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jueves, 24 de septiembre de 2015

LA RUTA DE LOS CAÑASTERIOS (I) - SANTO DOMINGO DE LA CALZADA: donde canto la gallina después de asada

Santo Domingo de la Calzada, 5 de agosto de 2.015


Hace poco cumplimos años y para celebrar nuestros aniversarios hubo quien nos propuso una simpática y atractiva escapada: ¡¡¡la Ruta de los Cañasterios!!!

Nuestro primer destino es Grávalos, un pequeño municipio situado en el extremo oriental de La Rioja perteneciente a la comarca de Arnedo. Allí el ayuntamiento y el gobierno autonómico han financiado conjuntamente la restauración y ampliación de un antiguo balneario inaugurado durante el siglo XIX con el fin de aprovechar las propiedades medicinales de un manantial natural de aguas sulfurosas descubierto en el siglo XVI: Hotel Bienestar Balneario de Grávalos.


De camino nos detenemos en Santo Domingo de la Calzada, cuyos orígenes se remontan al asentamiento que en el siglo XI tuvo lugar en torno a la iglesia y al hospital de peregrinos fundados por el eremita burgalés.
Comemos y nos dirigimos a la oficina de turismo, donde varios paneles explicativos nos muestran la historia de la localidad, una de las principales estaciones del Camino de Santiago.


Domingo García nació en Viloria de Rioja (Burgos) en torno al año 1.019. Decidido a entregar su vida a Dios y tras el fallecimiento de sus padres intentó ingresar en los monasterios benedictinos de Valvanera y San Millán de la Cogolla, pero no lo consiguió. Fue entonces cuando, en el año 1.040, convertido en eremita, se retiró a los bosque de encinas que ocupaban el lugar en el que hoy se levanta la ciudad de Santo Domingo de la Calzada. Observó las dificultades que los peregrinos encontraban al atravesar la zona rumbo a Compostela y desde entonces trabajó para facilitarles el recorrido con la construcción de un puente que permitiera salvar el curso del río Oja, una calzada de piedra que uniera Nájera con Redecilla del Camino, un hospital donde refugiarse, un pozo y una pequeña iglesia.
En el año 1.076 el rey Alfonso VI conquistó estas tierras y previendo que el desarrollo del Camino favorecería la repoblación de las mismas mostró su apoyo al eremita, promocionando sus obras y haciéndole responsable de todas aquellas que se llevasen a cabo en la ruta jacobea.
Domingo García murió en el año 1.109 y fue enterrado en el lugar que él mismo habia escogido: junto a los muros de la gran iglesia erigida en honor al Salvador y a Santa María, en mitad del camino. Sus seguidores consolidaron a partir de entonces el pequeño burgo que con el tiempo adoptaría su nombre y continuaron su obra creando una cofradía que aún hoy acoge a los peregrinos que llegan a la ciudad y preserva la memoria del santo.

Una breve proyección audiovisual rememora el conocidísimo milagro del gallo y la gallina de Santo Domingo de la Calzada:
cuentan que un matrimonio alemán y su joven hijo, Hugonell, se dirigían en peregrinación a Compostela cuando, al llegar a Santo Domingo, hicieron un alto en el camino y se hospedaron en un mesón. La hija del posadero se enamoró inmediatamente del joven pero, al no ser correspondida, decidió vengarse de él y ocultó una copa de plata en su equipaje. Al día siguiente, poco antes de que la familia abandonase la ciudad, ella denunció la desaparición y al encontrar la copa entre las pertenencias del muchacho éste fue acusado de robo y condenado a la horca.
Al día siguiente, sus padres, antes de continuar con su viaje, fueron a despedirse del cuerpo de su hijo, quien sorprendentemente seguía vivo. "Bienaventurado Santo Domingo de la Calzada. Él me ha conservado la vida contra el riguroso cordel... Dad cuenta de este prodigio", les dijo. Los padres acudieron a contar el increible suceso al corregidor de la ciudad pero éste, incrédulo, les espetó que el joven debía de estar tan vivo como el gallo y la gallina asados que se disponía a comer. Al instante las aves recuperaron sus plumas y la vida, dando fe del portentoso milagro...

