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sábado, 20 de agosto de 2016

NOCHES SABINERAS: envidamos con un farol al futuro

Torrelavega, 14 de agosto de 2016

Sin duda ésta iba a ser una noche apta solo para valientes...
Después de seis horas caminando por el monte le envidamos con un farol al futuro y nos dejamos arrastrar a un callejón sin salida. Nos dieron las diez y las once, las doce, la una... Compramos pastillas para volver a soñar y, convertidos en gatos sin dueño, probamos los licores del placer...

Torrelavega celebra la festividad de su patrona y, cinco años después, los chicos de Sabina vuelven al bulevar de los sueños rotos jpara burlarse del miedo dejando atrás antiguas fotos.


El 29 de junio de 2.006 Joaquín Sabina actuaba en el Palau Sant Jordi. Unos días antes, alguien había escuchado que los músicos de los Rolling Stones solían hacer unas jams muy especiales en las ciudades que visitaba la mítica banda; a raiz de aquello propuso a Pancho Varona que diera un concierto en el Zac Club de Barcelona, aprovechando la visita del cantante de Úbeda a la capital condal. Aquella llamada informal acabó convirtiéndose en un concierto programado con toda la banda de Sabina el 28 de junio de 2.006. Aquella noche fue en realidad la primera Noche Sabinera. De manera espontánea, músicos de Barcelona primero, y gente del público después, empezaron a desfilar por el escenario cantando las canciones de Joaquín sin orden ni fin en lo que se acabó convirtiendo en una noche mágica de sincero homenaje al cantautor.

Pancho Varona es el maestro de ceremonias, Antonio García de Diego el genio y Jaime Asúa, José Antonio Romer y Paco Beneyto los músicos que les escoltan. Mara Barros es la artista...
La 'perlita de Huelva', con faldas y a lo loco, convertida en una chica Almodóvar más: como Pepi, como Luci, como Boom..., sin pasión ni pecado, y un poquitín boba, baila con ellos su último cuplé mietras canta las canciones de Sabina como él nunca fue capaz de hacerlo.
Hoy faltaron artistas de renombre que se subieran con ellos al escenarios pero no valientes dispuestos a sellar con una canción su pacto entre caballeros y compartir un selfie con la cuadrilla de la muerte.


Diez años después, la vida sigue igual, aunque las cosas ya no son lo que eran...

viernes, 12 de febrero de 2016

NOCHES SABINERAS: aptas solo para valientes

Santander, 5 de febrero de 2.015


Antonio García de Diego y Pancho Varona llevan media vida vistiendo las letras de Joaquín Sabina. Los escenarios tiñen sus canas. Son sus más fieles escuderos y los tres comparten canciones. Desde el 29 de junio de 2.006, cuando el jefe está de vacaciones, ellos las sacan a pasear y buscan valientes que las quieran cantar.


Diez años después, se han inventado un nuevo formato que les ha permitido volver a Santander y esta noche se han subido al escenario del Café de Noa para hacer las delicias de un público fácil que ha llenado la sala para degustar otra Noche Sabinera.


El descaro de Pancho Varona (guitarra) y el arte de Antonio Garcia de Diego (guitarra y teclado) son ingredientes con los que uno cuenta de antemano. La sorpresa ha sido Mara Barros. La perlita de Huelva es mucho más que una cara bonita rezumando sensualidad. No debía de quererla y si embargo la quiero: es un torrente de voz que enriquece unos temas que nunca nadie cantó tan bien.


Más de hora y media de concierto y algo menos de treinta minutos de privilegiado karaoke para valientes inconscinetes. Siempre es un gusto saborear estas canciones...

martes, 22 de enero de 2013

Las NOCHES SABINERAS me reconcilian con las canciones del maestro

Madrid, 19 de enero de 2.013


Una ciclogénesis explosiva nos acecha mientras densos nubarrones negros se ciernen sobre mi incierto futuro. Llueve mucho pero se que detrás de las nubes sigue brillando un sol  espléndido.

Esta noche, en el escenario de la sala Galileo Galilei, Antonio García de Diego y Pancho Varona me han recordado que aún tengo más de cien motivos para no cortarme de un tajo las venas. Lo cierto es que no necesito tantos.
Tengo memoria, familia y amigos, tengo presente, pasado y futuro, tengo amores que matan y el lujo de no tener hambre, tengo el mar, tengo la luna, tengo Ecos, Tersipcores y Talías, y tengo dos ases escondidos en la manga.
Tengo la fortuna de tener cerca gente a la que quiero y con la que poder compartir inquietudes y preocupaciones, sueños y pasiones, viajes a Madrid, visitas al Santiago Bernabéu, Mundiales de Balonmano y noches de música como la de hoy.
No necesito mucho más.
Soy afortunado: ¡estoy vivo!

Joaquín Sabina es un maestro pero hace tiempo que no me pellizca.
Acumula canciones maravillosas con las que ya no me hace vibrar. Pequeños tesoros que sigue exponiendo, pero encerrados dentro de una urna de cristal.
Por suerte sus compañeros Pancho Varona y Antonio García de Diego, ésos con los que firmó la mayor parte de sus canciones, y sus músicos más fieles -Pedro Barceló (sustituido hoy por Paco Beneyto), Jaime Asúa y José Romero- siguen disfrutando lanzándose al ruedo y toreando unos temas bravos que siguen siendo capaces de embestir al corazón.

Cuando los compromisos de sus jefes se lo permiten se suben a pequeños escenarios para regalarnos sus particulares Noches Sabineras: reuniones de amigos en las que cantan temas del maestro y que terminan convirtiéndose en imprevisibles sesiones de karaoke en las que los invitados más valientes pueden subir al escenario para cantar lo que deseen.

Hace unos años pude vivir esta experiencia en Santander, en la sala BNS, y aunque no recuerdo cual fue la canción que escogió, aquella fue la primera vez que vi cantar a Quique González sobre un escenario.
Hoy, después de bastante tiempo sin tocar en Madrid, preveíamos un desfile continuo de artistas sobre el escenario, pero no ha sido así.
Pese a que dispersos entre el público que llenaba la sala se ha podido ver a gente como Ara Malikian, Txetxu Altube o los chicos de Love of Lesbian, el único invitado que ha compartido micro con los músicos de Sabina ha sido el hijo de Antonio García de Diego, que ha pasado algún apuro con la letra de "Corre, dijo la tortuga".
No ha hecho falta más. Ellos sólos se han bastado para pellizcarnos con sus 'transformers', cargados de sinceridad y sensibilidad.
Después ha comenzado la sesión de karaoke, una fiesta a la que sólo los compromisos con las autoridades municipales han podido poner fin. 

Ojalá pronto me reconcilie con el maestro Sabina; mientras tanto las Noches Sabineras me reconcilian con sus canciones: ¡grande Sabina!