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martes, 12 de septiembre de 2017

COLECCIÓN ALICIA KOPLOWITZ: un escudo protector frente a los distintos avatares de la vida

Bilbao, 6 de septiembre de 2.017


Ir de compras a Ikea, en Barakaldo, se convierte en la excusa perfecta para desplazarme hasta Bilbao y visitar una amplia selección de obras de arte pertenecientes a la colección de Alicia Koplowitz expuesta en el Museo de Bellas Artes.


"Coleccionista es aquella persona que trata de hacer perdurar los distintos hitos de su vida a través de los objetos que va guardando. Desde las más humildes colecciones hasta las más fabulosas y deslumbrantes, pienso que todas tienen ese sentido."
(Alicia Koplowitz)


Un total de noventa pinturas y dibujos de origen español, europeo y norteamericano fechadas entre el siglo XVI y el actual descubren, junto a un puñado de esculturas, lo que el arte es para ella: "un escudo protector de los distintos avatares de la vida".


El itinerario propuesto, en el que la iconografía femenina actúa como hilo conductor a lo largo de diversas épocas y géneros artísticos, está dividido en nueve apartados que, siguiendo un orden cronológico y poniendo de relieve un mayor interés por las obras de los siglos XVIII y XX, permiten, sin quererlo, descubrir las más diversas formas de representación de la mujer a lo largo de la historia.

La escuela española de los siglos XVI y XVII está representada merced a la pintura de corte de Juan Pantoja de la Cruz y un par de obras de Luis de Morales y Francisco de Zurbarán.

"Retrato de doña Ana de Girón y Velasco, duquesa de Braganza, con traje de corte" (1.603)
(Juan Pantoja de la Cruz)

Pantoja de la Cruz secunda los modelos cortesanos implantados por Antonio Moro para los Habsburgo, conjugando la precisión flamenca con la influencia italiana. Sus características fundamentales son la utilización de tonos apagados y precisos, el virtuosismo en los vestidos y adornos, y la presencia de un único foco de luz, junto al fondo neutro, que potencia la presencia de la figura retratada.

Las maternidades en clave religiosa del extremeño Luis de Morales y del sevillano Francisco de Zurbarán muestran la tendencia propia de la escuela española a utilizar composiciones sencillas y equilibradas para representar la tristeza que siente María  ante la premonición de la futura pasión de su hijo.

"Virgen vestida de gitana con el Niño del aspa" (1.567-1.568)
(Luis de Morales)

La maternidad de Zurbarán pertenece a la etapa final de su carrera, cuando estaba asentado en Madrid y trabajaba para una clientela privada. El artista recurre a una composición triangular que le permite representar a los tres personajes en íntima relación, e incluye varios objetos en los que es posible reconocer su maestría a la hora de reproducir la realidad.

"La Virgen con el Niño Jesús y San Juanito" (1.659-1.661)
(Francisco de Zurbarán)

Dentro de la pintura del siglo XVII destaca un suntuoso bodegón de Juan de Arellano en el que el artista plasma toda su habilidad técnica en la representación de las flores que lo componen, mostrando poseer un gran conocimiento botánico.

"Cestillo de flores" (1.671)
(Juan de Arellano)

Nos adentramos en el siglo XVIII y Francisco de Goya adquiere un gran protagonismo con cuatro obras que muestran las variados intereses del genio aragonés.

"Asalto a la diligencia" (1.786-1.787)
(Francisco de Goya)

"Asalto a la diligencia" es una de las siete pinturas de temática campestre y popular que le encargó la duquesa de Osuna para decorar 'El Capricho', su residencia de recreo a las afueras de Madrid. El lienzo muestra un paisaje apacible en el que, aunque a primera vista parece representarse una escena galante, lo que se recoge es un episodio de bandoleros violento e inesperado.

"Hércules y Ónfala" (1.784)
(Francisco de Goya)

El lienzo "Hércules y Ónfala" se sitúa a medio camino entre lo cómico y lo sensual. Representa a Hércules sirviendo a Ónfala, reina de Lidia, de quien fue esclavo durante tres años. Vestido con armadura, aunque con pose femenina, el héroe mitológico trata de enhebrar una aguja mientras la joven, sentada frente a él, contempla la escena con las piernas entreabiertas. El perrillo faldero representado a los pies de Hércules despierta la curiosidad del espectador ante una escena tan sorprendente.