Junto a la oficina de turismo, un entretenido centro de interpretación muy apropiado para los niños muestra algunos de los misterios y encantos del Camino de Santiago

Damos un breve paseo por el descafeinado casco antiguo de la ciudad y recorremos su Calle Mayor para dirigirnos a la iglesia erigida sobre la primitiva colegiata de estilo románico construida a principios del siglo XII bajo la advocación del Salvador y Santa María sobre un solar cedido por el rey Alfonso VI, convertida en concatedral en 1.232.


1.-Pórtico de Santo Domingo
2.-Cripta de Santo Domingo de la Calzada
3.-Capilla de Santiago
4.-Capilla de San Andrés
5.-Capilla de San Pedro
6.-Capilla de San Bartolomé
7.-Altar Mayor y deambulatorio
8.-Capilla del Retablo Mayor
9.-Crucero
12.-Capilla de Santa Teresa
14.-Acceso a las defensas
15.-Capilla de la Magdalena
16.-Trascoro
18.-Coro
19.-Claustro
20.-Pórtico Occidental (Puerta de Cristo)

El nuevo templo comenzó a construirse en 1.158 con planos del maestro Garçión, quien diseñó una iglesia con planta de cruz latina formada por tres naves con pequeñas capillas laterales y girola en la que se abrían tres capillas semicirculares.
De esa época data la cabecera, en la que destacan los hermosos canecillos del abside y en el interior, los capiteles y relieves de los pilares que envuelven el presbiterio.


A principios del siglo XIV se habían construido ya las tres naves cubiertas con bóvedas de crucería y el templo se cerraba en su extremo occidental con una portada carente de decoración esculpida formada por siete arquivoltas lisas sin capitel que se proyectan casi hasta el suelo.
Fue entonces cuando, atendiendo a las necesidades derivadas de las continuas luchas fronterizas entre los reinos de Castilla y Navarra, se acometió la fortificación del edificio y con tal fin se construyeron un portico a los pies del templo y un camino de ronda interior del que aún se conservan algunos vestigios en la nave lateral izquierda, sobre las puertas de acceso al claustro y las capillas laterales.

Durante el siglo XV, tras el hundimiento de uno de los pilares del crucero, se procedió a ampliar el transepto sur y desplazar el muro meridional ampliando las capillas de este lado, se aumento la altura de la capilla mayor y se suprimeron los dos absidiolos laterales de la cabecera para construir las capillas de San Andrés, San Bartolomé y Santiago.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se construyó la actual portada occidental, obra de Martín de Beratúa, formada por un gran arco de medio punto bajo el que se diponen tres óculos circulares y tres hornacinas que cobijan las imágenes de los tres patronos de la diócesis: San Emeterio, San Celedonio y Santo Domingo.


Se procedió entonces a construir una torre exenta de planta cuadrada y setenta metros de altura: la cuarta que se levantaba en la catedral.
La primera se construyó en la nave situada al norte, junto al crucero, a principios del siglo XIII, pero un rayo la destruyó en 1.450. Se sustituyó por otra que a mediados del siglo XVIII amenazaba ruina. Hubo de ser demolida y en 1.760 fue sustituida por una torre-portico que apoyaba una de sus caras en la fachada sur de la iglesia y el resto en una serie de arcos bajo los que discurría la calle. Problemas estructurales obligaron a desmontarla y acometer la construcción de una nueva torre en un lugar más seguro, a unos ocho metros de la catedral, al otro lado de la Calle Mayor.
La torre exenta es obra de Martín de Beratúa y consta de tres cuerpos, de planta cuadrada los dos primeros y octogonal el de las campanas, con cuatro torrecillas en los ángulos y cubierto por una cúpula rematada con una esbelta linterna.

Accedemos al interior del templo por unaentrada habilitada para los turistas junto a la portada occidental y nos topamos con un trascoro concebido a modo de retablo con pinturas renacentistas de Andrés de Melgar y Alonso Gallego compartimentadas mediante columnas abalaustradas. En la parte inferior tres grandes tablas representan el ciclo de la muerte y pasión de Cristo; en la parte superior la escena de la Oración en el Huerto aparece flanqueada los cuatro doctores de la iglesia occidental.


