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jueves, 24 de septiembre de 2015

LA RUTA DE LOS CAÑASTERIOS (I) - SANTO DOMINGO DE LA CALZADA: donde canto la gallina después de asada

Santo Domingo de la Calzada, 5 de agosto de 2.015


Hace poco cumplimos años y para celebrar nuestros aniversarios hubo quien nos propuso una simpática y atractiva escapada: ¡¡¡la Ruta de los Cañasterios!!!

Nuestro primer destino es Grávalos, un pequeño municipio situado en el extremo oriental de La Rioja perteneciente a la comarca de Arnedo. Allí el ayuntamiento y el gobierno autonómico han financiado conjuntamente la restauración y ampliación de un antiguo balneario inaugurado durante el siglo XIX con el fin de aprovechar las propiedades medicinales de un manantial natural de aguas sulfurosas descubierto en el siglo XVI: Hotel Bienestar Balneario de Grávalos.


De camino nos detenemos en Santo Domingo de la Calzada, cuyos orígenes se remontan al asentamiento que en el siglo XI tuvo lugar en torno a la iglesia y al hospital de peregrinos fundados por el eremita burgalés.
Comemos y nos dirigimos a la oficina de turismo, donde varios paneles explicativos nos muestran la historia de la localidad, una de las principales estaciones del Camino de Santiago.


Domingo García nació en Viloria de Rioja (Burgos) en torno al año 1.019. Decidido a entregar su vida a Dios y tras el fallecimiento de sus padres intentó ingresar en los monasterios benedictinos de Valvanera y San Millán de la Cogolla, pero no lo consiguió. Fue entonces cuando, en el año 1.040, convertido en eremita, se retiró a los bosque de encinas que ocupaban el lugar en el que hoy se levanta la ciudad de Santo Domingo de la Calzada. Observó las dificultades que los peregrinos encontraban al atravesar la zona rumbo a Compostela y desde entonces trabajó para facilitarles el recorrido con la construcción de un puente que permitiera salvar el curso del río Oja, una calzada de piedra que uniera Nájera con Redecilla del Camino, un hospital donde refugiarse, un pozo y una pequeña iglesia.
En el año 1.076 el rey Alfonso VI conquistó estas tierras y previendo que el desarrollo del Camino favorecería la repoblación de las mismas mostró su apoyo al eremita, promocionando sus obras y haciéndole responsable de todas aquellas que se llevasen a cabo en la ruta jacobea.
Domingo García murió en el año 1.109 y fue enterrado en el lugar que él mismo habia escogido: junto a los muros de la gran iglesia erigida en honor al Salvador y a Santa María, en mitad del camino. Sus seguidores consolidaron a partir de entonces el pequeño burgo que con el tiempo adoptaría su nombre y continuaron su obra creando una cofradía que aún hoy acoge a los peregrinos que llegan a la ciudad y preserva la memoria del santo.

Una breve proyección audiovisual rememora el conocidísimo milagro del gallo y la gallina de Santo Domingo de la Calzada:
cuentan que un matrimonio alemán y su joven hijo, Hugonell, se dirigían en peregrinación a Compostela cuando, al llegar a Santo Domingo, hicieron un alto en el camino y se hospedaron en un mesón. La hija del posadero se enamoró inmediatamente del joven pero, al no ser correspondida, decidió vengarse de él y ocultó una copa de plata en su equipaje. Al día siguiente, poco antes de que la familia abandonase la ciudad, ella denunció la desaparición y al encontrar la copa entre las pertenencias del muchacho éste fue acusado de robo y condenado a la horca.
Al día siguiente, sus padres, antes de continuar con su viaje, fueron a despedirse del cuerpo de su hijo, quien sorprendentemente seguía vivo. "Bienaventurado Santo Domingo de la Calzada. Él me ha conservado la vida contra el riguroso cordel... Dad cuenta de este prodigio", les dijo. Los padres acudieron a contar el increible suceso al corregidor de la ciudad pero éste, incrédulo, les espetó que el joven debía de estar tan vivo como el gallo y la gallina asados que se disponía a comer. Al instante las aves recuperaron sus plumas y la vida, dando fe del portentoso milagro...

Junto a la oficina de turismo, un entretenido centro de interpretación muy apropiado para los niños muestra algunos de los misterios y encantos del Camino de Santiago

Damos un breve paseo por el descafeinado casco antiguo de la ciudad y recorremos su Calle Mayor para dirigirnos a la iglesia erigida sobre la primitiva colegiata de estilo románico construida a principios del siglo XII bajo la advocación del Salvador y Santa María sobre un solar cedido por el rey Alfonso VI, convertida en concatedral en 1.232.


1.-Pórtico de Santo Domingo
2.-Cripta de Santo Domingo de la Calzada
3.-Capilla de Santiago
4.-Capilla de San Andrés
5.-Capilla de San Pedro
6.-Capilla de San Bartolomé
7.-Altar Mayor y deambulatorio
8.-Capilla del Retablo Mayor
9.-Crucero
12.-Capilla de Santa Teresa
14.-Acceso a las defensas
15.-Capilla de la Magdalena
16.-Trascoro
18.-Coro
19.-Claustro
20.-Pórtico Occidental (Puerta de Cristo)

El nuevo templo comenzó a construirse en 1.158 con planos del maestro Garçión, quien diseñó una iglesia con planta de cruz latina formada por tres naves con pequeñas capillas laterales y girola en la que se abrían tres capillas semicirculares.
De esa época data la cabecera, en la que destacan los hermosos canecillos del abside y en el interior, los capiteles y relieves de los pilares que envuelven el presbiterio.