"Retrato de la condesa de Haro" (1.808)
(Francisco de Goya)

Dentro del imperante gusto neoclásico, Goya representa a la condesa de Haro de medio cuerpo, sentada y vestida a la moda imperio, girando la cabeza hacia el espectador, lo que nos permite contemplar varios mechones de su cabello, caídos sobre las cejas, así como el elegante tocado rematado con un flor. Se desconoce si el artista retrató a la joven pocos años antes de su prematuro fallecimiento -en 1.805-, o si lo hizo de manera póstuma, pero llama la atención su delicada juventud.

"Maja y celestina al balcón" (1.810-1.812)
(Francisco de Goya)

La representación de figuras asomadas a la vía pública a través de ventanas fue un tema habitual en la pintura realista holandesa. Menos frecuente en la española, contamos, sin embargo, con ejemplos significativos de Murillo y, sobre todo, de Goya, quien en esta obra crea un nuevo arquetipo compositivo y narrativo.

A lo largo del siglo XVIII se popularizó entre los jóvenes de las clases adineradas de Europa la realización de viajes culturales para conocer la historia y el arte de la civilización occidental. Fue la primera forma de hacer turismo y Venecia se convirtió en un destino obligatorio. Las vistas de Canaletto y de Francesco Guardi de esta ciudad responden a este fenómeno y a la necesidad de estas personas de obtener un recuerdo de sus viajes.

Mediante un rigor casi topográfico y un elevado virtuosismo técnico, Canaletto convirtió la vista clásica en un nuevo género cuyo protagonista absoluto era la ciudad. Repletas de detalles, bañadas por una luz meridional y sustentadas siempre sobre una precisa perspectiva, sus obras reproducen sistematicamente los lugares más singulares del paisaje veneciano.

"Vista de la Plaza de San Marcos en Venecia hacia el este, en dirección a la Basílica" (1.739-1.740)
(Giovanni Antonio Canal, Canaletto)

"El Gran Canal de Venecia en dirección nordeste, desde el Palacio Dolfin-Manin hacia el Puente de Rialto" (1.739-1.740)
(Giovanni Antonio Canal, Canaletto)

La obra de Francisco Guardi continúa con la tradición veneciana del 'vedutismo', pero se aleja de la meticulosidad y objetividad propias de la obra de Canaletto y desarrolla un estilo más atrevido y personal, en el que los personajes y sus actitudes adquieren un mayor protagonismo.

"La arcada del Palacio Ducal de Venecia en dirección hacia San Giorgio Maggiore" (1.775-1.780)
(Francesco Guardi)

Este auge del turismo puso de moda la ejecución de vistas de otras ciudades, como las de Madrid llevadas a cabo por Antonio Joli, e incorporó el gusto por imágenes de ruinas monumentales inventadas, como las pintadas por Hubert Robert.

La obra de Pietro Antonio Rotari me sorprende gratamente, poniendo de manifiesto el interés de Alicia Koplowitz por artistas que se alejan de los grandes nombres y de las opciones más evidentes. El formidable retratista italiano del siglo XVIII pinta escenas reposadas, suaves y aporcelanadas, protagonizadas por jóvenes idealizados que generan en el espectador un amplio espectro de sutiles emociones.

"Pareja de retratos de un niño y una niña con libro" (1.756-1762)
(Pietro Antonio Rotari)

 
"La ensoñadora" y "La voluptuosa" (1.756-1762)
(Pietro Antonio Rotari)

Raimundo de Madrazo nos abre las puertas del siglo XIX, mostrándonos el gusto por una pintura anecdótica destinada a la burguesía, sin carga intelectual, en la que predomina el detalle y la precisión técnica.

"La siesta" (1.875)
(Raimundo de Madrazo)

En "La siesta" Madrazo recrea una agradable escena protagonizada por Aline Masson -su modelo habitual-, combinando un fondo vegetal simplificado y un primer término preciso y colorista de la chica tendida relajadamente sobre un diván.

La colección evita a los pintores impresionistas para centrarse en los nuevos lenguajes plásticos surgidos a finales del siglo XIX, que renuevan el panorama visual del momento y nos conducen hacia la modernidad.