Rodeamos el coro por el lado de la epístola, donde nos encontramos un segundo retablo decorado en torno a 1.530 con pinturas de Andrés de Melgar y Alonso Gallego que muestran la vida y milagros del fundador de la ciudad.


Recorremos la estrecha nave de la derecha y pasamos junto a varias capillas entre las que destaca la de Santa Teresa, capilla funeraria fundada por la familia Suárez de Figueroa a principios del siglo XV que alberga varios sepulcros góticos, pinturas murales y un hermoso retablo del siglo XV con veinticuatro tablas pintadas y esculturas que muestran escenas de la vida de Jesucristo.



Llegamos al crucero y pasamo junto al curioso gallinero gótico del siglo XV de madera policromada que, conmemorando el famoso milagro del fundador de la ciudad, cobija permanentemente un gallo y una gallina de blanco plumaje. Los animales proceden de las donaciones de los devotos al santo y se cambian cada mes, permaneciendo el resto del tiempo en los gallineros de la Casa de la Cofradía del santo.
Sobre el gallinero, anclado a la pared, se conserva un trozo de madera perteneciente a la horca en la que se colgó al peregrino.

En el centro del brazo meridional del transepto se sitúan la cripta y el sepulcro de Santo Domingo de la Calzada. En él se funden piezas de tres sepulcros de épocas y estilos diferentes: la lauda sepulcral en la que se representa al santo yacente es de estilo románico, la mesa sobre la que se dispone ésta y en la que se narran sus milagros es de estilo gótico y el templete de alabastro que alberga el conjunto, diseñado por Felipe Vigarny y realizado por Juan de Rasines en 1.513 es de estilo tardogótico.


En 1.958 se habilitó bajo el brazo lateral sur del crucero una falsa cripta a la que se accede a través de unas escaleras destinada a albergar los restos de Santo Domingo. En su interior se conservan varias piezas esculpidas en piedra que podrían proceder de la desaparecida portada sur de la iglesia  entre las que destaca la situada frente al relicario y que representa al santo con un cautivo liberado a arrodillado a sus pies ofreciéndoles las cadenas que le mantenían preso.


Continuamos nuestra visita a la concatedral y nos acercamos a la cabecera de la iglesia donde, al retirar en 1.994 el retablo mayor para proceder a su restauración, se descubrieron cuatro pilastras románicas profusamente decoradas.



Las columnas centrales de las pilastras han sido rebajadas, labrándose sobre ellas una serie de detalles escultóricos que se conservan en un fantástico estado gracias a la prolongada protección del retablo, aunque su colocación supuso la eliminación de las zonas que estorbaban.
Dos de las pilastras están decoradas con palmetas y filigranas mientras que en las otras dos aparece representado el árbol de Jesé. En la parte inferior de una de ellas aparece el rey David sentado, con las piernas cruzadas y tocando la viola.


Por encima de él varias figuras humanas se asoman entre motivos vegetales mirando hacia la pilastra opuesta, presidida por una representación de la Santísima Trinidad denominada 'paternitas' en la que una paloma nimbada se situa sobre la cabeza de Dios Padre, quien a su vez sostiene a Cristo sobre sus rodillas.


Sobre la figura de Dios Padre, junto a la paloma, se dispone un coro de músicos ancianos y a su lado una imagen de San Juan 'Evangelista' en forma de águila que sostiene una cartela en la que se hace referencia al inicio de sus evangelios.


Por debajo aparecen la Virgen (a la que falta la cabeza) y otras figuras y en la base la imagen de San Juan mirando hacia arriba y señalando el lugar en el que se encuentra representada la Trinidad.


Recorremos el deambulatorio que envuelve la cabecera de la iglesia deleitándonos en las filigranas románicas de sus capiteles y llegamos al brazo norte del crucero, donde se alojó el altar mayor tras su restauración.


El retablo mayor es del siglo XVI y su autor es Damián Forment. Es de madera dorada y policromada y está dedicado al Salvador y al misterio de la Asunción de la Virgen. Se dispone sobre un zócalo de alabastro en el que aparecen representadas varias escenas de la vida de Santo Domingo y consta de banco y de un gran cuerpo monumental formado por tres pisos con tres calles principales y cuatro entrecalles secundarias.


