelo despliega un bello lamento vocal, introspectivo, sobre las campanadas del piano; el último movimiento es un rondó brillante, intrigante e hiperactivo.

(Notas al programa, Irene Benito)

 
Reconozco que el comienzó del concierto me ha asustado.
La "Suite para violonchelo solo Op. 72" de Benjamin Britten no me ha gustado: seis movimientos complejos que mis oídos no están preparados para disfrutar.

Después la cosa ha cambiado.
Con la compañía del piano, el violonchelo ha sonado de un modo diferente cuando Lidia Alonso ha interpretado primero la "Melodía para violonchelo y piano" (1.874) de Jesús de Monasterio y después la "Sonata para violonchelo y piano en re menor Op. 40" de Dimitri Shostakovich.
Lejos de alardes y estridencias la armonía de ambas piezas me ha embelesado.

Para acabar el concierto los dos artistas nos han ofrecido unas fantásticas y trepidantes variaciones de alguna composición cuyo título y autor desconozco, despidiéndeso del público en medio de una sincera ovación.