"Jarrón con claveles" (1.890)
(Vicent Van Gogh)

Realizada en julio de 1.890, esta naturaleza muerta muestra la extraordinaria capacidad de síntesis formal que alcanza Van Gogh al final de su carrera. El pincel dibuja con el azul el contorno de la mesa en la que reposa un vaso de cristal lleno de claveles blancos y malvas. De la somera descripción de la mesa y la leve sombra del vaso reflejada en su superficie, se pasa al más carnal modelado de las flores cargadas de materia.

"La lectora" (1.889)
(Toulouse-Lautrec)

Con su representación de la mujer parisina de ambientes mundanos, Toulouse-Lautrec superó los arquetipos estéticos de la belleza femenina. El retrato de su vecina Hélène Vary es una versión actualizada de las elegantes lectoras que venían protagonizando la pintura europea desde finales del siglo XVIII. La naturalidad y concentración de Hélène hace que su actitud difiera de las idealizadas mujeres, distantes y absortas, de la escuela académica.

Gaugin lideró la transformación de los postulados impresionistas hacia propuestas más subjetivas, proponiendo un ideario basado en la simplificación de la representación formal, el rechazo a la perspectiva clásica y la separación del color en planos de contornos perfilados.

"Mujeres a la orilla del río" (1.892)
(Paul Gauguin)

"Mujeres a la orilla del río" es un cuadro pintado durante su primer viaje a Thaití, una época en la que sus obras tienden hacia la abstracción formal y se caracterizan por el primitivismo de sus figuras y un apasionado uso del color que genera una impactante impresión de movimiento.

La exposición muestra la irrupción del arte de vanguardia a comienzos del nuevo siglo y permite una aproximación a las nuevas búsquedas estéticas llevadas a cabo en torno al color, la forma y la composición.

"Desnudo de medio cuerpo con cántaro" (1.906)
(Pablo Picasso)

En 1.906, Picasso funde la influencia del clasicismo mediterráneo con la de la obra del pintor francés neoclásico Ingres para pintar el perfil semidesnudo de una joven representada con una reducida gama de colores ocres y grises.


"Mujer con sombrero grande" (1.906)
(Kees Van Dongen)

Un año antes de que Van Dongen pintara su "Mujer con sombrero grande", sus obras y las de un nutrido grupo de artistas denominados 'fauvistas' fueron objeto de controversia en el Salón de Otoño de París por emplear como único lenguaje pictórico la pureza y expresividad del color. Muchos de ellos centraron su atención en las clases mundanas y, en especial, en un tipo de mujer sensual y provocadora, arquetipo de la 'femme fatale', que inspiró multitud de obras, como esta, en las que el uso violento del color y los contornos delimitados adquieren todo el protagnismo.

A pesar de su corta vida, el austriaco Egon Schiele es considerado uno de los máximos representantes del expresionismo europeo gracias a su prolífico trabajo íntimo y compulsivo. Sus inicios, vinculados al modernismo vienés, le granjearon un dominio de la línea que evolucionó hasta desarrollar complejas representaciones donde la figura humana, generalmente distorsionada, desnuda y sexualmente explícita, era la protagonista.

"Mujer con cabello rubio desnuda, agachada y apoyada sobre el brazo izquierdo" (1.914)
(Egon Schiele)

Esta mujer rubia es un buen ejemplo de su producción: mediante un trazo nervioso, en ocasiones crispado, siluetea el cuerpo desnudo de la protagonista, para después aplicar estratégicos toques de color con los que le dota de volumen. Sobre un fondo vacío, la protagonista adopta una postura poco convencional, cargada de erotismo, que le permite al artista ofrecernos una imagen carente de prejuicios y de pudor, en consonancia con la forma de pensar de la sociedad vienesa del momento.

"Mujer con vestido azul" (1.911)
(Egon Schiele)

En la década de 1.910, su expresionismo se encaminó hacia la simplificación de las formas llegando en ocasiones, como en esta mujer vestida de azul, a rozar la abstracción.

La representación del cuerpo humano fue uno de los temas preferidos de Modigliani, que desarrolló toda su carrera en París. Retratista afamado, recuperó la gran tradición del retrato italiano de media figura y utilizó, sobre todo en sus personajes femeninos, un canon de belleza especialmente alargado.