En la zona inferior aparecen representadas tres escenas de la pasión de Cristo flanqueadas por las figuras de los cuatro evangelistas en las entrecalles: la Flagelación y Cristo camino del Calvario en las calles laterales y una hermosa Piedad en la calle central, en la que se muestra a Cristo tendido sobre una sábana blanca con la cabeza apoyada sobre el regazo de la Virgen María, a quien acompañan los Santos Varones y las tres Marías. 


El conjunto está presidido por la imagen de El Salvador: un Cristo sedente con la mano derecha alzada en actitud de bendecir.
Por encima de él está representada la Asunción de la Virgen a los cieles y se completa la calle central con un gran óculo eucarístico destinado a la exposición permanente del Santísimo, privilegio de la iglesia aragonesa, para la que Forment ya había trabajado, desde el siglo XIV.


En las calles laterales aparecen representadas escenas referidas a la Anunciación, la adoración de los pastores, la adoración de los Reyes, la presentación del Niño, la Resurrección y Pentecostés. En las entrecalles se distribuye un apostalado completo.
En el centro de la parte superior del retablo aparece la Santa Faz flanqueada por ángeles y en los extremos sendas tallas de Adán y Eva.

Completamos la visita a la iglesia recorriendo la nave septentrional, flanqueada por extrechas capillas entre las que destaca la de la Magdalena, mandada construir por D. Pedro Carranza, maestrescuela de la Catedral de Burgos, en 1.517 y en la que podemos admirar un extraordinario sepulcro atribuido a Felipe Vigarny junto a un retablo de León Picardo y una hermosa reja de los talleres de Andino.

A los pies de la iglesia, junto a la Capilla de la Magdalena, se encuentra el acceso a los elementos defensivos dispuestos a principios del siglo XIV, cuando el templo se convirtió en una pequeña fortaleza: un camino de ronda interior y un pórtico fortificado dispuesto frente a la fachada occidental sobre recios estribos con arcos apuntados, garantizaban la seguridad del edificio.


Regresamos a la iglesia y visitamos el claustro, originario del siglo XIV pero profundamente reformado en el siglo XVI. En la actualidad sus galerías y las estancias anejas, incluida la Sala Capitular, albergan el Museo Catedralicio donde se exponen obras pertenecientes a la catedral y al resto de la diócesis.

Salimos a la calle y nos acercamos al antiguo hospital de peregrinos fundado por el santo en el siglo XII, convertido hoy en Parador Nacional, para tomar un cafetín.
Nos acercamos de nuevo al exterior de la iglesia y nos deleitamos con los detalles románicos de su cabecera antes de regresar al coche y continuar con nuestro viaje.

Tomamos la Nacional 232, dirección Zaragoza, y nos desviamos hacia Arnedo, internándonos en la Sierra de Prejano. El paisaje cambia: se vuelve agreste y verde.


Pasamos junto a los cautivadoras ruinas de Turruncún, un pequeño pueblo fantasma colonizado por la madre naturaleza y llegamos a Grávalos al filo de las diez de la noche, con el tiempo justo para probar el discreto buffet del restaurante del hotel.
Nos registramos y al caer la noche salimos a dar un paseo por el pueblo, pero está desierto y no hay nada que ver. Nos vamos a dormir: mañana más...

martes, 2 de junio de 2015

GRANADA: ¡yo no estoy ciego! (III)

Granada, 20-25 de abril de 2.015

Tenemos hambre y ganas de descubrir las famosas tapas granadinas. Atravesamos la Plaza Bib-Rambla que, tras la conquista de la ciudad, duplicó su tamaño convirtiéndose en un ejemplo más de la metamorfosis que experimentó la capital tras la ocupación cristiana al transformarse en el equivalente a la plaza mayor del resto de ciudades castellanas.


Cruzamos la Calle de los Reyes Católicos. Estamos en la Plaza del Carmen, frente al ayuntamiento. Nos dirigimos a la Calle Navas, pero antes nos asomamos a contemplar el confortable patio, salpicado por ramillete de naranjos en flor, de la casa consistorial.


