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jueves, 11 de agosto de 2016

PEÑA CABARGA: Cantabria es así...

Santiago de Cudeyo, 9 de agosto de 2.016


Los veranos aquí son así: ayer estábamos paseando por la playa de El Sardinero y dándonos un chapuzón, y para hoy se prevén cielos nublados y lluvias ocasionales...
¡Por eso me gusta Santander! No pasa nada: el truco es adaptarse a las circunstancias y no dejar nunca para mañana lo que puedas hacer hoy.

He madrugado y, al asomarme a la ventana, he comprobado que esta vez el hombre del tiempo no va a equivocarse... Dejamos la toalla y el bañador en el cajón, nos calzamos las botas de montaña y cogemos la makila: ¡¡¡nos vamos al monte!!!
Aparcamos junto al pantano de Heras y echamos a andar por una estrecha carretera asfaltada muy poco transitada que en menos de media hora nos conduce hasta Santiago de Cudeyo. Buscamos la bolera y nos sumergimos en la montaña...



Caminamos por una pista ancha que gana altura rapidamente. Dejamos atrás un bosque de eucaliptos y ante nosotros se despliega en seguida una amplia panorámica del arco sur de la bahía de Santander.


Recorremos el 'Itinerario 2' marcado en la montaña y recorremos una senda que avanza a media ladera hasta el extremo este del macizo de Peña Cabarga.



A partir de aquí aún habremos de salvar un terreno salpicado de robustos pinos, pero si volvemos la vista hacia el sur, al fondo, entre las nubes, vislumbramos ya nuestro objetivo de hoy.


En apenas hora y media hemos llegado al 'pirulí' de Peña Cabarga. No es el mejor día para disfrutar de las vistas que el Pico Llen nos regala, pero podía haber sido peor...


Mientras subíamos han caído cuatro gotas y el camino se ha mojado. Los patos no están hechos para caminar sobre piedras húmedas por terrenos embarrados así que, de mutuo acuerdo, optamos por volver al coche por la carretera. Durante casi dos horas destripamos a unos políticos ineptos, corruptos y sinvergüenzas, sin ningún sentido de la responsabilidad, incapaces de formar gobierno, que al menos hoy han servido para algo: nos han entretenido y el camino se nos ha hecho corto...

jueves, 1 de mayo de 2014

EXPLOTACIONES MINERAS DE LA SIERRA DE PEÑA CABARGA (III): un paseo por su vertiente sur

Santander, 11 de marzo de 2.014


A finales del siglo XIX, la mayor parte de las minas de Peña Cabarga se encontraban situadas en su vertiente sur mientras que los puntos de embarque del mineral estaban al otro lado de la montaña. 
Para transportar el material extraído unas compañías optaron por atravesar la sierra por su cumbre mientras que otras lo hicieron por bordearla por su extremo oriental.
Es el caso de la Sociedad Echevarría y Picavea y de la Compañía Minera Herrero, que en 1.898 comenzaron la construcción de sendos ferrocarriles en la ladera sur de la sierra.


El ferrocarril "Minas de Heras" formaba parte del proyecto ideado por Federico Echevarría y Rafael Picavea para conducir el mineral desde la parte baja de sus concesiones hasta el lavadero que en 1.897 habían empezado a construir al pie del extremo oriental de la montaña.
Para el transporte y embarque del mineral lavado firmaron un contrato con la Compañía del Ferrocarril Santander-Bilbao en virtud del cual ésta se comprometía a construir un ramal de unos dos kilómetros de longitud que permitiese trasladarlo desde los depósitos de material, situados junto a los lavaderos, hasta la estación de Heras y el cargadero de la compañía, situado en la ría de Tijero, aguas arriba del muelle de San Justo (propiedad de Minas Complemento).
A finales de 1.899 se constituyó la compañía Minas de Heras, que obtuvo la cesión de las minas de Echevarría y Picavea en la ladera sur de Peña Cabarga y también de su ferrocarril, cuyo trazado prolongó por la Vega del Rao para dar servicio al resto de minas que proyectaba explotar. De ahí que, a partir de un punto situado a unos siete kilómetros del lavadero, se construyesen varios apartaderos a los que llegaban los tranvías y planos de las minas más altas de la compañía. La prolongación más importante sería la que había de llevar el ferrocarril desde Valcaba hasta 'Mina Pepita' y 'Mina Mónica' a lo largo de casi cuatro kilómetros, con lo que el ferrocarril alcanzó una longitud total de once kilómetros.

