Mostrando entradas con la etiqueta Luis de Morales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis de Morales. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de septiembre de 2017

COLECCIÓN ALICIA KOPLOWITZ: un escudo protector frente a los distintos avatares de la vida

Bilbao, 6 de septiembre de 2.017


Ir de compras a Ikea, en Barakaldo, se convierte en la excusa perfecta para desplazarme hasta Bilbao y visitar una amplia selección de obras de arte pertenecientes a la colección de Alicia Koplowitz expuesta en el Museo de Bellas Artes.


"Coleccionista es aquella persona que trata de hacer perdurar los distintos hitos de su vida a través de los objetos que va guardando. Desde las más humildes colecciones hasta las más fabulosas y deslumbrantes, pienso que todas tienen ese sentido."
(Alicia Koplowitz)


Un total de noventa pinturas y dibujos de origen español, europeo y norteamericano fechadas entre el siglo XVI y el actual descubren, junto a un puñado de esculturas, lo que el arte es para ella: "un escudo protector de los distintos avatares de la vida".


El itinerario propuesto, en el que la iconografía femenina actúa como hilo conductor a lo largo de diversas épocas y géneros artísticos, está dividido en nueve apartados que, siguiendo un orden cronológico y poniendo de relieve un mayor interés por las obras de los siglos XVIII y XX, permiten, sin quererlo, descubrir las más diversas formas de representación de la mujer a lo largo de la historia.

La escuela española de los siglos XVI y XVII está representada merced a la pintura de corte de Juan Pantoja de la Cruz y un par de obras de Luis de Morales y Francisco de Zurbarán.

"Retrato de doña Ana de Girón y Velasco, duquesa de Braganza, con traje de corte" (1.603)
(Juan Pantoja de la Cruz)

Pantoja de la Cruz secunda los modelos cortesanos implantados por Antonio Moro para los Habsburgo, conjugando la precisión flamenca con la influencia italiana. Sus características fundamentales son la utilización de tonos apagados y precisos, el virtuosismo en los vestidos y adornos, y la presencia de un único foco de luz, junto al fondo neutro, que potencia la presencia de la figura retratada.

Las maternidades en clave religiosa del extremeño Luis de Morales y del sevillano Francisco de Zurbarán muestran la tendencia propia de la escuela española a utilizar composiciones sencillas y equilibradas para representar la tristeza que siente María  ante la premonición de la futura pasión de su hijo.

"Virgen vestida de gitana con el Niño del aspa" (1.567-1.568)
(Luis de Morales)

La maternidad de Zurbarán pertenece a la etapa final de su carrera, cuando estaba asentado en Madrid y trabajaba para una clientela privada. El artista recurre a una composición triangular que le permite representar a los tres personajes en íntima relación, e incluye varios objetos en los que es posible reconocer su maestría a la hora de reproducir la realidad.

"La Virgen con el Niño Jesús y San Juanito" (1.659-1.661)
(Francisco de Zurbarán)

Dentro de la pintura del siglo XVII destaca un suntuoso bodegón de Juan de Arellano en el que el artista plasma toda su habilidad técnica en la representación de las flores que lo componen, mostrando poseer un gran conocimiento botánico.

"Cestillo de flores" (1.671)
(Juan de Arellano)

Nos adentramos en el siglo XVIII y Francisco de Goya adquiere un gran protagonismo con cuatro obras que muestran las variados intereses del genio aragonés.

"Asalto a la diligencia" (1.786-1.787)
(Francisco de Goya)

"Asalto a la diligencia" es una de las siete pinturas de temática campestre y popular que le encargó la duquesa de Osuna para decorar 'El Capricho', su residencia de recreo a las afueras de Madrid. El lienzo muestra un paisaje apacible en el que, aunque a primera vista parece representarse una escena galante, lo que se recoge es un episodio de bandoleros violento e inesperado.