Ya no vamos a permitirnos más interrupciones...
Echamos a andar por la concurrida Calle Navas buscando uno de los locales con más solera de la ciudad. El bar Los Diamantes lleva repartiendo tapas desde 1.942...


"Estimados clientes: la tapa es un regalo de la casa,
por tanto ni se cambia, ni se elige..."

Los berberechos están buenos pero no nos dejan del todo satisfechos. Seguimos nuestro paseo: llegamos al otro extremo de la calle y continuamos por la Calle del Rosario. Al final del empedrado nos topamos con la taberna 'La Tana' y esta vez sí que nos quedamos agusto: aceitunas, tomatito, aceite de oliva y un buen salmorejo...



Con el estómago lleno regresamos a la Madraza. Justo enfrente, junto a la Capilla Real, está la Lonja que el Ayuntamiento de la ciudad mandó construir en 1.518 como espacio abierto destinado a la banca y al comercio.


Se trata de un edificio de estilo gótico formado por dos galerías superpuestas: la inferior está formada por una sucesión de arcos de medio punto con escudos de Granada en las enjutas mientras que en la superior, decorada con las divisas de los Reyes Católicos, los arcos son escarzanos. Unos y otros descansan sobre robustas columnas salomónicas adornadas con bolas.



Cruzamos la portada principal, de 1.521 y obra de García de Pradas.
Adintelada, con esbeltas columnas abalaustradas y un peculiar remate triangular, sus formas renacentistas dan paso a una sala cubierta por un meritorio artesonado de madera en la que podemos contemplar una copia del óleo encargado por el Senado a Francisco Pradilla en 1.882: "La rendición de Granada".


La obra representa el momento en que el Boabdil 'el Chico' hace entrega de las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos, el 2 de enero de 1.492. En la zona derecha se sitúan Isabel y Fernando presidiendo un amplio cortejo en el que se identifica al Conde de Tendilla, el Gran Capitán, la infanta Isabel y el príncipe Juan, mientras que en la izquierda se sitúa el rey granadino acompañado de un grupo de fieles cortesanos. Las almenas de la ciudadela de la Alhambra y las blancas casas del Albaicín sirven de fondo a una composición dispuesta en torno a una diagonal de derecha a izquierda que deja el espacio central libre para poder contemplar al ejército cristiano desplegado frente a las murallas de la ciudad.


Desde la Lonja accedemos a la Capilla Real en la que descansan los restos de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, cuyo matrimonio, interesado -como casí todos entre las personas de su rango en aquellos tiempos-, creció en una férrea unidad basada en el respeto, la admiración y un amor sincero y duradero.

"Considerando que entre las otras muchas y grandes mercedes, bienes y gracias que de Nuestro Señor, por su infinita bondad y no por nuestros merecimientos, habemos recibido, una muy señalada ha sido el habernos dado por mujer y compañera a la serenísima Señora Reina Doña Isabel, nuestra muy cara y muy amada mujer, que en gloria sea, el fallecimiento de la cual sabe Nuestro Señor cuánto lastimó nuestro corazón y el sentimiento entrañable que de ello hubimos, como es muy justo, que allende de ser tal persona y tan conjunta a nos, merecía tanto por sí en ser dotada de tantas y tan singulares excelencias, que ha sido su vida ejemplar en todos actos de virtud y del temor de Dios, y amaba y celaba tanto nuestra vida, salud y honra que nos obligaba a quererla y amarla sobre todas las cosas de este mundo."

(Testamento de Fernando II de Aragón)

La conquista de Granada supuso para ellos la culminación de un esfuerzo secular colectivo, un paso definitivo hacia la unificación política y religiosa de España y un impulso expansivo hacia Occidente que favoreció la creación de varias instituciones destinadas a convertirse en los instrumentos de gobierno que permitieron controlar los inmensos territorios de ultramar -la Real Chancillería, la Capitanía General...- y que marcaron el inicio de la modernidad.