La Compañía Minero Herrero, por su parte, comenzó en 1.998 la construcción de un ferrocarril denominado "Minas de Cabarga" con el que transportar el material extraído de sus minas, situadas en la vertiente sur de Peña Cabarga, muy próximas a las de Echevarría y Picavea, hasta un lavadero situado en una concesión en la marisma de la Ría de Tijero, junto a la estación de Heras.
La línea tenía una longitud superior a los diez kilómetros y medio y su trazado era similar al del ferrocarril proyectado por Echevarría y Picavea. En sus primeros tramos recogía el material procedente de las minas mediante planos inclinados y tranvías aéreos y lo trasladaba hasta el lavadero de Herás. El mineral lavado era cargado en vagones de la compañía y transportado utilizando el ferrocarril Santander-Bilbao.

Aprovechando los primeros rayos de sol de una incipiente primavera me desplazo hasta la vertiente sur de nuestra montaña pero contemplar de cerca los restos de aquellos caminos de hierro.


Dejo el coche en Cabárceno, a la entrada del parque, junto al recinto de los elefantes, y me acerco al Lago Acebo, que en sus orígenes fue un depósito de agua destinado al lavado del mineral y que actualmente ha sido recuperado convirtiéndolo en una agradable zona de esparcimiento.


Tomo un sendero que lo rodea por el norte y busco un camino rural que entre verdes prados se desliza hacia el este para llevarme al barrio de La Mazuga, en Penagos.


La carretera me conduce hasta las últimas casas del barrio para tomar un camino que serpentea ya por las faldas de la sierra ascendiendo envuelto por una densa masa forestal antes de tomar un desvío a la derecha que habrá de conducirme hasta el trazado de uno de los ramales del antiguo ferrocarril 'Minas de Heras'.




Empiezo a vislumbrar restos de las antiguas infraestructuras mineras y después de atravesar varias trincheras excavadas en la roca llego a los Pozos de Valcaba, un paraje de gran importancia ambiental debido a la coexistencia de varios ecosistemas diferentes constituido por dos lagos artificiales destinados al lavado del mineral.




Dejándoles atras y siguiendo los pasos del antiguo ferrocarril llego al barrio de Tarriba, en Pámenes. Abandono enseguida el asfalto para tomar un desvío a la izquierda, junto a unos columpios, que habrá de devolverme al pasado.
Ignorando de momento la desviación que conduce a 'Mina Colorá', continuo caminando hacia el este, siguiendo el trazado de los ferrocarriles que hace más de cien años recorrían estos parajes y que, en esta zona, abandonaban las profundas trincheras para deslizarse sobre amplios terraplenes hoy cubiertos de verde.




Llego al Pozo del Cubón, otro antiguo lavadero, y me reencuentro con el asfalto. La carretera asciende hacia el barrio de La Cuesta...
Probablemente fuese ése el camino correcto pero yo prefiero serle fiel a los vestigios del desaparecido ferrocarril y me dejo arrastrar hasta el barrio de La Encina.


El camino se acaba. Barajo la posibilidad de volver sobre mis pasos pero opto por saltar un par de alambradas y enfrentarme al amenazante ladrido de varios perros y la inquietante mirada de un puñado de vacas. Poco después encuentro el camino que ha de llevarme hasta el barrio de Rioz, en Sobremazas.



Desde aquí la carretera busca ansiosa el hueco existente entre el extremo oriental de la Sierra de Peña Cabarga y el Pico del Castillo para cruzar a la otra vertiente de la montaña. Paso junto a las instalaciones de la Granja La Mina y me encuentro con una extensa lámina de agua.


El Embalse de Heras fue construido en 1.897 por la Sociedad Echevarría y Picavea junto al arroyo Cubón para garantizar la abundancia y regularidad del caudal necesario para llevar a cabo las operaciones de lavado del mineral extraído de las entrañas de la montaña. En la actualidad el embalse es propiedad de la empresa Global Steel Wire (GSW) y sus aguas son empleadas para la refrigeración de circuitos en su fundición de Nueva Montaña.



Desde aquí el mineral todavía tenía que ser transportado hasta Heras pero las infraestructuras actuales hacen que ahora sea difícil seguirle la pista a aquellos trazados.

domingo, 16 de marzo de 2014

PEÑA CABARGA, MINA COLORÁ - BARRIO DE RIOZ: la niebla nos deja sin premio

Pámanes, 15 de febrero de 2.014

Hace sólo unos días que pasé por Pámenes ignorando un desvío que conducía a La Mina Colorá. Hoy he regresado con Javi al lugar del crimen...



