Santander, 30 de noviembre de 2.012
Jadris es Adrián Incera, un cantautor peculiar, un poco extravagante, bastante antipático aunque intente hacerse el graciosete, que se autodefine como un "indie" de pueblo y que afirma no tocar asíduamente en Santander porque no le da la gana.
Ayer, sin embargo, se desplazó desde Ontaneda hasta nuestra ciudad.
Trasladó al Opium su saloncito: una alfombra ciurcular, una mesita, un teléfono del siglo pasado, una pequeña maleta con sus discos y una lámpara que no sabía muy bien hacia donde orientar; invitó a un puñado de amigos a acompañarle en el escenario y juntos presentaron algunas de sus canciones y versionaron otras ("Una noche sin ti", "Cadillac solitario"...).
Escuchándole resulta imposible no acordarse de otro pasiego, aunque sea de adopción, enamorado de Nashville.
Trasladó al Opium su saloncito: una alfombra ciurcular, una mesita, un teléfono del siglo pasado, una pequeña maleta con sus discos y una lámpara que no sabía muy bien hacia donde orientar; invitó a un puñado de amigos a acompañarle en el escenario y juntos presentaron algunas de sus canciones y versionaron otras ("Una noche sin ti", "Cadillac solitario"...).
Escuchándole resulta imposible no acordarse de otro pasiego, aunque sea de adopción, enamorado de Nashville.
Sus canciones tienen el aroma del rock américano más profundo.
Me ha pasado con él lo mismo que a él con Loquillo: sus canciones me han gustado pero él me ha parecido un gilipollas.
No estoy muy conforme con la expresión, máxime cuando ni siquiera conozco al personaje en cuestión, pero no soporto que los artistas aprovechen el escenario para faltar el respeto a compañeros ausentes con los que no comparten ideas, gustos o formas de trabajar. Con ignorarles y dedicarse a lo suyo deberían de tener bastante.
Me gustaron las canciones pero no el envoltorio.