"Hércules y Ónfala" (1.784)
(Francisco de Goya)

El lienzo "Hércules y Ónfala" se sitúa a medio camino entre lo cómico y lo sensual. Representa a Hércules sirviendo a Ónfala, reina de Lidia, de quien fue esclavo durante tres años. Vestido con armadura, aunque con pose femenina, el héroe mitológico trata de enhebrar una aguja mientras la joven, sentada frente a él, contempla la escena con las piernas entreabiertas. El perrillo faldero representado a los pies de Hércules despierta la curiosidad del espectador ante una escena tan sorprendente.

"Retrato de la condesa de Haro" (1.808)
(Francisco de Goya)

Dentro del imperante gusto neoclásico, Goya representa a la condesa de Haro de medio cuerpo, sentada y vestida a la moda imperio, girando la cabeza hacia el espectador, lo que nos permite contemplar varios mechones de su cabello, caídos sobre las cejas, así como el elegante tocado rematado con un flor. Se desconoce si el artista retrató a la joven pocos años antes de su prematuro fallecimiento -en 1.805-, o si lo hizo de manera póstuma, pero llama la atención su delicada juventud.

"Maja y celestina al balcón" (1.810-1.812)
(Francisco de Goya)

La representación de figuras asomadas a la vía pública a través de ventanas fue un tema habitual en la pintura realista holandesa. Menos frecuente en la española, contamos, sin embargo, con ejemplos significativos de Murillo y, sobre todo, de Goya, quien en esta obra crea un nuevo arquetipo compositivo y narrativo.

A lo largo del siglo XVIII se popularizó entre los jóvenes de las clases adineradas de Europa la realización de viajes culturales para conocer la historia y el arte de la civilización occidental. Fue la primera forma de hacer turismo y Venecia se convirtió en un destino obligatorio. Las vistas de Canaletto y de Francesco Guardi de esta ciudad responden a este fenómeno y a la necesidad de estas personas de obtener un recuerdo de sus viajes.

Mediante un rigor casi topográfico y un elevado virtuosismo técnico, Canaletto convirtió la vista clásica en un nuevo género cuyo protagonista absoluto era la ciudad. Repletas de detalles, bañadas por una luz meridional y sustentadas siempre sobre una precisa perspectiva, sus obras reproducen sistematicamente los lugares más singulares del paisaje veneciano.

"Vista de la Plaza de San Marcos en Venecia hacia el este, en dirección a la Basílica" (1.739-1.740)
(Giovanni Antonio Canal, Canaletto)

"El Gran Canal de Venecia en dirección nordeste, desde el Palacio Dolfin-Manin hacia el Puente de Rialto" (1.739-1.740)
(Giovanni Antonio Canal, Canaletto)

La obra de Francisco Guardi continúa con la tradición veneciana del 'vedutismo', pero se aleja de la meticulosidad y objetividad propias de la obra de Canaletto y desarrolla un estilo más atrevido y personal, en el que los personajes y sus actitudes adquieren un mayor protagonismo.

"La arcada del Palacio Ducal de Venecia en dirección hacia San Giorgio Maggiore" (1.775-1.780)
(Francesco Guardi)

Este auge del turismo puso de moda la ejecución de vistas de otras ciudades, como las de Madrid llevadas a cabo por Antonio Joli, e incorporó el gusto por imágenes de ruinas monumentales inventadas, como las pintadas por Hubert Robert.

La obra de Pietro Antonio Rotari me sorprende gratamente, poniendo de manifiesto el interés de Alicia Koplowitz por artistas que se alejan de los grandes nombres y de las opciones más evidentes. El formidable retratista italiano del siglo XVIII pinta escenas reposadas, suaves y aporcelanadas, protagonizadas por jóvenes idealizados que generan en el espectador un amplio espectro de sutiles emociones.

"Pareja de retratos de un niño y una niña con libro" (1.756-1762)
(Pietro Antonio Rotari)

 
"La ensoñadora" y "La voluptuosa" (1.756-1762)
(Pietro Antonio Rotari)

Raimundo de Madrazo nos abre las puertas del siglo XIX, mostrándonos el gusto por una pintura anecdótica destinada a la burguesía, sin carga intelectual, en la que predomina el detalle y la precisión técnica.