A principios del siglo XIV se habían construido ya las tres naves cubiertas con bóvedas de crucería y el templo se cerraba en su extremo occidental con una portada carente de decoración esculpida formada por siete arquivoltas lisas sin capitel que se proyectan casi hasta el suelo.
Fue entonces cuando, atendiendo a las necesidades derivadas de las continuas luchas fronterizas entre los reinos de Castilla y Navarra, se acometió la fortificación del edificio y con tal fin se construyeron un portico a los pies del templo y un camino de ronda interior del que aún se conservan algunos vestigios en la nave lateral izquierda, sobre las puertas de acceso al claustro y las capillas laterales.

Durante el siglo XV, tras el hundimiento de uno de los pilares del crucero, se procedió a ampliar el transepto sur y desplazar el muro meridional ampliando las capillas de este lado, se aumento la altura de la capilla mayor y se suprimeron los dos absidiolos laterales de la cabecera para construir las capillas de San Andrés, San Bartolomé y Santiago.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se construyó la actual portada occidental, obra de Martín de Beratúa, formada por un gran arco de medio punto bajo el que se diponen tres óculos circulares y tres hornacinas que cobijan las imágenes de los tres patronos de la diócesis: San Emeterio, San Celedonio y Santo Domingo.


Se procedió entonces a construir una torre exenta de planta cuadrada y setenta metros de altura: la cuarta que se levantaba en la catedral.
La primera se construyó en la nave situada al norte, junto al crucero, a principios del siglo XIII, pero un rayo la destruyó en 1.450. Se sustituyó por otra que a mediados del siglo XVIII amenazaba ruina. Hubo de ser demolida y en 1.760 fue sustituida por una torre-portico que apoyaba una de sus caras en la fachada sur de la iglesia y el resto en una serie de arcos bajo los que discurría la calle. Problemas estructurales obligaron a desmontarla y acometer la construcción de una nueva torre en un lugar más seguro, a unos ocho metros de la catedral, al otro lado de la Calle Mayor.
La torre exenta es obra de Martín de Beratúa y consta de tres cuerpos, de planta cuadrada los dos primeros y octogonal el de las campanas, con cuatro torrecillas en los ángulos y cubierto por una cúpula rematada con una esbelta linterna.

Accedemos al interior del templo por unaentrada habilitada para los turistas junto a la portada occidental y nos topamos con un trascoro concebido a modo de retablo con pinturas renacentistas de Andrés de Melgar y Alonso Gallego compartimentadas mediante columnas abalaustradas. En la parte inferior tres grandes tablas representan el ciclo de la muerte y pasión de Cristo; en la parte superior la escena de la Oración en el Huerto aparece flanqueada los cuatro doctores de la iglesia occidental.


Rodeamos el coro por el lado de la epístola, donde nos encontramos un segundo retablo decorado en torno a 1.530 con pinturas de Andrés de Melgar y Alonso Gallego que muestran la vida y milagros del fundador de la ciudad.


Recorremos la estrecha nave de la derecha y pasamos junto a varias capillas entre las que destaca la de Santa Teresa, capilla funeraria fundada por la familia Suárez de Figueroa a principios del siglo XV que alberga varios sepulcros góticos, pinturas murales y un hermoso retablo del siglo XV con veinticuatro tablas pintadas y esculturas que muestran escenas de la vida de Jesucristo.



Llegamos al crucero y pasamo junto al curioso gallinero gótico del siglo XV de madera policromada que, conmemorando el famoso milagro del fundador de la ciudad, cobija permanentemente un gallo y una gallina de blanco plumaje. Los animales proceden de las donaciones de los devotos al santo y se cambian cada mes, permaneciendo el resto del tiempo en los gallineros de la Casa de la Cofradía del santo.
Sobre el gallinero, anclado a la pared, se conserva un trozo de madera perteneciente a la horca en la que se colgó al peregrino.

En el centro del brazo meridional del transepto se sitúan la cripta y el sepulcro de Santo Domingo de la Calzada. En él se funden piezas de tres sepulcros de épocas y estilos diferentes: la lauda sepulcral en la que se representa al santo yacente es de estilo románico, la mesa sobre la que se dispone ésta y en la que se narran sus milagros es de estilo gótico y el templete de alabastro que alberga el conjunto, diseñado por Felipe Vigarny y realizado por Juan de Rasines en 1.513 es de estilo tardogótico.


En 1.958 se habilitó bajo el brazo lateral sur del crucero una falsa cripta a la que se accede a través de unas escaleras destinada a albergar los restos de Santo Domingo. En su interior se conservan varias piezas esculpidas en piedra que podrían proceder de la desaparecida portada sur de la iglesia  entre las que destaca la situada frente al relicario y que representa al santo con un cautivo liberado a arrodillado a sus pies ofreciéndoles las cadenas que le mantenían preso.


Continuamos nuestra visita a la concatedral y nos acercamos a la cabecera de la iglesia donde, al retirar en 1.994 el retablo mayor para proceder a su restauración, se descubrieron cuatro pilastras románicas profusamente decoradas.



Las columnas centrales de las pilastras han sido rebajadas, labrándose sobre ellas una serie de detalles escultóricos que se conservan en un fantástico estado gracias a la prolongada protección del retablo, aunque su colocación supuso la eliminación de las zonas que estorbaban.
Dos de las pilastras están decoradas con palmetas y filigranas mientras que en las otras dos aparece representado el árbol de Jesé. En la parte inferior de una de ellas aparece el rey David sentado, con las piernas cruzadas y tocando la viola.


Por encima de él varias figuras humanas se asoman entre motivos vegetales mirando hacia la pilastra opuesta, presidida por una representación de la Santísima Trinidad denominada 'paternitas' en la que una paloma nimbada se situa sobre la cabeza de Dios Padre, quien a su vez sostiene a Cristo sobre sus rodillas.