"La pelirroja con colgante" (1.918)
(Amadeo Modigliani)

Muchas de sus mujeres, como esta pelirroja con colgante de aire ausente, aparecen absortas en sus pensamientos y comparten un físico melancólico en el que destacan los cuellos largos y delgados y los rostros ovalados de grandes ojos almendrados.

Tras su invención por parte de Picasso y Braque, el cubismo alcanza una de sus cotas más altas de calidad y refinamiento con la obra de Juan Gris.

"Violín y periódico" (1.917)
(Juan Gris)

Dominada por melancólicos claroscuros y una paleta abreviada de tonos fríos, los elementos reconocibles de esta naturaleza muerta -violín, botella, periódico...-, se desdoblan en cuatro grandes campos cromáticos contenidos dentro de una forma romboidal u oval.

A lo largo del siglo XX se vive una auténtica revolución en materia artística. Se cuestiona todo el arte del pasado y se desarrollan nuevos movimientos y propuestas estéticas que desembocan en la abstracción, ampliamente representada en esta colección. La figuración, sin embargo, nunca llega a desaparecer del todo, aunque se manifiesta en base a unos prinicipios diferentes a los de los siglos anteriores.

Antonio López nos muestra imágenes sosegadas y atemporales, como queriendo establecer un diálogo con el arte del pasado.

"Cabeza griega y vestido azul" (1.958)
(Antonio López)

Aunque cosntruido con elementos reales, este bodegón presenta un aire clásico y surreal que lo relaciona con la pintura metafísica italiana, bajo cuya influecia Antonio López trabajó durante un tiempo.  La composición se sitúa en el interior de una habitación que se abre a una calle de Tomelloso, localidad manchega en la que nació el autor. En ese espacio, sobre una mesa, se reúnen varios objetos: un ramillete de lilas en un vaso, un relój, una escayola de las que se utilizan en las escuelas de Bellas Artes para aprender a dibujar... La sombra de perfil de esta cabeza clásica y la presencia del vestido, colgado de una percha a contraluz, refuerzna el aire surreal de la escena.

Conforme avanza el siglo la diversidad de lenguajes artísticos es cada vez mayor. El recorrido propuesto por esta colección culmina con una serie de obras que se recrean en el carácter experimental del artista y reflejan la necesidad de los artistas de explorar nuevos territorios que a mí, de momento, no me interesan...

Mali se convirtió, junto a París y Mallorca, en uno de los principales centros de la actividad artística de Miquel Barceló durante la década de 1.990. En los paisajes del país subsahariano encuentra su pintura matérica un motivo ideal de expansión creativa.

"Lago amarillo" (1.990)
(Miquel Barceló)

En este caso, el lienzo, realizado a partir de los apuntes tomados por el artista durante un viaje fluvial por el Níger, describe con gran realismo el efecto cegador de la luz solar reflejada en la laguna. El desértico paraje se representa  desde un punto de vista alto y elude la línea del horizonte. Sobre la planicie lacustre se dibujan los perfiles cargados de materia de los animales, la vegetación y el volumen de las rocas.

martes, 28 de mayo de 2013

MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA: un paseo por la historia del arte (I)

Madrid, 15 de mayo de 2.013


Durante mi estancia en Madrid tenía pensado visitar la exposición que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia dedica a Dalí pero a última hora, he optado por posponerlo y dejarlo para nuestra próxima visita a la capital.
A cambio, sin demasiado tiempo para planificarlo, me he dirigido al Museo Thyssen-Bornemisza decidido a contemplar la exposición dedicada a los pintores impresionistas, "Impresionismo al aire libre, de Corot a Van Gogh", pero me he llevado la desagradable sorpresa de que ésta fue clausurada hace un par de días y que en su lugar se ha inaugurado una muestra dedicada al hiperrealismo que no me seduce demasiado así que, ya en la puerta del museo, he optado por visitar su colección permanente.



El Museo Thyssen-Bornemisza abrió sus puertas en octubre de 1.992 y constituye junto al Museo del Prado y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia el denominado "triángulo del arte" de Madrid.
Asentado en el Palacio de Villahermosa, en la confluencia del Paseo del Prado con la Carrera de San Jerónimo, sus salas albergan la Colección Thyssen-Bornemisza, adquirida por el estado español al Barón Thyssen en 1.993, y ofrecen al visitante la posibilidad de sumergirse en un apasionante viaje por la historia del arte, desde los últimos años del siglo XIII hasta las postrimerías del siglo XX.


