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lunes, 24 de febrero de 2020

EL SOLDADITO DE PLOMO: un clásico sin palabras

Santander, 8 de febrero de 2.020


Tomando como punto de partida el tradicional cuento de Christian Andersen: “El soldadito de plomo”, el ilustrador suizo Jörg Müller compone un precioso álbum, aunque su historia comienza en nuestra época y en ella la preciosa bailarina, en lugar de quedarse en casa, acompaña al soldado en su viaje.


La vertiginosa odisea de los dos protagonistas nos lleva, desde la habitación de los niños…




  
  
…hasta las cloacas de la gran ciudad.



 


 



Y después, por mar, en el vientre de un gran pez, hasta África…

 

 


…finalizando, allí, donde menos lo esperan ellos y donde menos lo esperamos nosotros.

 


Lejos de ser devueltos a su casa, dan con sus huesos en un hediondo vertedero, donde una buena mujer los recoge para entregárselos a su hijo…


 


Al pequeño no le importa que al soldadito le falte una pierna o que la muñeca esté un poco despeinada. No tiene muchos juguetes, pero desborda imaginación: ¡algo hará con ellos!

 

El poderoso ‘hombre blanco’, fascinado por la capacidad del pequeño para jugar con sus despojos, no resiste la tentación de arrebatarle lo que ya es suyo, entregándole, a cambio -eso sí-, un poco de parné…

 

Regresa a casa sin cargo de conciencia, con el ‘soubenir’ en la maleta, convencido de haber ayudado al pobre ‘negrito’ necesitado.

     


Ajenos a todo lo que les rodea, el soldadito y su muñeca viven su particular luna de miel y cierran el círculo convertidos en preciados objetos de museo.


martes, 3 de diciembre de 2019

SECRETOS EN EL BOSQUE: ¡yo también quiero tener otro sueño!

Santander, 13 de noviembre de 2.019


Jimmy Liao trabajaba como publicista cuando empezó a hacer sus primeros dibujos. Una amiga suya mostró sus trabajos a los responsables de una editorial y poco después empezó a dibujar para ellos. Se pasó diez años ilustrando los trabajos de otros, pero después de superar una leucemia, decidió publicar su primer libro. “Secretos en el bosque” (1.998) es la historia de una pequeña niña solitaria y está dedicada a su hija, que, por aquel entonces, tenía solo un añito de edad.



El miércoles por la tarde, soplaba el viento mientras yo dormía y el aire levantó suavemente la cortina blanca de la ventana. El conejo Peludín estaba fuera, silbando.

 
     

Abrí la puerta al silencio del bosque y a la amable luz del sol. Hacía tiempo que no me adentraba entre los árboles.


Peludín dijo: “¿Vamos?”, y yo, desde detrás de un árbol, asentí. Tocó con fuerza una enorme trompeta, de la que salieron al mismo tiempo una melodía y un conejito.



Un alegre ritmo inundó el bosque y el conejito y yo fuimos saltando de una traviesa flotante a otra.



Los árboles se mecían al viento y las hojas bailaban. La dulce melodía me embriagaba y me hizo pensar en un sueño que había tenido en cierta ocasión…


He escondido muchos, muchísimos secretos en el bosque. De algunos, ni me acuerdo.



Se abrió una puerta en el cielo: <<¿Qué habría detrás?>>.


Vi mis sueños perdidos que brillaban ténuemente en la penumbra...



Nos adentramos en un túnel misterioso donde había casitas de muchos pisos y jugamos felices con mis sueños a pilla-pilla entre las flores.


Emprendimos el vuelo y nos dejamos llevar por el viento, que me alborotaba el pelo…



Atravesamos una nube tras otra, el dorado sol poniente me puso el rostro colorado y vi mi casa. “¡Gracias, Peludín! Me lo he pasado en grande”.


El miércoles por la tarde soplaba el viento cuando me dormí con mis sueños.



Peludín se fue sin despedirse…


Una ciudad sin sueños es un lugar muy solitario.


El jueves por la tarde, soplaba el viento y el aire levantó suavemente la cortina de la ventana…


<<¿Quién me llama con un silbido desde el otro lado de la ventana?>>.


¡Yo quiero tener otro sueño!


viernes, 8 de noviembre de 2019

DESENCUENTROS: nunca es imposible encontrarse

Santander, 12 de agosto de 2.019


“Desencuentros” (2.006) fue la obra que dio a conocer a Jimmy Liao en todo el mundo. 


“Ambos están convencidos de que los ha unido un sentimiento repentino. Es hermosa esa seguridad, pero la inseguridad es más hermosa aún” 

(“Amor a primera vista”, Wislawa Szymborska)

Aquel año el invierno fue especialmente gélido. La ciudad estaba envuelta en una lluvia oscura y opresiva. En el cielo ceniciento, el sol no se atrevía a asomar siquiera, lo cual provocaba en la gente una insólita melancolía, de modo que a menudo a los caminantes les asaltaban las ganas de echarse a llorar…


Ella vive en un viejo bloque de pisos de un barrio de las afueras de la ciudad. Cada vez que sale, no importa adonde vaya, se dirige siempre hacia la izquierda.