Sobre la figura de Dios Padre, junto a la paloma, se dispone un coro de músicos ancianos y a su lado una imagen de San Juan 'Evangelista' en forma de águila que sostiene una cartela en la que se hace referencia al inicio de sus evangelios.


Por debajo aparecen la Virgen (a la que falta la cabeza) y otras figuras y en la base la imagen de San Juan mirando hacia arriba y señalando el lugar en el que se encuentra representada la Trinidad.


Recorremos el deambulatorio que envuelve la cabecera de la iglesia deleitándonos en las filigranas románicas de sus capiteles y llegamos al brazo norte del crucero, donde se alojó el altar mayor tras su restauración.


El retablo mayor es del siglo XVI y su autor es Damián Forment. Es de madera dorada y policromada y está dedicado al Salvador y al misterio de la Asunción de la Virgen. Se dispone sobre un zócalo de alabastro en el que aparecen representadas varias escenas de la vida de Santo Domingo y consta de banco y de un gran cuerpo monumental formado por tres pisos con tres calles principales y cuatro entrecalles secundarias.


En la zona inferior aparecen representadas tres escenas de la pasión de Cristo flanqueadas por las figuras de los cuatro evangelistas en las entrecalles: la Flagelación y Cristo camino del Calvario en las calles laterales y una hermosa Piedad en la calle central, en la que se muestra a Cristo tendido sobre una sábana blanca con la cabeza apoyada sobre el regazo de la Virgen María, a quien acompañan los Santos Varones y las tres Marías. 


El conjunto está presidido por la imagen de El Salvador: un Cristo sedente con la mano derecha alzada en actitud de bendecir.
Por encima de él está representada la Asunción de la Virgen a los cieles y se completa la calle central con un gran óculo eucarístico destinado a la exposición permanente del Santísimo, privilegio de la iglesia aragonesa, para la que Forment ya había trabajado, desde el siglo XIV.


En las calles laterales aparecen representadas escenas referidas a la Anunciación, la adoración de los pastores, la adoración de los Reyes, la presentación del Niño, la Resurrección y Pentecostés. En las entrecalles se distribuye un apostalado completo.
En el centro de la parte superior del retablo aparece la Santa Faz flanqueada por ángeles y en los extremos sendas tallas de Adán y Eva.

Completamos la visita a la iglesia recorriendo la nave septentrional, flanqueada por extrechas capillas entre las que destaca la de la Magdalena, mandada construir por D. Pedro Carranza, maestrescuela de la Catedral de Burgos, en 1.517 y en la que podemos admirar un extraordinario sepulcro atribuido a Felipe Vigarny junto a un retablo de León Picardo y una hermosa reja de los talleres de Andino.

A los pies de la iglesia, junto a la Capilla de la Magdalena, se encuentra el acceso a los elementos defensivos dispuestos a principios del siglo XIV, cuando el templo se convirtió en una pequeña fortaleza: un camino de ronda interior y un pórtico fortificado dispuesto frente a la fachada occidental sobre recios estribos con arcos apuntados, garantizaban la seguridad del edificio.


Regresamos a la iglesia y visitamos el claustro, originario del siglo XIV pero profundamente reformado en el siglo XVI. En la actualidad sus galerías y las estancias anejas, incluida la Sala Capitular, albergan el Museo Catedralicio donde se exponen obras pertenecientes a la catedral y al resto de la diócesis.

Salimos a la calle y nos acercamos al antiguo hospital de peregrinos fundado por el santo en el siglo XII, convertido hoy en Parador Nacional, para tomar un cafetín.
Nos acercamos de nuevo al exterior de la iglesia y nos deleitamos con los detalles románicos de su cabecera antes de regresar al coche y continuar con nuestro viaje.

Tomamos la Nacional 232, dirección Zaragoza, y nos desviamos hacia Arnedo, internándonos en la Sierra de Prejano. El paisaje cambia: se vuelve agreste y verde.


Pasamos junto a los cautivadoras ruinas de Turruncún, un pequeño pueblo fantasma colonizado por la madre naturaleza y llegamos a Grávalos al filo de las diez de la noche, con el tiempo justo para probar el discreto buffet del restaurante del hotel.
Nos registramos y al caer la noche salimos a dar un paseo por el pueblo, pero está desierto y no hay nada que ver. Nos vamos a dormir: mañana más...

jueves, 2 de abril de 2015

BURGOS: ¡¡¡repetimos!!! (II)

Burgos, 3 de marzo de 2.015


Aunque en Santander nos hayan hecho pensar que eso es imposible aparcamos, sin pagar, en el centro de la ciudad y después de cruzar el río Arlanzón y pasar bajo el Arco de Santa María vamos dando un paseo hasta la Casa del Cordón.

Es hora de comer así que nos dirigimos a "El Morito", un restaurante situado junto a la catedral en el que no encontramos mesa la última vez que estuvimos en Burgos.
Por el camino, en una de las fachada laterales del Teatro Principal, en el Paseo del Espolón, me llama la atención un simpático reloj que lleva más de 150 años anclado a la pared en la que fue colocado en 1.887 como reclamo publicitario de una relojería situada en los bajos del teatro. Un gracioso autómata corona las dos esferas... No lo sabía, pero es el otro 'morito' de Burgos y le da nombre a un restaurante muy recomendable: mesas corridas, precios asequibles, raciones contundentes y platos sencillos pero muy bien presentados.