"La siesta" (1.875)
(Raimundo de Madrazo)

En "La siesta" Madrazo recrea una agradable escena protagonizada por Aline Masson -su modelo habitual-, combinando un fondo vegetal simplificado y un primer término preciso y colorista de la chica tendida relajadamente sobre un diván.

La colección evita a los pintores impresionistas para centrarse en los nuevos lenguajes plásticos surgidos a finales del siglo XIX, que renuevan el panorama visual del momento y nos conducen hacia la modernidad.

"Jarrón con claveles" (1.890)
(Vicent Van Gogh)

Realizada en julio de 1.890, esta naturaleza muerta muestra la extraordinaria capacidad de síntesis formal que alcanza Van Gogh al final de su carrera. El pincel dibuja con el azul el contorno de la mesa en la que reposa un vaso de cristal lleno de claveles blancos y malvas. De la somera descripción de la mesa y la leve sombra del vaso reflejada en su superficie, se pasa al más carnal modelado de las flores cargadas de materia.

"La lectora" (1.889)
(Toulouse-Lautrec)

Con su representación de la mujer parisina de ambientes mundanos, Toulouse-Lautrec superó los arquetipos estéticos de la belleza femenina. El retrato de su vecina Hélène Vary es una versión actualizada de las elegantes lectoras que venían protagonizando la pintura europea desde finales del siglo XVIII. La naturalidad y concentración de Hélène hace que su actitud difiera de las idealizadas mujeres, distantes y absortas, de la escuela académica.

Gaugin lideró la transformación de los postulados impresionistas hacia propuestas más subjetivas, proponiendo un ideario basado en la simplificación de la representación formal, el rechazo a la perspectiva clásica y la separación del color en planos de contornos perfilados.

"Mujeres a la orilla del río" (1.892)
(Paul Gauguin)

"Mujeres a la orilla del río" es un cuadro pintado durante su primer viaje a Thaití, una época en la que sus obras tienden hacia la abstracción formal y se caracterizan por el primitivismo de sus figuras y un apasionado uso del color que genera una impactante impresión de movimiento.

La exposición muestra la irrupción del arte de vanguardia a comienzos del nuevo siglo y permite una aproximación a las nuevas búsquedas estéticas llevadas a cabo en torno al color, la forma y la composición.

"Desnudo de medio cuerpo con cántaro" (1.906)
(Pablo Picasso)

En 1.906, Picasso funde la influencia del clasicismo mediterráneo con la de la obra del pintor francés neoclásico Ingres para pintar el perfil semidesnudo de una joven representada con una reducida gama de colores ocres y grises.


"Mujer con sombrero grande" (1.906)
(Kees Van Dongen)

Un año antes de que Van Dongen pintara su "Mujer con sombrero grande", sus obras y las de un nutrido grupo de artistas denominados 'fauvistas' fueron objeto de controversia en el Salón de Otoño de París por emplear como único lenguaje pictórico la pureza y expresividad del color. Muchos de ellos centraron su atención en las clases mundanas y, en especial, en un tipo de mujer sensual y provocadora, arquetipo de la 'femme fatale', que inspiró multitud de obras, como esta, en las que el uso violento del color y los contornos delimitados adquieren todo el protagnismo.

A pesar de su corta vida, el austriaco Egon Schiele es considerado uno de los máximos representantes del expresionismo europeo gracias a su prolífico trabajo íntimo y compulsivo. Sus inicios, vinculados al modernismo vienés, le granjearon un dominio de la línea que evolucionó hasta desarrollar complejas representaciones donde la figura humana, generalmente distorsionada, desnuda y sexualmente explícita, era la protagonista.