Dejamos el coche en Sobremazas y desandamos el camino que hace unos días me llevo sobre el antiguo trazado de los ferrocarriles mineros que extraían el mineral de Peña Cabarga por su vertiente sur.
En media hora llegamos al barrio Tarriba, en Pámanes, y en vez de dirigirnos hacia el pueblo, continuamos caminando en línea recta por un sendero de color rojizo y comenzamos a subir hacia la sierra de Peña Cabarga.
Atravesamos una hermosa pradería que se desploma hacia el este y pasamos junto a una cabaña en ruinas. 


Un poco más adelante atravesamos la línea de árboles que nos flanquea por la izquierda y continuamos ascendiendo siguiendo las difuminadas marcas de pintura roja que señalan cual es el camino correcto. A nuestros pies quedan los Pozos de Valcaba, en los que se llevaba a cabo el lavado del material extraído de las entrañas de la montaña. 


En una pequeña depresión que se abre a nuestra izquierda intuyo que los árboles y la maleza disimulan la boca de la mina.


Continuamos subiendo y coronamos la sierra en un collado situado entre el Pico Llen y Castril Negro. El camino se difumina pero sabemos que la niebla que nos envuelve esconde a nuestra derecha los repetidores de Peña Cabarga. 
Nos dirigimos hacia ellos. Recorremos un sendero que atraviesa una zona salpicada de pinos y nos damos de bruces con el camino por el que subimos al Pico Llen cuando recorrimos la Sierra de Peña Cabarga desde La Concha de Villaescusa.
La última rampa es exigente pero en poco más de dos horas hemos llegado a los pies del Monumento al Indiano. La niebla nos deja sin premio: ¡hoy aquí no hay nada que ver!

Descendemos por la carretera asfaltada hasta la zona de las cabañas y allí tomamos un desvío a nuestra derecha que habrá de llevarnos al Barrio de Rioz, en Sobremazas.



En frente nuestro se eleva el monte Pico Castillo y a nuestros pies se extienden el embalse de Heras y el búnker del Banco Santander, con su inquietante Ojo Rojo que todo lo ve.


Unas balizas de madera nos conducen hasta el interior de un bosque de eucaliptos por el que descendemos hasta las casas situadas junto a la carretera que va de Sobremazas al pantano.
Volvemos al asfalto y después de una hora regresamos al coche, que habíamos dejado aparcado junto al área recreativa de La Covachona, un hermoso paraje en el que las aguas de esta surgencia kárstica se unen al Arroyo Cubón.


Intenet hablada de un recorrido de algo más de cinco horas y media. El monte nos ha regalado dos horas: algo tendremos que hacer con ellas...


miércoles, 11 de septiembre de 2013

SIERRA DE PEÑA CABARGA: el Pico Llen custodia mi bahía

La Concha de Villaescusa, 6 de julio de 2.013


Paseando por la Avenida Reina Victoria me cruzo con la serena figura de Gerardo Diego.
Me siento junto a él y a nuestros pies se desparrama una de las bahías más bonitas del mundo.


"Cristal feliz de mi niñez huraña,
mi clásica y romántica bahía...
La muerte, madre mía, a ti me una:
agua en tu agua, arena de tu arena"

("Bahía natal", Gerardo Diego)


Volvemos la vista a nuestra derecha y al fondo, entre los árboles, vislumbramos la imponente silueta de Peña Cabarga que, perezosa, se yergue para contemplar la más hermosa postal de Santander.

Peña Cabarga,
norma humanizada de mi arte y mi alma en piedra viva,
maestra de la noble perspectiva, siempre fiel de tus valles rodeada,
ya te me acerques agria en la otoñada, si el ábrego te empuja y no derriba,
ya tras la lluvia, ciego, te conciba
o, ausente, palpe tu memoria amada,
ya te cubras de nieblas,
o te destoques, nimbada del abril, novia de foques, reina de mi paisaje, hermosa y larga, 
tu lomo puro y grave -línea, quicio de mi cielo y mi tierra- te acaricio
y nace el verso así, Peña Cabarga.

("Peña Cabarga",Gerardo Diego)


Una y otra vez he pospuesto mi propósito de recorrer la Sierra de Peña Cabarga desde Obregón hasta el Pico Llen (568 m) pero hoy, por fin, decidí no dejarlo para otro día.

Mis "Cincuenta rutas por las montañas de Cantabria" contemplan el comienzo de nuestro recorrido en la explanada de acceso al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, pasando bajo el trazado del antiguo ferrocarril Santander-Ontaneda y subiendo por una carretera de fuerte pendiente, pero esta opción implica el abono de la entrada al parque -algo que hoy carece de sentido-, por lo que nos vemos obligados a buscar una ruta alternativa.