Satisfecho nuestro apetito, tomamos un cafetín en la Plaza Mayor y nos dirigimos a la Catedral de Santa María, joya del gótico español que se levanta sobre los cimientos de otra de estilo románico y cuyo principal promotor fue el rey Fernando III, responsable también de la construcción de la iglesia y el claustro gótico del Monasterio de las Huelgas.
La nueva catedral comenzó a levantarse en 1.221 y el primer maestro de obras fue un francés anónimo que el obispo Mauricio debió de traer a Burgos al regresar del viaje que le había llevado a Francia y Alemania para concertar la boda del rey con Beatriz de Suabia, ceremonia que había tenido lugar en la antigua catedral en 1.219.
La construcción de la catedral se comenzó antes de derribar la primitiva iglesia románica. Los trabajos empezaron por la cabecera y el presbiterio, lugar donde se pudo sepultar ya al obispo fundador, fallecido en 1.237, y cuyos restos fueron trasladados posteriormente al centro del coro capitular.
En torno al año 1.240 la dirección de las obras pasó a manos del maestro Enrique, también de origen galo, quien posteriormente se encargaría de la construcción de la catedral de León. Para entonces la cabecera casi se había terminado y se había construido ya buena parte del crucero y las naves naterales. La consagración del templo tuvo lugar en 1.260. Durante la segunda mitad del siglo XIII y la primera mitad del XIV se completaron las capillas de las naves laterales y se procedió a la construccion de un nuevo claustro.
  

1.- Pórtico del Sarmental
3.- Puerta del Claustro Alto
8.- Capilla de la Presentación
12.- Capilla de Santa Ana
15.- Crucero
17.- Coro
24.- Claustro Alto
33.- Claustro Bajo

Accedemos al interior de la iglesia por el Pórtico del Sarmental, situado en el extremo meridional del transepto, y capta nuestra atención una puerta situada a la derecha. Es la Puerta del Claustro Alto y habitualmente permanece cerrada. Se trata de una portada interior, policromada, construida durante la segunda mitad del siglo XIII y obra del maestro Juan Pérez, que tomó el relevo al maestro Enrique, fallecido en 1.277.


La escena representada en el tímpano muestra el bautismo de Cristo en el río Jordán: la figura de Jesús preside un conjunto que se completa con el Espíritu Santo descendiendo sobre él en forma de paloma, una imagen de San Juan Bautista a su izquierda y otra de un ángel sosteniendo su túnica a su derecha, junto a varias personas que esperan a ser bautizadas. 


En las dos arquivoltas que envuelven el tímpano están representadas la genealogía de Cristo y catorce figuras de profetas, mientras que la chambrana que enmarca el conjunto descansa sobre sendas ménsulas con forma de cabeza humana, una de las cuales podría representar a San Francisco de Asís, que pasó por Burgos realizando fundaciones.
En las jambas observamos una serie de esculturas relacionadas con la llegada del Mesías. A la derecha los profetas Isaías y David anuncian la llegada de Jesús a la Tierra mientras que en la izquierda está representada una hermosísima Anunciación inspirada en la de la fachada oriental de la catedral de Reims.


Una reiterada sucesión de escudos con castillos y leones decora la parte inferior de las jambas y el dintel de la puerta, cuyas hojas de madera datan de finales del siglo XV y fueron llevadas a cabo a instancias del obispo Luis Acuña -cuyo escudo figura en ellas-, por Gil de Siloé. En la parte baja de las puertas están representados San Pedro y San Pablo mientrsa que en la parte superior se muestran escenas de la entrada de Jesús en Jerusalén y su descenso al limbo o seno de Abraham.



Continuamos con nuestra visita y pasamos por delante del control de entrada a la catedral cuando cierto revuelo capta nuestra atención. Nos acercamos a la reja que impide el acceso al crucero desde la nave meridional y nos asomamos al coro. Frente a la escultura fúnebre del obispo Maurio -un bulto yacente gótico del siglo XIII tallado en madera recubierta de cobre con apliques de pedrería y esmaltes de Limoges-, forma un puñado de jóvenes extranjeros, miembros de alguna coral, que nos regala una canción: un instante mágico que se esfuma en un momento. ¡¡¡Que bonito!!!

Comenzamos la visita a la iglesia y atravesando una artística reja de hierro forjada por Cristóbal Andino nos detenemos en la Capilla de la Presentación y la Consolación, también conocida como Capilla de San José.


La capilla fue construida a principios del siglo XVI, en estilo tardogótico, por orden del canónigo Gonzalo Díaz de Lerma como una ampliación de los tramos tercero y cuarto de la nave de la Epístola, ocupando el espacio del primitivo claustro catedralicio de estilo románico.
Es obra del arquitecto Juan de Matienzo, pero su diseño evoca la Capilla de los Condestables de Simón de Colonia. Se trata de un amplio espacio de planta cuadrada cubierto por una vistosa linterna octogonal coronada por una bóveda estrellada de centro calado.


Las ocho puntas de la bóveda, formadas por la confluencia de tres nervios cada una, descansan sobre los ocho vértices de una linterna que es sustentada por cuatro grandes trompas que arrancan de unas veneras que cobijan los relieves de los cuatro evangelistas.

El sepulcro exento del fundador de la capilla, el canónigo Díaz de Lerma, ocupa el centro de ésta. Se trata de una obra labrada en alabastro blanco por Felipe Bigarny entre 1.524 y 1.525 formada por un expresivo bulto yacente del canónigo y cama funeraria con imagenes de San Francisco, San Jerónimo y las cuatro Virtudes esculpidas dentro de medallones en sus laterales.


En los lienzos perimetrales de la capilla se abren en arcosolio otros cinco artísticos sepulcros correspondientes a deudos del fundador profusamente decorados.

El retablo mayor, dorado y de estilo neoclásico, está formado por un único cuerpo rectangular delimitado por dos grandes columunas de orden corintio sobre las que descansa un frontón triangular sobre el que se encarama una representación del Espíritu Santo.