"Mujer con cabello rubio desnuda, agachada y apoyada sobre el brazo izquierdo" (1.914)
(Egon Schiele)

Esta mujer rubia es un buen ejemplo de su producción: mediante un trazo nervioso, en ocasiones crispado, siluetea el cuerpo desnudo de la protagonista, para después aplicar estratégicos toques de color con los que le dota de volumen. Sobre un fondo vacío, la protagonista adopta una postura poco convencional, cargada de erotismo, que le permite al artista ofrecernos una imagen carente de prejuicios y de pudor, en consonancia con la forma de pensar de la sociedad vienesa del momento.

"Mujer con vestido azul" (1.911)
(Egon Schiele)

En la década de 1.910, su expresionismo se encaminó hacia la simplificación de las formas llegando en ocasiones, como en esta mujer vestida de azul, a rozar la abstracción.

La representación del cuerpo humano fue uno de los temas preferidos de Modigliani, que desarrolló toda su carrera en París. Retratista afamado, recuperó la gran tradición del retrato italiano de media figura y utilizó, sobre todo en sus personajes femeninos, un canon de belleza especialmente alargado.

"La pelirroja con colgante" (1.918)
(Amadeo Modigliani)

Muchas de sus mujeres, como esta pelirroja con colgante de aire ausente, aparecen absortas en sus pensamientos y comparten un físico melancólico en el que destacan los cuellos largos y delgados y los rostros ovalados de grandes ojos almendrados.

Tras su invención por parte de Picasso y Braque, el cubismo alcanza una de sus cotas más altas de calidad y refinamiento con la obra de Juan Gris.

"Violín y periódico" (1.917)
(Juan Gris)

Dominada por melancólicos claroscuros y una paleta abreviada de tonos fríos, los elementos reconocibles de esta naturaleza muerta -violín, botella, periódico...-, se desdoblan en cuatro grandes campos cromáticos contenidos dentro de una forma romboidal u oval.

A lo largo del siglo XX se vive una auténtica revolución en materia artística. Se cuestiona todo el arte del pasado y se desarrollan nuevos movimientos y propuestas estéticas que desembocan en la abstracción, ampliamente representada en esta colección. La figuración, sin embargo, nunca llega a desaparecer del todo, aunque se manifiesta en base a unos prinicipios diferentes a los de los siglos anteriores.

Antonio López nos muestra imágenes sosegadas y atemporales, como queriendo establecer un diálogo con el arte del pasado.

"Cabeza griega y vestido azul" (1.958)
(Antonio López)

Aunque cosntruido con elementos reales, este bodegón presenta un aire clásico y surreal que lo relaciona con la pintura metafísica italiana, bajo cuya influecia Antonio López trabajó durante un tiempo.  La composición se sitúa en el interior de una habitación que se abre a una calle de Tomelloso, localidad manchega en la que nació el autor. En ese espacio, sobre una mesa, se reúnen varios objetos: un ramillete de lilas en un vaso, un relój, una escayola de las que se utilizan en las escuelas de Bellas Artes para aprender a dibujar... La sombra de perfil de esta cabeza clásica y la presencia del vestido, colgado de una percha a contraluz, refuerzna el aire surreal de la escena.

Conforme avanza el siglo la diversidad de lenguajes artísticos es cada vez mayor. El recorrido propuesto por esta colección culmina con una serie de obras que se recrean en el carácter experimental del artista y reflejan la necesidad de los artistas de explorar nuevos territorios que a mí, de momento, no me interesan...

Mali se convirtió, junto a París y Mallorca, en uno de los principales centros de la actividad artística de Miquel Barceló durante la década de 1.990. En los paisajes del país subsahariano encuentra su pintura matérica un motivo ideal de expansión creativa.

"Lago amarillo" (1.990)
(Miquel Barceló)

En este caso, el lienzo, realizado a partir de los apuntes tomados por el artista durante un viaje fluvial por el Níger, describe con gran realismo el efecto cegador de la luz solar reflejada en la laguna. El desértico paraje se representa  desde un punto de vista alto y elude la línea del horizonte. Sobre la planicie lacustre se dibujan los perfiles cargados de materia de los animales, la vegetación y el volumen de las rocas.

lunes, 1 de agosto de 2016

EL DIVINO MORALES: veraz y sagrado a la vez...

