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jueves, 31 de octubre de 2019

CUENTOS PARA NIÑOS PERVERSOS: ¡qué corra la sangre!

Santander, 13 de octubre de 2.019


Ramón Enríquez y Paloma Leal, miembros de la compañía zamorana Baychimo Teatro, presentan su sangrienta y cinematográfica versión de algunos de los maravillosos, increíbles, sorprendentes y graciosos “Cuentos en verso para niños perversos” firmados por Robert Dahl en 1.982.


<<¡Si ya nos las sabemos de memoria!>>, diréis,
y, sin embargo, de estas historias tenéis una versión falsificada, rosada, tonta, cursi, azucarada…,
que alguien con la mollera un poco rancia
consideró mejor para la infancia.

¿Qué pasaría si Caperucita Roja paseara por el bosque con un arma escondida bajo su ropa, si los tres cerditos y la pequeña fueran viejos conocidos, o si Cenicienta huyera de los compromisos reales? Los ingredientes de estas hipótesis fantásticas están servidos; solo hay que cocinarlos…



Los titiriteros de Baychimo abandonan las sombras y a rostro descubierto rompen cualquier regla de manipulación no escrita dejándose arrastrar por el frenético ritmo de una exagerada selección musical. Estamos listos: ¡qué corra la sangre!



Estando una mañana haciendo el bobo, le entró un hambre espantosa al Señor Lobo, quien, para echarse algo a la muela, se fue corriendo a casa de la Abuela.
Se la comió de un bocado, pero era flaca y tan huesuda que no le fue de gran ayuda: <<Sigo teniendo un hambre aterradora… ¡Tendré que merendarme a otra señora!>>. Buscó, más, al no en-contrar ninguna en la nevera, se disfrazó de abuela y se sentó en espera de la nieta.

Llegó Cape y dijo:
-¿Cómo estás abuela mía? Por cierto, me impresionan tus orejas…
-Son para oírte mejor, que las viejas somo un poco sordas
-¡Abuelita, que ojos tan grandes tienes!
-Claro, hijita, son las lentillas que me ha puesto el oculista para que pueda verte mejor -dijo el animal mirándola con gesto angelical.
-¡Oye! Qué imponente abrigo de piel llevas este invierno, ¿no?
-O no te sabe el cuento, o tu me mientes -dijo el lobo estupefacto-. ¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!

Cape, fría como un témpano, sacó un revólver del corsé, apuntó a su cabeza y -¡pam!-, allí cayó la buena pieza. Desde entonces la dulce niña pasea por el bosque con un sobrepelliz de piel que perteneció a un lobo que una mañana estuvo haciendo el bobo.



Tiempo después, sonó, un día, el teléfono en su casa:
-¡Aló! ¿Quién llama?
-Cape, escucha: soy Guarrete, el mayor de los tres cerdetes. El Lobo se ha desayunado a mis dos hermanos, pero no ha quedado del todo satisfecho y ahora quiere comer otro cochino. “Conmigo no podrás”, le he dicho, pero amenaza con volar mi casa por los aires y almorzar marrano. He pensado que, como tú de lobos sabes mucho, quizás puedas dejarle sin cartuchos.
-Querido marranín, porquete guapo, no te inquietes: iré dentro de un rato.

Llegó Cape a casa de Guarrete y se encontró al lobo en medio del camino, con los dientes brillando cual puñales relucientes y los ojos como brasas encendidas, todo él lleno de impulsos homicidas. Echó mano la dulce niña a su corsé y, sacando el arma, apuntó y disparó alcanzando al Lobo en punto tan vital que la lesión le resultó fatal.

“¡Caperucita es la mejor!”, gritó el ingenuo cochino. Gran pecado fue fiarse de la niña del corsé, pues ahora esta luce dos imponentes pellizas de lobo y un maletín de mano hecho con la mejor piel de marrano.


Entretanto, las hermanastras de otro cuento se marcharon a palacio dejando a la pequeña Cenicienta partiendo leña en la bodega. Allí, entre ratones, llora, grita, golpea la pared y se desgañita:
-¡Quiero salir de aquí!
-¿Qué puedo hacer por ti, Ceny querida? -le pregunta su hada madrina-. ¿Por qué gritas así? ¿Tan mala vida te dan esas lechuzas?
-¡Ellas van al baile y yo no! ¡Quiero un traje de noche, un paje, un coche, zapatos de charol, sortija, broche, pendientes de coral, pantys de seda y aromas de París para que pueda enamorar al Príncipe en seguida con mi belleza fina y distinguida!



Dicho y hecho. En menos tiempo del que aquí se cuenta, Cenicienta se personó en palacio y bailó con el Príncipe abrazándolo con tal vigor que perdió este su valor, pero al dar las doce pensó: <<Nena, como no corras, buena la haces>>.
“¡No me abandones!”, gritó el Príncipe agarrándose a sus riñones. La pobre escapó, pero perdió un zapato y el muchacho, embobado, anunció: “¡La dueña del pie que entre en el zapato será mi dulce esposa, o yo me mato!”.

En cuanto salió el sol, salió su alteza en busca de la dueña de la prenda. De casa en casa fue, violentando a muchas damas y cercenando sus cabezas. Al verlo, Cenicienta pensó: <<¡Caray! ¡Qué bárbara es su alteza! ¡Con este yo no me caso!>>
En la cocina, brilló entonces la vara del Hada Madrina:
-¡Pídeme lo que quieras, Cenicienta, que tus deseos corren de mi cuenta!
-No quiero ya ni príncipes ni nada que pueda parecérseles. Quiero algo más difícil e infrecuente: ¡un compañero honrado y buena gente!

En menos tiempo del que aquí se cuenta, se descubrió Cenicienta a salvo de su Príncipe y casada con un señor que hacía mermelada. Fueron muy felices y nos dieron con un tarro en las narices.

martes, 13 de agosto de 2019

PINXIT: manchas de color en movimiento

Santander, 5 de julio de 2.019


Cuando me enteré de que el Centro Botín iba a celebrar el cincuenta cumpleaños de la pequeña oruga glotona de Eric Carle, quise colarme en su fiesta, pero las invitaciones estaban agotadas…
Dejándome llevar por un impulso un tanto irracional, sin saber muy bien dónde nos íbamos a meter, imprimí tres entradas que habrían de permitirnos formar parte de “Pinxit”, un proyecto escénico diseñado por la compañía Baychimo Teatro para la primera infancia.



“Seguro que alguna vez has pensado en lo maravilloso que sería meterte dentro de una ilustración; ser muy pequeño dentro de un gran dibujo… ¡Pues ahora tu bebé puede experimentarlo!”

Entramos al auditorio y, tanto los adultos como los niños, nos sentamos en torno a una gran tela blanca acolchada sobre la que, dentro de un momento, se proyectarán imágenes en movimiento que cautivarán a los más pequeños…

El artista Arturo Ledesma desliza sus manos sobre una mesa de luz, permitiendo que el agua y la pintura se fundan con la música que suena de fondo…


El color se convierte en el auténtico protagonista del espectáculo y abduce a unos pequeños que no dudan en alejarse de los adultos que los acompañan para sumergirse en un mar de pintura en movimiento y perseguir las manchas de color que se proyectan sobre la tela que tienen frente a ellos.




Seducidos por los pinceles del singular flautista de Hamelín que dibuja para ellos, corren tras las vistosas burbujas bidimensionales que se deslizan sobre el suelo tratando de atraparlas con sus manos.



De manera espontánea comienzan a interactuar con el artista y no se cansan de jugar con el caleidoscópico universo de color que él crea para ellos en riguroso directo…