Una importante pintura del veneciano Sebastiano del Piombo preside el conjunto. Se trata de una hermosísima "Sagrada Familia" de 1.520 que el propio Gonzalo de Lerma trajo de Roma y bajo la cual, colocada dentro de una hornacina-tabernáculo, se muestra una delicada talla barroca del siglo XVIII obra de Juan Pascual de Mena que representa a San José con el Niño.



Están a punto de dar las cinco de la tarde...
Nos apresuramos hacia el extremo occidental de la nave y alzamos la mirada para ver al simpático Papamoscas en acción antes de continuar con nuestra visita.

Nos detenemos en la Capilla de Santa Ana y admiramos el magistral retablo de Gil de Siloé pero además descubrimos otra pequeña obra maestra: un pequeño retablo realizado en piedra por Diego de Siloé en torno a 1.522, de estilo renacentista plateresco.


El retablo está decorado con medallones y formado por un precioso conjunto escultórico policromado colocado en hornacinas y presidido por una hermosa pieza que representa a Santa Ana junto a la Virgen María y el niño.


Completamos la visita a la catedral: recorremos la girola, admiramos los relieves del trasaltar, nos detenemos en la espectacular Capilla de los Condestables y desde la antisacristía accedemos al claustro alto.

El nuevo claustro de la catedral fue construido a finales del siglo XIII. Es de planta rectangular y presenta doble planta para salvar el desnivel existente entre la calle y el suelo del interior de la iglesia.


El sobreclaustro es obra del maestro Enrique: sus galerías se cubren con bóvedas ojivales de crucería simple, cuatripartita, y sus grandes ventanales, de arco apuntado, llevan triple mainel y tracería formada por tres óculos cuatrilobulados.
Recorremos sus galerías deteniéndonos a admirar los hermosos grupos escultóricos que decoran sus cuatro pilares angulares y que representan la Anunciación, la Epifanía y sendos grupos de personajes relacionados con la construcción de la catedral.


Bajo los arcos ciegos ojivales de la galería norte aparecen esculturas que represetan escenas del Antiguo Testamento, como el Sacrificio de Isaac, imágenes de algunos Apóstoles (San Pedro, San Pablo y Santiago peregrino) y a personajes relacionados con la construcción de la catedral como el obispo Mauricio o el rey Fernando III, que aparece ofreciendo el anillo a su esposa, Beatriz de Suabia.


Bajo los arcos ciegos de los muros laterales de las tres galerías restantes se reparten varios sepulcros de los siglos XII al XVI, de estilo principalmente gótico o renacentista.

Descendemos al claustro bajo, restaurado a principios del siglo XX, y nos detenemos a estudiar las maquetas y proyecciones que muestran la evolución de esta extraordinaria catedral.
Salimos a la calle. Compartimos el último café de la jornada, coqueteamos con el futuro y emprendemos el regreso a Santander.
Volveremos...

jueves, 8 de enero de 2015

BURGOS: visita fugaz en la mejor compañía posible (III)

Burgos, 30 de junio de 2.014


Nos acercamos a la Catedral de Santa María, edificada sobre el solar que ocupaba la iglesia románica que a finales del siglo XI había mandado construir el rey Alfonso VI, ampliado gracias a la demolición de algunas casas contiguas.


Su construcción comenzó en 1.221 siguiendo los patrones propios del gótico francés y sus promotores fueron el rey Fernando III de Castilla y el obispo Mauricio.
Las obras avanzaron con rapidez y en 1.260 tuvo lugar la consagración del templo. Durante la segunda mitad del siglo XIII y los primeros años del XIV se completaron las capillas de las naves laterales y se construyó un nuevo claustro y en el siglo XV la familia Colonia incorporó las agujas de las torres de la fachada principal, el cimborrio sobre el crucero -destruido en el siglo XVI por un huracán y sustituido por otro de Juan de Vallejo-, y la espectacular Capilla de los Condestables.

Accedemos a la catedral desde la Plaza del Rey San Fernado, tras superar la pronunciada escalinata que conduce al extremo meridional del transepto, cuyos cuerpos superiores, flanqueados por sendos contrafuertes rematados por pináculos, son ocupados por un gran rosetón sobre el que se dispone una galería abierta formada por tres arcos con intradoses calados con triple cuatrifolio sustentados por maineles frente a los que se asoma un conjunto escultórico que muestra a Cristo administrando la Eucaristía flanqueado por doce ángeles.


La Puerta del Sarmental fue construida entre 1.230 y 1.240 y constituye uno de los mejores conjuntos escultóricos del gótico del siglo XIII de nuestro país.
El centro del tímpano, casi triangular, es ocupado por una figura de Jesús sedente mostrando el Libro de la Ley y está rodeado por las figuras de los Cuatro Evangelistas inclinados sobre sus pupitres de escritura representados además por el simbólico Tetramorfos.
El tímpano esta rodeado por tres arquivoltas decoradas con las figuras de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis tocando o afinando instrumentos musicales medievales, coros de ángeles y una alegoría de las Artes.
En el dintel se representa un apostolado completo en posición sedente y en el parteluz aparece una moderna figura que sustituye a la original y representa a un obispo que podría ser D. Mauricio o San Indalecio, primer obispo de Almería y cristianizador de las tierras burgalesas.
Por último, en las jambas laterales se disponen seis figuras de origen posterior al resto del conjunto entre las que aparecen representados Moisés, Aaron, San Pedro y San Pablo.


Cruzamos la puerta y accedemos al interior del templo que presenta una planta con forma de cruz latina. Está formada por tres naves longitudinales -las dos laterales se unen en la cabecera mediante una girola-, atravesadas por una nave transversal que constituye el transepto.