Bilbao, 12 de mayo de 2.016


Me desplazo hasta Bilbao. Visito el Museo de Bellas Artes y viajo al siglo XVI para descubrir la obra del maestro Luis de Morales (1.510-1.586). Coorganizada con el Museo Nacional del Prado, la exposición propuesta profundiza en la obra del artista extremeño a partir de las obras de este autor y de su taller pertenecientes a la colección de la pinacoteca madrileña, a las que se han sumado otros préstamos relevantes procedentes de museos nacionales e internacionales, colecciones privadas e instituciones religiosas.


Luis de Morales es un referente fundamental de la pintura del Renacimiento español y una de las personalidades artísticas más originales y reconocibles de la segunda mitad del siglo XVI. Inmerso en la corriente marienista de su época, a su original estilo se le añaden una prodigiosa técnica atenta a los detalles, un dibujo preciso y una suavidad lumínica excepcional.
Vivió y pintó en Extremadura, donde realizó numerosos retablos y cuadros de altar, ampliando su producción a Andalucía y Portugal, donde coincidió con artistas procedentes de Flandes. Su instintó comercial le permitió ofrecer a la clientela de su tiempo un producto devocional de factura meticulosa en el que se proyectaba sutilmente el ambiente religioso de la época. Su capacidad para fijar un modelo iconográfico de devoción, veraz y sagrado a la vez, le valió el sobrenombre de 'el Divino' que ha perdurado hasta nuestros días: "fue cognominado 'el Divino', así porque todo lo que pintó fueron cosas sagradas, como porque hizo cabezas de Cristo con tan gran primor en los cabellos que al más curioso en el arte invita a querer soplarlos para que se muevan, porque parece que tienen la misma sutileza que los naturales."

"La Virgen del Pajarito" (1.546) es la obra con la que los comisarios han decidido abrir la exposición, un cuadro de altar de grandes dimensiones que presenta algunas similitudes con "La Virgen del jilguero" de Rafael.

"La Virgen del pajarito" (1.546)
Iglesia de San Agustín, Madrid

Sencillo en su composición y muy cercano al creyente, sus creaciones iconográficas más conocidas son obras de tamaño bastante reducido con figuras de busto o medio cuerpo representadas sobre fondos negros y resaltadas por una iluminación contrastada que las aproxima al espectador. Se trata de cuadros destinados a oratorios y capillas privadas que contienen una indudable carga espiritual, a menudo dramática y atormentada, que apela a la emoción de quienes los contemplan y que sintetizan la compleja filiación artística del artista, poniendo de manifiesto su vinculación con la pintura italiana y con algunos artistas flamencos y del norte de Europa.
Temas como la Virgen con el Niño, el Ecce Homo, la Dolorosa, Cristo con la cruz a cuestas o la Piedad tocaban la sensibilidad de la gente en el siglo XVI y convirtieron a Morales en un pintor afamado cuyas obras se recogen en colecciones e inventarios desde fechas muy tempranas.


"La Virgen de la Leche" (1.565)
Museo del Prado, Madrid
La imagen de María amamantando al Niño o mostrando un peño desnudo fue muy habitual en el arte bizantino pero desapareció progresivamente a lo largo del siglo XVI por considerarse el tema indecoroso e inconveniente. Morales encontró una solución para tratar el tema de un modo más recatado, sugiriendo la lactancia materna mediante el gesto del niño. María está sentada y sostiene en brazos al pequeño que, de espaldas al espectador, aparta un velo transparente y busca con la mano el pecho de su madre. La inquietud del niño y el semblante ensimismado de la Virgen transforman la aparente amabilidad del tema en un inquietante recordatorio del destino redentor del pequeño.

"Ecce Homo" (1.560-1.570)
Museo del Prado, Madrid
La representación de Cristo vejado en su supuesta condición de Rey de los Judíos era muy frecuente en la pintura europea de la época. Morales lo muestra en absoluta soledad, coronado de espinas, con el rostro demacrado, boca entreabierta, pómulos marcados, ojos acuosos y la mirada levantada en actitud de entrega a la voluntad celestial.