El 13 de septiembre de 1.504 decidieron que sus restos fuesen acogidos en Granada y para ello crearon una institución con garantías jurídicas suficientes para asegurar su permanencia en el tiempo.



Carta de Privilegio de los Reyes Católicos para la erección de la Capilla Real de Granada
"Porque es cosa razonable a todo católico cristiano y cristiana, y mucho más a los reyes y príncipes -de quien los otros han de tomar ejemplo- que, además de hacer todo el bien que pudieren en sus vidas, provean cómo, después de su fin, se digan por sus almas misas, sacrificios y otras oraciones, especialmente en las capillas donde fueren sepultados, porque Nuestro Señor haya misericordia y piedad de sus almas y les perdone sus pecados.
Por ende, nos, considerando y deseando ésto, acordamos elegir y señalar iglesia y capilla donde, cuando la voluntad de Nuestro Señor Dios fuere de llevarnos de esta presente vida, sean nuestros cuerpos sepultados; en la cual se digan misas, sacrificios, aniversarios y otros oficios divinos y oraciones.
Primeramente mandamos que en la Iglesia Catedral de Nuestra Señora Santa María de la O de la ciudad de Granada se haga una honrada capilla en la cual sean, cuando la voluntad de Nuestro Señor fuere, nuestros cuerpos sepultados.
Y ha de estar en dicha capilla el Sacramento de la Iglesia Mayor ,delante del cual han de arder perpetuamente, para siempre jamás, día y noche, un cirio de cera y dos lámparas de aceite"
(Medina del Campo, 13 de septiembre de 1.504)

Íntimamente ligada a la Catedral, aunque sin fundirse con su arquitectura, la Capilla Real nació en vida de Isabel, se construyó en vida de Fernando y floreció durante el reinado de Carlos I, quien engrandeció una institución a la que Felipe II cortó las alas al trasladar buena parte de los restos reales al Monasterio del Escorial y su biblioteca al Archivo de Simancas.
Dedicada a San Juan Bautista y San Juan Evangelista, es obra de Enrique Egas y fue construida en estilo gótico entre 1.505 y 1.517. Sus muros descansan sobre recios contrafuertes coronados con floridos pináculos y están rematados con antepechos calados y elegantísima crestería. Gárgolas y elegantes ventanales completan la decoración de unos sobrios lienzos de piedra en los que proliferan los escudos y las iniciales de sus promotores.



Comprimida entre la Catedral, el Sagrario y la Lonja, en su única fachada exterior se abre una portada de estilo plateresco con arco semicircular encuadrado entre pilastras decoradas con sendas figuras de maceros y sobre las que se dispone un entablamento coronado por hornacinas que cobijan las estatuas de la Virgen con el Niño y de los Santos Juanes.

Una vez en el interior, resalta la sobriedad de un edificio formado por una sala nave con bóveda nervada, dos capillas laterales a cada lado y coro elevado a sus pies sobre arco carpanel, crucero de escaso desarrollo y presbiterio ochavado precedido de gradas.


Una monumental verja de hierro forjado del siglo XVI obra del maestro Bartolomé restringe el acceso al transepto. Concebida como un gran retablo estructurado en torno a cinco calles y tres pisos destaca el gran escudo de los Reyes Católicos de la zona central y el programa iconográfico del ático en el que se exalta la pasión de Cristo y de los santos Juanes representando escenas correspondientes al Bautismo de Jesús, la decapitación de San Juan Bautista, la oración en el huerto, el prendimiento, la coronación de espinas, la flagelación, el descendimiento, el entierrro, la resurrección y el martirio de San Juan Evangelista. Sobresale por encima la imagen de Cristo en la Cruz acompañado por la Virgen y San Juan.


Cruzamos la verja y nos topamos en el centro del crucero con los monumentos funerarios de los Reyes Católicos, situados junto a los de su hija Juana y su yerno Felipe.


En 1.504, al morir Isabel, sus restos fueron trasladados provisionalmente desde Medina del Campo hasta el Convento de San Francisco, en la Alhambra. Cuando murió el rey Fernando la Capilla Real aún no estaba concluida y sus restos fueron depositados junto a los de su esposa.