1. Pórtico del Sarmental
2. Transepto (brazo sur)
10. Nave Central: Papamoscas y Martinillo
12. Capilla de Santa Ana
13. Transepto (brazo norte): Escalera Dorada
15. Crucero: Cimborrio y Tumba del Cid
16. Capilla y Retablo Mayor
17. Nave Central: Coro
21. Naves Laterales: Girola
22. Capilla de los Condestables
30. Puerta de Santa María
31. Puerta de la Coronería
32. Puerta de la Pellejería

Nos desplazamos hasta el extremo occidental de la nave longitudinal y alzamos la vista para buscar al Papamoscas, un simpático autómata del siglo XVIII que cuando el reloj que le acompaña marca las horas en punto mueve su brazo derecho para agitar el badajo de la campana que cuelga a su lado al mismo tiempo que abre la boca.
A su izquierda, desde un balconcillo, otro autómata de menor tamaño anuncia los cuartos de hora golpeando con ambas manos las campanas que le flanquean: es el Martinillo.


"No me avergüenzo de decir que jamás, en mis frecuentes visitas, perdí el encanto inocente de ver funcionar el infantil artificio del Papamoscas"
Benito Pérez Galdós

Continuamos nuestra visita deambulando por la nave lateral situada al norte y antes de llegar al transepto nos detenemos en la capilla de Santa Ana para admirar sobre todo su espectacular retablo mayor.
La capilla fue mandada construir por el obispo Luis de Acuña y Osorio para que le sirviera de lugar de enterramiento. Las obras, que fusionaron dos capillas anteriores, se llevaron a cabo entre 1.470 y 1.488 y fueron dirigidas por Juan de Colonia y su hijo Simón.
Se accede a la capilla a través de dos arcos cerrados con sendas rejas góticas encargadas en 1.495 a Luis de Paredes y en el centro se levanta el sepulcro exento de su promotor, obra de Diego de Siloé (hijo de Gil de Siloé).


Se trata de un monumento funerario de 1.519 realizado en alabastro que muestra sobre una cama mortuoria con forma de lápida y situada a poca altura la figura yacente del obispo con vestiduras pontificiales, mitra en la cabeza -que descansa sobre dos almohadones-, y báculo en su mano.
En el centro de los dos laterales de la urna se pueden ver sendos emblemas heráldicos sostenidos por grifos alados y flanqueados por una serie de figuras femeninas sedentes que representan una alegoría de las siete virtudes. 

En el muro oriental de la capilla se alza el retablo mayor, ejecutado entre 1.486 y 1.492 por Gil de Siloé.
Representa la genealogía de la Virgen y está compuesto por un cuerpo principal dividido en tres registros verticales bien definidos con doseles y pináculos que cobijan las figuras que forman el conjunto, repartidas sobre un fondo estrellado de color azul celeste.


En las calles laterales se distribuyen escenas que representan al obispo Acuña junto son sus familiares y canónigos, la aparición de Cristo a San Eustaquio, el encuentro de San Joaquín con el Ángel, el nacimiento de la Virgen, su presentación en el templo y sus desposorios con San José.


En la calle central se desarrollan los aspectos más importantes del programa iconográfico del retablo. En la parte inferior está la imagen de Jessé tendido en el suelo, dormido. De su pecho sale el árbol que representa la genealogía de la Virgen: de los brotes laterales nacen las figuras que representan a los reyes de Judá y envuelven la escena central que muestra el abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada de Jersulén y de la cual emergen unas ramas que ascienden hacia la parte superior del retablo para mostrarnos la imagen de María sentada con el niño en su regazo escoltada por dos figuras femeninas que representan una alegoría del Antiguo y Nuevo Testamento.



Un Calvario exento remata el conjunto en el ático, con el sol y la luna fijados en el cielo abovedado, mientras que una escena de la Resurrección de Cristo con las Marías y San Juan flanqueada por San Pedro y San Pablo en los espacios intermedios y por los cuatro Evangelistas en los extremos decora el banco sobre el que se apoya el retablo.

Continuamos nuestro paseo por la catedral y llegamos de nuevo al transepto. Estamos en su brazo septentrional y al volver la vista al fondo nos topamos con la monumental Escalera Dorada, encargada por el cabildo de la catedral en 1.519 a Diego de Siloé que, inspirada en el renacimiento italiano, permite salvar los casi ocho metros de desnivel existentes entre el interior de la catedral y la Puerta de la Coronería que en la actualidad permanece cerrada permanentemente.



Estamos en el crucero de la catedral. Bajo nuestros pies se encuentran desde 1.921 los restos del Cid y de su esposa, Doña Jimena, los cuales, procedentes del Monasterio de San Pedro de Cardeña, fueron inhumados bajo una simple losa de mármol rojo.
"Aquí yacen Rodrigo Díaz, El Campeador, muerto en Valencia en 1.099, y su esposa Jimena, hija del conde Diego de Oviedo, de regia estirpe. A todos alcanza la honra del que en buena hora nació."
Ramón Menéndez Pidal

Alzamos la vista al techo y contemplamos el espectacular cimborrio que cubre el crucero que el cabildo encargó a Juan de Vallejo en 1.539 para sustituir el diseñado por Juan de Colonia, hundido debido al colapso de sus pilares del lado norte.
Cuando volvamos al exterior podremos admirar una elegante estructura de estilo renacentista plateresco con planta octogonal dividida en dos cuerpos rematados con esbeltas agujas en sus vértices y complementada con cuatro torres de menor altura adosadas a ella.
Ahora, desde el interior, contemplamos los cuatro robustos pilares circulares sobre los que descansa la estructura y admiramos la espectacular bóveda estrellada que flota sobre nuestras cabezas permitiendo que la luz cenital se filtre entres sus filigranas para desparramarse sobre el impresionante conjunto escultórico que adorna el interior de la linterna.