"La Dolorosa" (1.560-1.570)
Museo del Prado, Madrid
La iconografía de la Virgen de los Dolores surge a partir de la exaltación del patetismo propia del final de la Edad Media. Morales pinta a la virgen completamente sola, ligeramente girada hacia la derecha, con las manos entrelazadas en actitud implorante, mirada perdida y los ojos completamente bañados en lágrimas.

"Cristo con la cruz a cuestas" (1.566)
Museo del Patriarca, Valencia
La imagen de Cristo sufriente sin su corona de espinas, inspirada en un cuadro del veneciano Sebastiano del Piombo que puede que Morales conociera durante su estancia en Portugal, aproxima al espectador la crudeza de su padecimiento.


"La Piedad" (1.563)
Parroquia de San Pedro y San Pablo, Polán (Toledo)
La Piedad fue uno de los temas predilectos de Morales que supo plasmar en sus cuadros todo el sufrimiento de Cristo y el dolor de la Virgen al recoger el cuerpo muerto de su hijo.
En esta ocasión, el eje central de la composición es el madero santo y unicamente pinta el torso de Cristo, evitando representar la totalidad del cuerpo sobre el regazo de su madre, acentuando así la intensidad emocional de la escena y alcanzando un delicado equilibrio entre el dolor extremo y la serenidad. Las siluetas de la Virgen y de su hijo emergen de un fondo negro, lo que, unido a los fuertes contrastes lumínicos, le dan a la tabla una mayor fuerza expresiva.


En la catedral de Salamanca se custodia un cuadro de altar de grandes dimensiones en el que la Virgen, sentada en medio de un paisaje, aparece representada junto al niño Jesús y el pequeño San Juanito, un tema habitual de la pintura italiana del Renacimiento. El carácter monumental de María, el gesto ensimismado de su rostro, el simbólico ademán de tomar con la mano el pie del Niño o la fraternal relación de los dos pequeños derivan directamente de modelos cercanos a Rafael, así como el cortinaje que a modo de palio enmarca la escena.

"Virgen con el Niño y San Juanito" (1.545-1.555)
Catedral de Salamanca

La obra de Morales está marcada por una religiosidad que hace hincapié en varios aspectos de la infancia de Cristo que le llevaron a reelaborar algunas iconografías bien asentadas en el arte cristiano europeo.


"La purificación de la Virgen" o "La presentación en el templo" (1.562)
Museo del Prado, Madrid
La purificación de la Virgen y la presentación del Niño en el templo son dos capítulos de la historia sagrada el cristianismo que habitualmente no se consideran coincidentes en el tiempo pero que el artista combinó en un solo cuadro, incluyendo elemento alusivos a ambos episodios.

La procesión de mujeres portando velas hace referencia a la purificación de la madre tras el parto mientras que el grupo formado por la Sagrada Familia y el sacerdote Simeón remiten a la presentación del niño, que acapara todo el protagonismo de la escena.


"La Anunciación" (1.565)
Museo del Prado, Madrid
En una única secuencia se representan la salutación del arcángel Gabriel a María, el anuncio a ésta de su designación como madre del Hijo de Dios y la aceptación del designio divino. San Gabriel aparece a la izquierda, arrodillado ante la Virgen, cubierto con una túnica blanca y con las alas extendidas de color dorado destacando entre la vestimenta y el claro celaje del fondo. El arcángel sostiene en la mano izquierda un cetro dorado de largo astil mientras con la derecha despliega una filacteria con el texto "AVE GRATIA PLENA" y al otro lado de la tabla, enmarcada por un cortinaje de tonos anaranjados, María muestra su sumisión inclinando la cabeza y uniendo las manos en oración, arrodillada ante un reclinatorio en el que descansa un libro cuya lectura acaba de interrumpir para responder: "he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Un jarrón con una rama de azucenas blancas simboliza la condición virginal de María mientras en la parte superior el Espíritu Santo, encarnado en una paloma blanca rodeada de luz dorada, se dispone a descender para germinar milagrosamente el vientre de la joven doncella.