Junto a la antigua estación de tren de la Concha de Villaescusa, desde la Vía Verde de Villaescusa, parte un camino que debería llevarnos hasta el cordel de Peña Cabarga.
Entre árboles comenzamos a subir por un camino en el que el hormigón no tarda en ser sustituido por tierra y roca y pronto atravesamos una portilla y llegamos a un hermoso y amplio pastizal en el que destacan dos cabañas y un árbol solitario en cada extremo.



Continuamos subiendo junto al árbol de la izquierda (este) y pronto llegamos a la carretera que circunvala el Parque de la Naturaleza de Cabarceno.
Estamos dentro del parque y una escandalosa familia de papiones acude a darnos la bienvenida. Bordeamos su recinto y tras pasar el mirador del Alto de Rubi (260 m) llegamos al espacio dedicado a los linces boreales.

Con el poderoso rugido de los leones retumbando en nuestros oídos abandonamos el parque y empezamos a recorrer el cordal en dirección este disfrutando de las impresionantes vistas del parque que se despliegan bajo nosotros.
La fauna salvaje de Cabárceno es sustituida por apacibles vacas que pastan pacientemente y por intrépidas cabras cuya silueta se recorta, a lo lejos, entre las rocas. 
Alcanzamos un collado en el que sobreviven al paso del tiempo los restos de algunas instalaciones mineras y desde ahí subimos a Castril Negro (458 m) cuya cima esta coronada por varias antenas.
La ascensión a este pico no hubiese sido necesaria pero merece la pena para comenzar a disfrutar de las impresionantes vistas que dominan la vertiente septentrional de la sierra.



Una vez allí deberíamos haber vuelto sobre nuestros pasos y continuar nuestro camino por una cómoda pista que se extiende hacia el este por un terreno fácil y despejado en la vertiente norte de la montaña pero no quisimos volver atrás y nos empeñamos en seguir la línea del cordal atravesando un incómodo y exigente lapiaz que nos dificultó bastante el paseo.
Después de un buen rato, entretenidos y magullados, nos reencontramos con el camino que nunca debimos abandonar. Buscamos el este, con los repetidores de televisión como referencia, y pronto acometemos la corta pero exigente ascensión final al pico Llen (568 m).



Allí el Monumento al Indiano y a la Marina de Castilla preside las impresionistas vistas que nos rodean por los cuatro costados alzándose, vigilante, sobre la bahía de Santander.



El popular 'Pirulí' de Peña Cabarga fue diseñado por Ángel Hernández Morales y José Calavera Ruiz y fue inaugurado el 8 de julio de 1.968. Consta de una desaprovechada sala circular atravesada por una torre a la que se accede por una alargada estructura tipo puente. 


La Diputación Provincial de Santander dedica este monumento entre el cielo y el mar a la gloria de nuestra Marina y de nuestros emigrantes. Que siempre, como hasta aquí, Dios alumbre el rumbo de los navíos españoles por todos los mares y aliente las esperanzas de los que se arrancaron de su patria para abrirse paso por el mundo. Sepan marinos e indianos, desde su puesto en la historia como Pero Niño o Juan de la Cosa, en el ápice del triunfo de su generosidad como Valdecilla o Comillas, o desconocidos en el anónimo del deber cumplido o del empeño inalcanzado, que su dulce Cantabria tiene siempre para ellos abiertos los brazos de sus montañas y propicios los arrullos de sus olas.


Nos zampamos el bocata y saboreamos las vistas pero la niebla no tarda en envolvernos y comenzamos un prolongado y exigente descenso de casi seis kilómetros por una carretera salpicada con los nombres de algunos de los deportistas que han subido esta montaña cuando la Vuelta Ciclista a España ha visitado estos lares.



El descenso es lo más duro.
A los pies de Peña Cabarga nos espera el segundo coche (el primero lo dejamos en La Concha de Villaescusa). Nos descalzamos y aliviados regresamos a Santander.
Vuelvo a la Avenida de Reina Victoria y saludo a Don Gerardo.
Me siento a su lado y, como él, miro a lo lejos...
Una sonrisa ilumina mi rostro: ¡ésta también es mi bahía!


martes, 16 de julio de 2013

EXPLOTACIONES MINERAS DE LA SIERRA DE PEÑA CABARGA (II) - MINAS COMPLEMENTO: las raíces del ala oeste

San Salvador, 14 de julio de 2.013

El ferrocarril de la Orconera se convirtió en la infraestructura más importante de las vinculadas a las explotaciones mineras de la Sierra de Peña Cabarga durante el siglo XX, pero no fue la única.
Otras compañías instaladas en la sierra durante los últimos años del siglo XIX utilizaron el ferrocarril de vapor para transportar el mineral extraído de sus entrañas.