Estamos en la nave central y al volver la vista hacia su extremo occidental contemplamos el coro, formado por una espléndida sillería en forma de "U" con ciento tres asientos tallados en nogal.


En su extremo oriental la nave central alberga la capilla mayor de la catedral, presidida por un retablo renacentista de estilo manierista obra de los hermanos Rodrigo y Martín de la Haya e inspirado en el retablo mayor de la catedral de Astorga.


Continuamos nuestra visita recorriendo la girola y admiramos los espectaculares relieves en piedra caliza encargados por el cabildo al escultor Felipe Vigarny en 1.498 para el trasaltar. Representan el Camino del Calvario, la Crucifixión y el Descendimiento, Entierro y Resurrección de Cristo y se trata de tres hermosos conjuntos engalanados con un marco arquitectónico decorativo atribuido a Simón de Colonia.


El conjunto se completó dos siglos después con dos relieves más situados en los extremos del trasalar ejecutados por Pedro Alonso de los Ríos entre 1.681 y 1.683 y dedicados a la Oración en el Huerto y la Ascensión a los Cielos.

En el extremo oriental de la girola se encuentra otra de las joyas de la catedral: la Capilla de los Condestables.


El título de Condestable de Castilla fue creado por el rey Juan I de Castilla en 1.382 para sustituir el de Alférez Mayor del Reino. El Condestable era el máximo representante del rey en ausencia de éste y en él recaía el mando supremo del ejército.
Fue Enrique IV quien en 1.473 nombró condestable a Pedro Fernández de Velasco, concediendo al título, que ya tenía carácter vitalicio, carácter hereditario.

Se trata de una capilla consagrada a la Purificación de la Virgen edificada en 1.482 sobre la primitiva capilla gótica dedicada a San Pedro, convertida en vestíbulo del nuevo recinto. Fue encargada por los Condestables de Castilla, Pedro Fernández de Velasco y su esposa Mencía de Mendoza y Figueroa, para que sirviese de panteón familiar y modifica notablemente los perfiles de la catedral.

Atravesando la capilla gótica convertida en vestíbulo nos topamos con una reja realizada por Cristóbal Andino en 1.523 para cerrar el panteón familiar flanqueada por unas jamas en las que se representa una hermosa Anunciación gótica.


Cruzamos la verja y accedemos a una capilla de grandes dimensiones diseñada por Simón de Colonia cubierta por una gran bóveda estrellada de planta octogonal, calada en la zona central para permitir el paso de la luz cenital, con una serie de imágenes en sus claves atribuidas al taller de Gil de Siloé y que representan a los doce apóstoles y a los cuatro evangelistas.


En su interior los escudos del matrimonio Velasco-Mendoza presiden ostentósamente un conjunto en el que destacan los tres retablos y el monumento funerario.


El retablo mayor, policromado, es obra de Diego de Siloé y Felipe Vigarny. Fue realizado entre 1.523 y 1.526 y en su programa iconográfico el asunto principal muestra con esculturas de tamaño natural y aspecto muy teatral la Presentación en el Templo.


Ocupa todo el primer cuerpo, dispuesto bajo un dosel y concebido como si fuera un escenario, y se alza sobre un banco con tres relieves que representan la Anunciación, la Natividad y la Visitación.


El cuerpo superior está flanqueado por sendas alegoría de la Iglesia Judaica y la Iglesia Cristiana y consta de tres hornacinas con imágenes que representan la Oración en el Huerto, a Cristo atado a la Columna y la Subida al Calvario.


El conjunto está rematado por un ático con un Calvario con imágenes de Jesús y los ladrones crucificados procedentes de un retablo anterior atribuido a Gil de Siloé.


En el lado derecho de la cabecera de la capilla podemos admirar el retablo de Santa Ana, obra de Gil de Siloé con policromía de León Picardo. Consta de banco y tres cuerpos rematados por un gran dosel inspirado en las agujas de la catedral, y el programa iconográfico dispuesto se distribuye en tres calles a las que se suma una más, lateral, orientada hacia el centro de la capilla.



El conjunto está presidido por una imagen de Santa Ana que muestra a la madre de María con su hija en brazos sujetando al niño Jesús (Santa Ana triple).
Su figura está flanqueada por Santa Isabel y Santa Elena y el resto de hornacinas albergan un hermoso conjunto de imágenes femeninas entre las que se cuela en el hueco central de la calle inferior una talla que representa a Cristo Muerto sujetado por varios ángeles ejecutada por Diego de Siloé tras la muerte de su padre.

Al otro lado del retablo mayor se alza un retablo renacentista obra de Diego de Siloé y Felipe Vigarny dedicado a San Pedro con esculturas policromadas de éste, los Apósteles, San Andrés -protector de la familia Velasco-, y varios santos fundadores de las principales órdenes religiosas a las que la familia había protegido.


El sepulcro de los fundadores ocupa el centro de la capilla, frente al altar mayor. Es obra de Felipe Vigarny, fue realizado en mármol de Carrara en torno a 1.492 y muestra las figuras yacentes de los condes con gran profusión de detalles en sus lujosas vestiduras sobre una cama lisa de jaspe rojizo y forma troncopiramidal sin ningún tipo de ornamentación.


Don Pedro aparece con las manos cruzadas sobre el pecho sujetando la empuñadura de su espada mientras que las de su esposa, Doña Mencía, sostienen un rosario que le cae sobre la túnica. A sus pies se disponen sendas cartelas individuales que contienen sus respectivos epitafios.