"Porque el ayuntamiento que tuvimos viviendo y que nuestras ánimas espero en la misericordia de Dios tendrán en el cielo, lo tengan y representen nuestros cuerpos en el suelo"
(Testamento de Fernando II de Aragón)

Fue su hijo, el emperador Carlos I, el encargado de disponer el 10 de noviembre de 1.521 el solemne traslado de sus restos a la austera cripta situada bajo el crucero de la Capilla. 
Presidida por un pequeño crucifijo de madera de estilo gótico, en ella reposan varios féretros reales, de plomo e identificados por la inicial sobre cubierta de los nombres de los cuerpos que custodian. Los de  Isabel y Fernando, depositados sobre una sencilla plataforma de cantería, ocupan el centro de la cripta. A los lados, sobre el banco corrido que circunda el interior, están depositados los de Doña Juana y su esposo Felipe, y también el del pequeño Miguel de la Paz, hijo del rey Manuel I de Portugal y de su esposa Isabel, y por lo tanto nieto de los Reyes Católicos, Príncipe de Asturias y heredero del trono portugués, cuyo destino hubiese sido unificar las coronas peninsulares si no hubiese fallecido antes de cumplir los dos años de edad.


Junto a ellos estuvieron depositados también los restos de la esposa del emperador Carlos I (Doña Isabel de Portugal) y de sus hijos (la princesa Doña María y los infantes Don Fernando y Don Juan) antes de que en 1.754 el rey Felipe II dispusiese su traslado al Monasterio de El Escorial.

Abandonamos la cripta. Regresamos al crucero y nos detenemos a contemplar los monumentos funerarios.
El mausoleo de Isabel y Fernando, de tipo exento, es obra del escultor florentino Domenico Fancelli.


Sobre lecho troncopiramidal, la figura yacente del rey, con las manos apoyadas sobre su espada, luce armadura completa cubierta parcialmente por un manto. La reina, a su lado, ataviada con sencillez, recoge sus manos superpuestas sobre el cuerpo. Dos pequeños leones echados a sus pies simbolizan la realeza y la vigilancia. En el centro de cada uno de los lados de la cama sepulcral, flanqueados por una sucesión de hornacinas con imágenes sedentes de los doce apósteles, se disponen cuatro tondos en los que se rerpresenta el Bautismo de Cristo, la Resurrección, la lucha de San Jorge con el dragón y la imagen de Santiago. Sobre la cornisa que separa los dos cuerpos que forman el lecho se disponen en las cuatro esquinas estatuas sedentes de los doctores de la iglesia latina, en la cabecera rollizos angelotes desnudos que sostenien las armas de los reyes y a los pies una cartela con el siguiente epitafio:
"Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, marido y esposa unánimes, llamados los Católicos, están enterrados en este túmulo de mármol"

Junto al mausoleo de los Reyes Católicos se dispone el de su hija Doña Juana y el del archiduque Felipe, en cuyo diseño intervinieron Domenico Fancelli, Bartolomé Ordóñez y Pietro de Carona.


Las estatuas yacentes están colocadas en este caso sobre un sarcófago dispuesto sobre la cama sepulcral, de modo que quedan por encima de las figuras de los Reyes Católicos, con un león y una leona descansando a sus pies.
Doña Juana, elegantemente ataviada a la moda borgoñona sostiene con ambas manos un cetro y ostenta un rico collar sobre su pecho mientras que su esposo, empuñando la espada con ambas manos, luce armadura, dalmática bordada con los blasones de Austria, Borgoña, Flandes y los reinos hispánicos, y un manto con ancho cuello de armiño sobre el que destaca el collar del Toisón de Oro.
En las esquinas del túmulo se disponen estatuas de sus santos patrones,  mientras que en los relieves de los tondos situados en los laterales se recogen hechos evangélicos -la Natividad, la Epifanía, la Oración en el huerto y el Descendimiento- con alegorías de las artes liberales y de las virtudes teologales ocupando las hornacinas que los flanquean. Sobre la cama sepulcral, en las cuatro esquinas, figuras de sátiros ayudados por angelotes sostienen divisas e insignias reales. El epitafio situado a sus pies reza así:
"Privados de vida, suprevivientes de la fama, cubre este sepulcro a Felipe, rey de las Españas, el primero tanto en el nombre como en la dinastía austriaca, a quien la muerte armada con su guadaña, al haberlo encontrado maduro en virtudes, segó joven por creerlo un anciano, y a Juana, su esposa, a la que todas las reales estirpes de Castilla, León y Aragón dieron esplendor. De la unión de ambos brilló para el mundo el Serenísimo Emperador Carlos V, el cual erigió a sus padres este monumento"