José Mac Lennan era el propietario de las minas Complemento. A finales del siglo XIX se las arrendó, junto con los lavaderos proyectados frente a la estación de ferrocarril de San Salvador, a la compañía santanderina Sociedad Minas Complemento, fundada en 1.898.



En 1.902 la compañía concluyó la construcción del ferrocarril proyectado por su antiguo propietario para transportar el material extraído en las minas desde el pie del plano inclinado, situado en el barrio Santa Ana de Liaño, hasta su lavadero. Allí era descargado y, aprovechando la fuerza de la gravedad originada por los 18 metros de desnivel existentes, ocho batideras y cuatro dragas eliminaban sus impurezas antes de transportarlo por una segunda línea de ferrocarril de 200 metros de longitud que, pasando sobre las vías de la línea Santander-Solares, lo llevaba hasta un embarcadero situado en la confluencia de la Ría de Tijero con la Ría de Solía. 
El muelle de San Justo, uno de los más antiguos de la bahía, fue adquirido por Mac Lennan en 1.886 y la compañía Sociedad Minas Complemento hubo de reformarlo para aumentar la capacidad de embarque del mineral lavado que desde aquí se trasladaba a los centros de consumo.
En 1.902 la compañía San Salvador Spanish Iron Ore, cuyas instalaciones habían sido inauguradas en 1.891, acometió la construcción de una linea de ferrocarril de 1.042 metros de longitud para transportar mineral desde su lavadero hasta el muelle de carga de la Sociedad Minas Complemento que, pagando un canón, podía utilizar desde su origen en virtud del acuerdo alcanzado entonces con Mac Lennan.

Los 2,4 kilómetros del ferrocarril de Minas Complemento discurrían con una pendiente ligeramente favorable y contemplaban la construcción de un apartadero, dos túneles -el del Trochuzo (300 ml) y el de la Maza (200 ml)-, varios terraplenes y un gran número de pontones, entre los que que cabe destacar los que salvaban la cadena flotante de la sociedad San Salvador Spanish Iron Ore y el barranco de la Teja, y requirieron la ejecución de varias obras de fábrica complementarias para corregir algunos corrimientos de tierra de cierta consideración acaecidos poco tiempo después de su inauguración




La compañía Minas Complemento se disolvió en 1.920, al agotar sus yacimientos, aunque se continuó embarcando mineral almacenado hasta 1.924. El lavadero y el ferrocarril dejaron de utilizarse y el muelle de San Justo fue abandonando pero si nos acercamos a San Salvador aún podemos encontrar algunos vestigios del pasado.

Junto a la antigua carretera nacional que atraviesa San Salvador se alza un sobrio y voluminoso edificio de planta cuadrada que en el pasado albergó las oficinas de la sociedad.


Si echamos a andar por la parte posterior del edificio y pasamos bajo los dos viaductos construidos para que la jovencísima Ronda de la Bahía salve las marismas de San Salvador, por encima de la línea de ferrocarril Santander-Bilbao y bajo el puente que permite a la autovía A8 cruzar la Ría de Solía llegamos a la confluencia de ésta con la Ría de Tijero y, si tenemos suerte y la marea está baja, podremos contemplar el arranque de los seis pilares de mampostería que en el pasado sostuvieron el transitado muelle de San Justo, muy próximos a los restos del embarcadero de la Compañía del Ferrocarril Santander-Bilbao, inaugurado en 1.898 y el único de la zona que no pertenecía a una compañía minera.

Archivo: Restos de Antiguos muelles @ San Salvador.jpg

Regresamos junto a las antiguas oficinas de la compañía minera.
Enfrente de éstas, al otro lado de la carretera, podemos contemplar los restos de una serie de fábricas de mampostería y ladrillo que permiten la formación de una serie de bancadas escalonadas hoy cubiertas de vegetación pero que antaño permitieron la instalación del lavadero de mineral.


Caminando por la carretera que desde la fábrica de prefabricados de hormigón situada junto a la ría conduce hasta Santiago de Cudeyo llegamos a la parte superior del lavadero y un amplío horizonte se abre frente a nosotros.
Intuimos los últimos metros del antiguo trazado de la línea de ferrocarril que permitía transportar el material extraído de la tierra hasta aquí y tratamos de seguirlo pero se sumerge en un túnel y desaparece.
Lo he buscado pero no he conseguido encontrarlo. Tal vez vuelva a intentarlo...