"Aquí yace el muy ilustre señor don Pedro Fernández de Velasco, Condestable de Castilla, señor del estado y gran casa de Velasco, hijo de don Pedro Fernández de Velasco y doña Beatriz Manrique, condes de Haro. Murió de sesenta y siete años, año de mil cuatrocientos noventa y dos, siendo solo virrey de estos reinos por los Reyes Católicos."

"Aquí yace la mujer y señora doña Mencía de Mendoza, condesa de Haro, mujer del condestable don Pedro Fernández de Velasco, hija de don Iñigo López de Mendoza y de doña Catalina de Figueroa, marqueses de Santillana. Murió de setenta y nueve años, año de mil quinientos."

En el vestíbulo de la capilla se conservan los sepulcros góticos de los obispos Pedro Rodríguez de Quexada y Domingo de Arroyuelo, pertenecientes a la primitiva capilla de San Pedro.

Se completa el conjunto con una pequeña sacristía adyacente diseñada por Francisco Colonia en 1.517 y a la que se accede a través de un pequeño vano de dimensiones funcionales abierto a la derecha del altar mayor.

Completamos la visita al interior de la catedral y salimos al exterior para dirigirnos a la Plaza de Santa María y contemplar su fachada occidental, inspirada en la de las catedrales de París y de Reims.


En el cuerpo inferior se abre la Portada de Santa María, formada por tres arcos apuntados que cobijan la Puerta del Perdón (arco central) y las Puertas de la Asunción y de la Inmaculada (arcos laterales). El grave deterioro de la hermosa portada gótica motivó una serie de desafortunadas actuaciones llevadas a cabo en los siglos XVII y XVIII.

El segundo cuerpo de la calle central está presidido por un gran rosetón del siglo XIII mientras que en el tercero se abre una galería formada por dos grandes ventanales de arcos apuntados con tracería de tres óculos cuadrilobulados y una serie de maineles entre los que están colocadas las estatuas de los ocho primeros reyes de Castilla. Se corona la calle con una elegante barandilla sobre la que se alza una imagen de la Virgen con el Niño realizada por Juan de Colonia en el siglo XV.


Sobre las dos puertas laterales del primer cuerpo se alzan sendas torres casi idénticas del siglo XIII. Constan de tres cuerpos con vanos ojivales en cada cara y sobre ellas se levantan sendos chapiteles piramidales de base octogonal y finos calados diseñados por Juan de Colonia a mediados del siglo XV.

Continuamos nuestro paseo hasta llegar a la fachada principal del brazo norte del transepto, en la calle Fernán González, y a un nivel situado varios metros por encima del suelo del templo nos encontramos la Portada de la Coronería, realizada entre los años 1.250 y 1.257 aunque las zonas próximas a la puerta fueron reformadas en el siglo XVIII.
A ambos lados de las nuevas jambas se extienden sendas galerías ciegas que albergan un Apostolado completo formado por figuras de tamaño casi natural.


El tímpano se divide en dos partes. Representa el Juicio Final y es muy similar al tímpano de la Puerta del Juicio de la fachada occidental de la Catedral de León.
Justo por encima del dintel de la puerta un relieve muestra una larga escena presidida por el arcángel San Miguel que sostiene una balanza con la que pesa el alma de los fallecidos y al que rodean, a la izquierda, unos demonios que intentan desnivelar a su favor el peso de los pecados y los condenados conducidos al Infierno, y a la derecha, una puerta abierta que representa la entrada a un paraíso en el que ya están unos nobles, un rey, una reina, un monje y un religioso franciscano (los bienaventurados).
En la parte superior del tímpano aparece Cristo entronizado como juez universal, con los brazos en alto, mostrando la herida del costado y flanqueado por la Virgen María y San Juan que imploran piedad para las almas de los desdichados.
En el vértice del tímpano, sobre unas nubes, unos ángeles portan las insignias de la Pasión y las tres arquivoltas que envuelven el conjunto albergan serafines, ángeles y escenas de la resurrección de los muertos.


La Portada de la Coronería se prolonga hacia arriba con un ventanal de triple arco escalonado sobre el que se abre una galería de tres arcos ojivales con tracería de tres óculos cuadrilobulados y maineles con doce estatuas adosadas alusivas a la realeza castellana. 


En el muro oriental del brazo norte del transepto, bajo un ventanal similar a los del ábside, se abre la Puerta de la Pellejería.


Se construyó en el año 1.516 como alternativa a la Puerta de la Coronería, a la que daban un uso no religioso los habitantes de la parte alta de la ciudad antes de que ésta fuese clausurada. Es obra de Francisco de Colonia, que la diseñó a modo de retablo gótico formado por dos cuerpos de tres calles más ático.
En el primer cuerpo de la calle central se abre la puerta, de arco de medio punto con arquivolta decorada con estatuillas de los Apóstoles. En el segundo cuerpo sendos relieves representan los martirios de San Juan Bautista y San Juan Evangelista y en el ático, flanqueado por las estatuas de San Pedro y San Pablo, un frontón semicircular muestra un relieve de la Virgen entronizada con el Niño entre ángeles músicos y con el obispo Juan Rodríguez de Fonseca arrodillado a su derecha.


El diseño de la desproporcionada puerta se completa con las imágenes de varios santos distribuidas en las calles laterales, bajo los escudos del obispo mecenas de la obra.

Contemplamos el exterior de la Capilla de los Condestables y el cimborrio de la catedral y damos por concluida la visita a un monumento que sin duda volverá a sorprendernos cuando volvamos a visitarlo.
Antes de regresar a Santander subimos al cerro de de San Miguel y junto al de castillo de Burgos le decimos hasta pronto a la capital castellana.