Las composiciones elegidas por Morales para sus representacines de la Virgen con el Niño fueron habituales pero muy limitadas, introduciendo pequeñas modificaciones que podían responder a requerimientos personales de cada comprador o al deseo del artista de diferenciar sus creaciones. Se tiene constancian de cuatro asusntos fundamentales: la Virgen de la leche, la Virgen peregrina, la Virgen del tintero y la Virgen del huso. 


"La Virgen de la leche" (1.560-1.565)
Museo del Prado, Madrid
La Virgen de la leche es la iconografía de la Virgen y el Niño más divulgada de todas las composiciones del artista extremeño dedicadas a estas dos figuras. María sostiene a su hijo en brazos e intercambian miradas mientras el busca el seno de su madre.


"La Virgen vestida de gitana" (1.567-1570)
Colección Arango
Una de las composiciones de devoción más bellas de Morales es la Virgen con el Niño vestida de gitana, en la que María luce un sombrerete de ala ancha y un manto anudado sobre el hombro izquierdo, prendas características de las mujeres gitanas que la madre de Dios debía vestir durante su huida a Egipto.

"La Virgen con el Niño escribiendo" (----)
Museo Nacional de San Carlos, México D. F.
La representación de la Virgen del Tintero era habitual en el norte de Europa durante el siglo XV. No está claro el sentido de lo que Jesús escribe bajo la atenta mirada de María, quizá un versículo evangélico...

"La Virgen del huso" (1.566)
La Virgen del huso constituye una inconografía en la que el Niño sostiene con sus manos un pequeño huso con su ovillo de lana y un aspa en forma de cruz que simboliza la entrega de Jesús desde su nacimiento al sacrificio redentor de la humanidad.

En todos los casos María aparece representada como una joven de rostro ensimismado o melancólico en cuyas suaves facciones, de piel impoluta, encontramos el célebre 'sfumato', técnica que permite difuminar los contornos.


"La Virgen con el Niño y San Juanito" (1.565)
Museo Nacional del Prado, Madrid
María vela por el descanso del Niño mientras San Juan reclama el silencio del espectador. El sombrerete de ala ancha que luce la Virgen y el modo de llevar el manto -anudado sobre el hombro izquierdo-, son característicos de la Virgen gitana, o peregrina, y están relacionados con su huida a Egipto. La disposición del Niño, con su mano apoyada en unos frutos silvestres, y la mosca posada sobre el velo con el que le protege su madre, vaticinan la futura pasión y muerte de Jesús.


La religiosidad católica construyó buena parte de su discurso iconográfico en torno al sufrimiento físico y espiritual del Salvador que redimió a la humanidad del pecado original. Morales abordó este asunto en obras de gran precisión naturalista con un carácter táctil que lo aproximan a lo escultórico. Muy iluminada y recortada sobre fondos oscuros que eliminan toda referencia espacial y temporal, la imagen de Cristo invita a la reflexión privada y lleva al creyenta a experimentar el sufrimiento del Hijo de Dios.

"Ecce Homo" (1.565)
Museo Nacional de Arte Antiguo, Lisboa
La imagen de Cristo escarnecido, coronado de espinas, cubierto con un manto rojo y sosteniendo a modo de cetro una caña, fue frecuente en la pintura de Morales. No lo es tanto, sin embarg, la representación de cuerpo entero, de pie sobre un alto pedestal y ante un fondo apenas sugerido, en una atmósfera de claroscuro. Esta composición, de apariencia sencilla, posee una enorme efectividad visual, proyectando la postración física de Cristo y una majestuosa serenidad.
De Morales y su taller conocemos un pequeño grupo de trípticos que prueban la pervivencia de un tipo de pieza devocional que el pintor adaptó, siguiendo formulas precedentes de la pintura flamenca, a los gustos de la clientela local.