En el año 2.004 se ampliaron las instalaciones del Palacio de Villahermosa, lo que permitió incrementar el número y la variedad de las exposiciones temporales programadas y albergar parte de la Colección Carmen Thyssen-Borenmisza, cedida por la baronesa al estado español y que complementa la colección permanente del museo.

Archivo: Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid) 02.jpg

La colección permanente del Museo Thyssen-Bornemisza se distribuye en tres plantas con un recorrido sugerido que se inicia en el segundo piso.
La visita comienza con los Primitivos Italianos y continúa con manifestaciones del Renacimiento (Tintoretto, el Greco...) y del Barroco (Caravaggio, José Ribera, Rubens, Murillo...), incluyéndose en el itinerario dos salas monográficas dedicadas al retrato en el renacimiento y a las vistas de ciudades en el siglo XVIII.


"La adoración de los Reyes" (1.360-1.365)
Luca di Tommè

"Díptico de la Anunciación" (1.433-1.435)
Jan van Eyck


"Retrato de Giovanna Tornabuoni" (1.489-1.490)
Domenico Ghirlandaio

"Joven caballero en un paisaje" (1.510)
Vittore Carpaccio
"Joven caballero en un paisaje" se trata de uno de los primeros retratos de cuerpo entero de la pintura europea y hasta 1.919 fue atribuido a Durero debido en parte a la gran minuciosidad con que están detalladas la flora y la fauna del paisaje, de gran poder simbólico.


"Retrato de una dama hilando" (1.535)
Maerten van Heemskerck

"El anuncio a la mujer de Manué" (1.555-1.559)
Tintoretto
El episodio representado por Tintoretto en esta tela se encuentra recogido en el Libro de Jueces.
Un ángel se apareció a la mujer de Manué, esteril, para anunciarle que concebiría un hijo cuya cabeza no habría de tocar la navaja porque sería nazareo de Dios. Su nombre fue Sansón.


"El encuentro entre Tamar y Judá" (1.555-1.559)
Tintoretto
El encuentro entre Tamar y Judá que Tintoretto representa tomándose algunas licencias está recogido en el Libro del Génesis.
Judá, casado con Sué, tuvo tres hijos varones: Er, Onán y Sela. Er contrajo matrimonio con Tamar pero fue malo a los ojos de Yavé y éste lo mató. Judá, al no tener descendencia de su primogénito, propuso a su segundo hijo, Onán, que mantuviera relaciones con su cuñada a fin de asegurar la prole de la familia. La sugerencia fue desestimada por Onán y Yavé también lo mató por no ser su conducta la deseada. Ante estos acontecimientos, Judá ordenó a Tamar regresar a casa de su padre, en Tamna, hasta que su tercer hijo, Sela, se hiciera mayor. Pasaron los años: Judá enviudó y un día comentaron a Tamar que su suegro había viajado a Tamna al esquileo. Tamar se despojó entonces de sus ropas de viuda y vistiéndose con un velo se sentó a la entrada de Enaím, en el camino de Tamna. Cuando Judá pasó por allí, al verla con el rostro cubierto, le confundió con una meretriz y yació con ella. A cambio, Tamar solicitó en prenda por la prestación del servicio, hasta que recibiera un cabrito del rebaño de Judá, su sello, el cordón del que éste colgaba y su báculo. Judá intentó enviar a la mujer el cabrito acordado a través de su amigo Jira, pero éste no la encontró y a los tres meses supo que su nuera Tamar se había prostituido y estaba encinta. Pidió entonces que la quemaran pero cuando ella mostró las prendas del hombre del que estaba embarazada exclamó: "mejor que yo es ella".


"La Anunciación" (1.576)
El Greco
La Anunciación, igual que La Adoración de los Pastores o las representaciones de San Pablo o San Francisco, son temas que El Greco repitió varias veces a lo largo de su carrera conformando series cuyo estudio permite observar la evolución del artista.
Esta Anunciación pertenece al periodo italiano de El Greco y poco tiene que ver con las telas que pinta una vez asentado en Toledo...