Él vive en un viejo bloque de pisos de un barrio de las afueras de la ciudad. Cada vez que sale, no importa adonde vaya, se dirige siempre hacia la derecha.


No se ven nunca. Es totalmente imposible que coincidan…

A él últimamente no es que las cosas le vayan muy bien. Por las noches toca el violín en un restaurante de alto copete para ganarse un dinero de más. Cuando no práctica el violín, le gusta salir de paseo. Se va al parque a dar de comer a las palomas y pasarse la tarde allí sentado. A veces se siente vacío e impotente…



Ella está traduciendo una novela trágica, por lo que a menudo tiene la sensación de que el mundo es un lugar sombrío. Cuando no trabaja, le gusta ir al centro a tomarse un café, pasear por la calle, observar a la gente y charlar con los gatos callejeros. A veces tiene la sensación de que la vida carece de atractivo…


No se ven nunca. Es totalmente imposible que coincidan…


Les sucede lo mismo que a la mayor parte de la gente de la ciudad, quienes, pese a vivir todos en el mismo lugar, no llegan a conocerse nunca…


Pero en la vida se producen felices coincidencias. Dos líneas paralelas pueden llegar a cruzarse, aunque sea en el infinito, y, un día, los dos se encuentran junto al surtidor del parque.




Es como si fueran amantes que no hubieran podido verse durante años. El invierno ya no es tan triste.



La tarde transcurre alegre y dulce, pero, al anochecer, cae un brusco chaparrón.


Se intercambian los números de teléfono y se separan corriendo en pleno aguacero: él, tal como acostumbra, hacia la derecha, y ella, tal como acostumbra, hacia la izquierda…


La lluvia los ha dejado empapados, pero su corazón desborda calidez.  Esa noche no deja de llover y ellos no pueden dormir…

Pero la vida siempre nos da sorpresas y el hilo de la cometa que sostenemos se puede romper…

Ella, por miedo a perderse su llamada, no se atreve a ir a ninguna parte, pero él mira las cifras emborronadas y se equivoca una y otra vez. Están tan tristes que no consiguen dormir…


La radio transmite las campanadas de Año Nuevo desde la plaza del ayuntamiento: ¡ha pasado otro año! La transformación de la ciudad los asombra: la fuente del parque va a ser sustituido por un viaducto…


Él, con gran optimismo, se dice que aquello parece el argumento de una película, y se consuela pensando que, al doblar la esquina, o en el café que hay frente al parque, la volverá a encontrar.


Ella, sin embargo, al doblar la esquina de la calle, se encuentra un árbol seco cubierto de luces de colores y no puede contener las lágrimas.


Pasa un día tras otro y siguen sin encontrarse. Ella todavía va hacia la izquierda y él todavía va hacia la derecha…


Caminando entre la multitud, recuerdan con especial añoranza aquel dulce y fugaz encuentro. En la ciudad conocida y, al mismo tiempo, desconocida, buscan en vano la silueta de alguien desconocido y, al mismo tiempo, conocido…

Los días de lluvia, a ella le gusta sentarse sola en algún rincón de la ciudad y pensar en él...


Él, entre tanto, se pregunta cómo aquella chica pudo desaparecer sin dejar ni rastro y sueña que sobrevuela la ciudad buscando de algún rastro, pero el parpadeo de las luces nocturnas lo hace sentirse aún más vacío y solo.


La gente se queja de la contaminación, de los socavones en las aceras y de los semáforos en rojo que duran demasiado; ellos se preguntan si el otro seguirá en la ciudad o se marchó enseguida.
Se desaniman y, al pensar en su propia soledad, sienten una tristeza indefinible. En el laberinto de la ciudad, no oyen sus llamadas y no encuentran el camino que conduzca el uno al otro…




Después de jugar con el mismo gato atigrado y después de dar de comer al mismo perro callejero, a la débil luz de la mañana, oyen el canto de la misma corneja.

Contemplan la misma vista por la ventana, huelen los mismos aromas y oyen a la misma vecina practicando un día tras otro el mismo arabesco.


Pasean por los mismos senderos y pisan las mismas hojas caídas.


Los dos han besado a la misma niñita y ambos saben que tiene un gorro de color verde con orejas largas…


El único recuerdo que tienen el uno del otro es un trozo de papel con unos números de teléfono emborronados por culpa de la lluvia…

Él cree recordar que hoy es el cumpleaños de ella, pero no sabe dónde puede estar; el violín que tocan en el piso de al lado suena tristísimo…



Con el paso de los días, los recuerdos se difuminan hasta el punto de que surge la duda de si aquella tarde en la que se encontraron con su amor ocurrió de verdad o no.



De la mano del mismo cartero, reciben cartas de amigos lejanos. Están tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos…


La ciudad parece una cárcel sin muros, agotadora y axfisiante. Deciden marcharse a algún lugar donde brille el sol.


Él todavía va hacia la derecha; ella todavía va hacia la izquierda...

 


La nieve cae blandamente. Desde lejos llega el apacible son de un villancico. En la plaza del ayuntamiento, la alegre multitud se agolpa para celebrar la inminente llegada del Año Nuevo.


Al dar la medianoche, todo el mundo se abraza feliz. La primavera ha llegado al fin.



(Texto: Jimmy Liao)
(Ilustraciones: Jimmy Liao)