En el presbiterio, frente a los monumentos funerarios, se alza un gran retablo de estilo plateresco obra de Felipe Vigarny formado por sotobanco, banco, dos pisos y atico.


En la parte inferior, a ambos lados del altar, están representados acontecimientos históricos vinculados a Granada: la llegada de los ejércitos cristianos comandados por los Reyes Católicos y el Cardenal Mendoza, la entrega de las llaves de la ciudad por parte de Boabdil a los Reyes Católicos y el bautismo masivo de moriscos y moriscas.



En el centro del banco aparece representada la Virgen con el Niño adorado por los Reyes Magos y escenas relacionadas con los santos Juanes a ambos lados (San Juan Bautista bautizando al Mesías y San Juan Evangelista -junto al águila que lo identifica- exilidado en la isla de Patmos).



En la calle central del primer cuerpo aparecen representados San Juan Bautista y San Juan Evangelista -santos patronos de los Reyes Católicos y titulares de la advocación de la capilla- y a ambos lados el martirio de cada uno de ellos: la degollación del Bautista a la izquierda y la cocción en aceite hirviendo del Evangelista a la derecha.


En el centro del cuerpo superior la imagen de Cristo crucificado, flanqueado por la Virgen María y San Juan Evangelista, sobresale por encima del remate superior para colarse en el ático mientras en las calles laterales aparecen representados Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario y la Piedad.


Coronando el retablo, aparece representada la Santísima Trinidad: en el lugar más elevado el busto de Dios Padre, situado por encima de la imagen del Hijo de Dios clavado en la cruz, y entre ambos el Espíritu Santo en forma de paloma.
Las calles laterales externas se completan con figuras independientes, cada una en una celda, de San Pedro, San Pablo, los Evangelistas (San Juan, San Lucas, San Mateo y San Marcos) y los cuatro Padres de la Iglesia Occidental (San Gregorio, San Jerónimo, San Ambrosio y San Agustín) y se coronan con sendas imagenes de la Virgen María y el Arcángel San Gabriel representando el episodio de la Anunciación.


A ambos lados del altar, por delante del retablo, sendas figuras orantes de los Reyes Católicos atribuidas a Diego de Siloé completan el conjunto.


En las capillas hornacinas situadas en el crucero, a ambos lados del presbiterio, por delante del altar mayor, destacan sendos retablos-relicarios de estilo barroco obra del granadino Alonso de Mena y en los que se conserva la importante colección de reliquias donadas por los fundadores. En la parte inferior, en los bancos, sobre puertas practicables, destacan los retratos emparejados de los monarcas Fernando e Isabel, Felipe y Juana, Carlos e Isabel y Felipe IV e Isabel de Borbón. Por encima, sobre las grandes puertas del armario, se conforman cuatro espacios rectangulares con imágenes de santos distribuidos en torno a dos grandes escudos de España.


Doña Isabel había muerto un año antes de comenzar las obras de esta capilla; Don Fernando lo hizo un año antes de que éstas concluyesen. Durante ese periodo de tiempo la institución recibió el legado de sus fundadores: pinturas, reliquias, libros, tapices, ornamentos..., y hoy éste se expone en su Sacristía.
En ella podemos contemplar una importante colección de pintura flamenca, italiana y española, un misal de la reina de 1.496 que no fue trasladado a Simancas junto al resto de su biblioteca, varios pendones y enseñas militares y una importante colección de joyas y alhajas de uso personal de los reyes entre las que destacan la corona y el cetro de la reina o la espada del rey.


Regresamos al exterior. Dejamos a atrás la Capilla Real y nos dirigimos a la Plaza de las Pasiegas para visitar la Catedral...