"Tríptico de la Piedad, San Juan y Santa María Magdalena" (1.570)
Museo del Prado, Madrid


Como gran parte de los pintores de su época, Luis de Morales realizó un importante número de retablos para cuya ejecución contó con la colaboración de los miembros de su taller. Los conflictos armados con Portugal en el siglo XVII, la Guerra de la Independencia en el XIX y la Guerra Civil en el XX hicieron desaparecer gran parte de estos retablos y los que se conservan lo hacen de forma fragmentada y rara vez in-situ.

En la exposición se muestran tres tablas que debieron formar parte de la predela de uno de los retablos del Convento de San Benito de Alcántara (Cáceres) y en las que aparecen representados tres episodios de la vida de la Virgen: la Visitación, su nacimiento y la presentación en el templo.


La Visitación y la Presentación fueron asuntos tratados en otras ocasiones por el pintor, no así el nacimiento de la Virgen,  ejemplar único en el que se entremezclan elementos tomados de estampas con otros característicos de las tradiciones populares femeninas vinculados con la asistencia a las parturientas.

"El nacimiento de la Virgen" (1.562-1.567)
Museo del Prado, Madrid
Sobre un fondo oscuro contrasta el realismo del gesto de Santa Ana, postrada tras el alumbramiento, con la forma armoniosa del resto de mujeres, de facciones suaves y gesto sereno. En el centro de la tabla la madre de María, con gesto de dolor y cansancio, es asistida por otra que le acerca un tazón con caldo. A su lado una ama de cría amamanta a la recién nacida mientras otra, distinguida entre las demás y aislada  a la derecha, mira directamente al espectador.

"La Adoración de los Pastores" y "La Adoración de los Reyes Magos" son dos tablas procedentes de la prelada de un mismo retablo en las que la participación de los miembros del taller es evidente. El maestro solía diseñar y componer las diferentes escenas que luego eran pintadas por el mismo o por sus discípulos. En "La Adoración de los Pastores" se aprecia la mano de  Hernando de Morales -hijo de nuestro artista-, mientras que "La Adoración de los Reyes Magos" parece una obra completamente autógrafa.


"La Adoración de los pastores" (1.565-1.570)
Museo del Prado, Madrid

"La Adoración de los Reyes Magos" (1.565.1.570)
Museo del Prado, Madrid 


San Juan de Ribera, obispo de Badajoz, es una referencia obligada en la vida y producción pictórica de Luis de Morales, a quien se llegó a considerar pintor de cámara del prelado durante su estancia en Extremadura (1.562-1.-569). Se completa la muestra con una serie de tablas vinculadas al que posteriormente fuera arzobispo de Valencia...


"Calvario con donante" (1.565-1.575)
Museo de Bellas Artes de Valencia
Este Calvario es una obra de ejecución tardía en la que se aprecia una amplia participación del taller. Los vinculos con Valencia sugieren una relación con Juan de Ribera y la inclusión del retrato de un personaje arrodillado hace pensar que pudiera tratarse del mencionado prelado.

"Tríptico con el juicio del alma de Juan de Ribera" (1.568)
Museo del Patriarca, Valencia
Por su cuidada factura y depurado dibujo, esta es una de las obras más importantes del artista extremeño. El cadáver de Juan de Ribera aparece amortajado con sus ropas sacerdotales, tiara y báculo episcopal, tendido en el suelo sobre un gran paño negro. Su alma representada mediante la figura de un niño desnudo es llevada en brazos por un ángel hacia la Trinidad en la que destaca la imagen de Cristo resucitado, que sostiene la cruz con su mano derecha mientras con la izquierda señala la herida de su costado. La posibilidad de que después de la muerte pudiera tener lugar un juicio particular del alma a la espera del Juicio Final había sido sancionada en el siglo XV por el papa Benedicto XIII y era defendida por varios teólogos amigos de Ribera. Un juicio en el que participa toda la Trinidad y en el que se representa un singular combate entre el ángel y el demonio.
En los laterales se situan las figuras de la Virgen y San Juan Evangelista, santa predilecto de Ribera que sustituye la tradicional presencia del Bautista.