"La Anunciación" (1.596-1.600)
El Greco
Se trata de una reproducción en pequeño formato de la tela conservada en el Museo del Prado que formó parte del Retablo del Colegio de Doña María de Aragón.
El pintor capta el instante en que María acepta el mensaje del ángel que cruza sus brazos sobre el pecho en señal de veneración mientras en la parte superior del cuadro un coro de ángeles compone un rompimiento de gloria. Ambos mundos, el terrenal y el celeste, se unen por un haz de luz enmarcado por cabezas de querubines y por el que la Paloma del Espíritu Santo desciende sobre María.
El vivo colorido de las telas, sus contrastes y el personalísimo estilo de El Greco dotan de una enorme carga emocional a esta obra.


"La Inmaculada Concepción" (1.608-1.614)
El Greco y Jorge Manuel Theotokopoulus
Se trata de una evolución de un cuadro pintado por El Greco entre 1.580 y 1.585 para la Iglesia de San Román en Toledo que presentaba a una Virgen alargada flotando en el cielo en la que el pintor concede un mayor protagonismo al rompimiento de gloria consiguiendo un efecto etéreo mucho más marcado.
Se percibe un contraste en la ejecución de las figuras, obra de El Greco, y el fondo, pintado por su hijo Jorge Manuel.


"Santa Catalina de Alejandría" (1.598)
Caravaggio
La figura de Santa Catalina destaca por su naturalismo. Aparece vestida ricamente, como corresponde a una princesa, arrodillada sobre un cojín y rodeada por los atributos que aluden a su martirio: la rueda dentada y quebrada, la espada con que fue decapitada y la palma.
La luz ilumina de forma dramática la escena creando los característicos claroscuros del autor y realzando su valor expresivo. 


"San Jerónimo penitente" (1.634)
José de Ribera, el Españoleto
La pintura se construye con un intenso tenebrismo que nos remite a la obra de Caravaggio.
El santo cubre su cuerpo con un manto de intenso color rojo que deja ver parte de una anatomía que el pintor trata con una pincelada precisa mostrando las arrugas y los huesos que se trasparentan a través de la flácida y macerada piel del santo.  


"Venús y Cupido" (1.606-1.611)
Rubens
Ésta es una de las copias que Rubens realizó de Tiziano, tomando el tema de un cuadro del pintor italiano, propiedad de Felipe II y desaparecido durante la Guerra de la Independencia, del que un inventario de pinturas fechado en 1.636 en el Alcázar de Madrid realizado por orden de Felipe IV nos da una detallada descripción: "una pintura al óleo, de una Venus con los pechos desnudos, con ropa de levantar, carmesí, con brazalete de perlas en la mano derecha y en dedo pequeño, a la izquierda, un anillo, y Cupido delante de ella, desnudo, con un espejo en que ella se está mirando, es de mano de Tiziano y tiene moldura dorada y negra".



"San Miguel expulsando a Lucifer y a los ángeles rebeldes" (1.622)
Taller de Rubens
El triunfo del Arcángel San Miguel sobre el demonio fue un tema recurrente durante el siglo XVII ya que simboliza el triunfo de la Iglesia Católica sobre los protestantes.


"La Virgen y el Niño con Santa Rosa de Viterbo" (1.670)
Murillo
Esta tela corresponde a la etapa de madurez del artista y por sus dimensiones pudo estar destinada a algún altar.
Muestra en primer plano y a gran tamaño la escena principal del óleo enmarcando dentro de un triángulo las figuras principales:  la Virgen sosteniendo al Niño en brazos y Santa Rosa de Viterbo arrodillada entregándole una rosa.
En un lateral cuatro mártires vestidas de blanco y sosteniendo sus palmas comentan la escena y desde el cielo cuatro angelillos lo contemplan.
Las miradas y los gestos trasmiten la delicadeza y la ternura que Murillo supo capturar en sus lienzos.


"El Gran Canal desde San Vio,Venecia" (1.723-1.724)
Canaletto

"La Plaza de San Marcos, Venecia" (1.723-1.724)
Canaletto

Un espléndido paseo que nos conduce hasta dos galería dedicadas a los artistas norteaméricanos del siglo XIX, una de las grandes aportaciones que el museo ofrece y por lo que esta vez paso de puntillas ansioso por adentrarme en la explosión de luz impresionista y en las provocadoras propuestas del postimpresionismo y expresionismo alemán...